Rionda, Luis M. (1993) "El hombre y lo humano: el problema de la intersección del individuo y la colectividad en las ciencias sociales y la antropología contemporánea". Publicado en Iztapalapa, revista de ciencias sociales d

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Rionda, Luis M. (1993) "El hombre y lo humano: el problema de la intersección del individuo y la colectividad en las ciencias sociales y la antropología contemporánea". Publicado en Iztapalapa, revista de ciencias sociales de la UAM-I, Nº
  - Página 1 - El Hombre y lo Humano: el problema de la interseccion del individuo y la colectividad en las Ciencias Sociales y la Antropologia contemporánea Luis Miguel Rionda Texto presentado srcinalmente ante el Seminario “Colectivismo e Individualismo” del Doctorado en Ciencias Sociales del CIESAS y la Universidad de Guadalajara, Diciembre de 1992. Publicado en Iztapalapa , revista de ciencias sociales de la UAM-I, Nº 30 julio-diciembre, pp. 11-26. INDICE DEL CONTENIDO E NTRADA .........................................................................................................................................1   O RÍGENES Y DESARROLLO DE LA DISCUSIÓN ........................................................................................2   L A A NTROPOLOGÍA ANTE EL I NDIVIDUO Y LA C OLECTIVIDAD ...................................................................7   D E LA A NTROPOLOGÍA SIMBÓLICA AL P OSMODERNISMO .......................................................................10   S IMBOLISMO Y C OLECTIVIDAD ...........................................................................................................12   P OSMODERNISMO E I NDIVIDUO ..........................................................................................................15   A MANERA DE CONCLUSIÓN ..............................................................................................................19   B IBLIOGRAFÍA REFERENCIADA ...........................................................................................................21   Entrada El tema propuesto en el título de este artículo representa un auténtico desafío pa-ra quien intenta abordarle en unas pocas páginas, a riesgo de la excesiva simpli-ficación de la discusión o de la parcialidad de la revisión y el análisis. Ante este indudable riesgo, debo aclarar de entrada que el objetivo de este texto no ha sido, sin duda, explorar a fondo ni mucho menos agotar una discusión que ha acumula-do dos mil trescientos años de antigüedad en el mundo occidental. Ni siquiera pretendo haber explotado suficientemente las aportaciones que al respecto pudo haber generado el pensamiento social y la antropología contemporáneos.  L UIS M IGUEL R IONDA   - Página 2 - Sencillamente, el objetivo ha sido exponer los resultados de mi experiencia de acercamiento personal a esta inagotable veta teórica, que ha enriquecido e impul-sado la reflexión de los tiempos históricos hacia la sustancia esencial de lo huma-no -¿ser social? ¿entidad individual?- y aquello que le ha permitido o le permitirá conservarse como la gran alternativa de la vida en el planeta; una forma de vida consciente que ha desbordado los límites que le impuso la estrecha matriz que le dio srcen. Orígenes y desarrollo de la discusión La criatura humana, el Hombre -con mayúscula, sin distinción de géneros-, vive permanentemente sumergido en la difícil confluencia de las dos dimensiones de su Ser: la individual, por una parte -en la que muchos ven la esencia auténtica y distintiva de lo humano-, y por la otra la dimensión colectiva -en la que se ha que-rido encontrar los rasgos más evidentes del fundamento animal de nuestra estir-pe-. Esta difícil dualidad, que le ha permitido sobrevivir en un entorno donde la unidad de los individuos de una especie puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, también le ha permitido desarrollar, como ningún otro ser viviente, un alto grado de diferenciación entre los sujetos particulares en cuanto a su aspecto físico -o fenotipo-, pero sobre todo en el universo interior que ha sido enmarcado dentro de conceptos tan variados como "alma" (Aristóteles, San Agustín), "razón" (Kant, Leibniz), "idea" (Hegel), "psique" (Freud) o "cultura" (Tylor). Gracias a este peculiar desdoblamiento, el animal humano ha conseguido destra-bar el proceso general de la evolución natural apoyado en la difícil -pero funcio-nal- convivencia del interés colectivo con el creciente margen que la civilización contemporánea le ha ido confiriendo a la persona individual. Este modelo ha aprovechado al máximo las ventajas de la organización comunitaria y, al mismo tiempo, liberado las potencialidades inéditas del conocimiento y la creatividad in-dividuales, con lo que se posibilita la construcción de la Cultura como lazo de unión o vaso comunicante entre ambas dimensiones.  E L H OMBRE Y LO H UMANO : EL PROBLEMA DE LA INTERSECCIÓN DEL INDIVIDUO Y LA COLECTIVIDAD   - Página 3 - Hace medio siglo, el biólogo Julian Huxley, uno de los más relevantes estudiosos de la evolución, explicó cómo el proceso general -o de largo plazo- de la evolu-ción natural había logrado al fin destrabar el callejón sin salida de la especializa-ción y el encajonamiento de las especies a un habitat   específico -producto del mecanismo obsoleto de la selección natural-, por medio de la revolución del pen-samiento conceptual que se gestó en uno de los animales menos especializados: el Hombre. 1  La trascendencia de esta revolución para la permanencia de la vida en el planeta debe ser evaluada, desde mi punto de vista, en sus dos facetas sus-tanciales: la conformación de un modelo de convivencia social absolutamente más sofisticado y diversificado que los presentes en las sociedades animales que le precedieron, y la redefinición del papel del individuo en el proceso de creación, transmisión y cambio de la cultura, novedoso medio sustitutor -y superador- de la selección natural como motor de la evolución. En las ciencias humanas contemporáreas se ha trazado, de forma por demás arbi-traria, una vaga línea de demarcación teórica entre lo individual y lo colectivo. Es-ta necesidad de diferenciar ambas esferas -o dimensiones- se ha explicado como necesaria no sólo en términos metodológicos y discursivos, sino también como muy útil para definir los polos del pensamiento social y filosófico. Los grandes sis-temas de pensamiento siempre han manifestado mayor o menor proclividad por ensalsar al individuo, o bien por disminuir el peso específico de éste en el entorno de las relaciones humanas en beneficio de la dimensión comunitaria. Ningún es-quema interpretativo social ha sido indiferente al eje individuo-sociedad.  A lo largo de la historia del pensamiento político, cuya reflexión ha incidido de manera directa sobre la cuestión de la convivencia individuo-colectividad, pode-mos identificar en la creciente discusión sobre la libertad   una permanente preocupación ética y pragmática sobre la validez de un valor individualista como 1  Huxley llamó “progreso evolutivo” a esas revoluciones naturales que inauguraron vías inéditas para la expansión de los seres vivientes, estableciendo una nueva dirección en la “radiación adaptativa”. Cfr. Huxley, 1965: cap. X La especializa-ción en las especies animales, dada la escala macrotemporal de la evolución natural, anula las respuestas a nivel del indi-viduo y magnifica las de la especie. Sin embargo, la evolución por medios puramente biológicos es sumamente frágil ante cambios climáticos bruscos -miles de años- dada los lapsos de respuesta adaptativa -millones de años-. El surgimiento de  L UIS M IGUEL R IONDA   - Página 4 - pación ética y pragmática sobre la validez de un valor individualista como éste sobre las necesidades o demarcaciones definidas por la sociedad global. Si generalizamos mucho, podríamos afirmar que el pensamiento político occiden-tal-europeo, desde los griegos, ha tendido a otorgarle mayor peso a los valores individualistas por sobre los comunitarios. Tan es así que la reflexión en occidente siempre se da  etiquetada  bajo el nombre del individuo que la verbaliza, aún cuan-do éste sea tan sólo un vehículo de opiniones compartidas en su grupo. Es así que hablamos del "pensamiento" de Platón, Aristóteles, Cicerón, Séneca, San  Agustín, Tomás de Aquino, Maquiavelo, Hobbes, Locke, Spinoza, Rousseau, Kant, Hegel, Marx, Pareto, Kelsen... dando la impresión -equivocada en parte- de que estamos frente a la expresión de individualidades geniales sin nexo con su espacio sociotemporal. Los valores democráticos de Platón, por ejemplo, son una manifestación de los intereses de una comunidad -los atenienses propietarios-, que aunque limitada se concebía a sí misma como un embrión de la sociedad utópica perfecta. Luego, la obra de Aristóteles representaría el surgimiento de intereses más pragmáticos dentro de una sociedad completamente diferente: la de la Grecia alejandrina en expansión, uno de los primeros estados supranacionales del continente euroasiá-tico. En la Atenas de Platón la vida pública y la privada se confundían; en la Gre-cia aristotélica se demarcan claramente y se concibe a la actividad pública como una extensión del interés privado. Pero el individualismo europeo sólo alcanzará un cabal estatus ideológico oficial hasta el imperio romano. 2  El pragmatismo ro-mano, evidente en el sofisticado cuerpo jurídico con el que protegieron la propie-dad privada individual, expandió por todo el occidente el culto a los intereses in-  la cultura como opción a los medios biológicos ha garantizado una enorme agilidad temporal y una gran versatilidad en sus actores, que ahora no son más las especies sino los grupos sociales e incluso los individuos. 2  “La zona del pensamiento político ocupada por los `posaristotélicos' Äescépticos, epicúreos, estoicosÄ está dominada por las semillas del individualismo, que germinarán en Roma después de la edad heroica de la civitas, al declinar de la repúbli-ca.” Cerroni, 1992a: 38  E L H OMBRE Y LO H UMANO : EL PROBLEMA DE LA INTERSECCIÓN DEL INDIVIDUO Y LA COLECTIVIDAD   - Página 5 - mediatos de la persona. 3  Sin embargo, el esclavismo masivo de la sociedad clási-ca impidió que se desataran las fuerzas económicas necesarias para el nacimien-to de un liberalismo auténtico. El cristianismo vino a reforzar temporalmente los lazos comunitarios en torno a un ideal común de salvación ultraterrena. 4  Sin embargo el agustinismo (s. V), primera filosofía sistemática cristiana, es considerado como "una de las fuentes remotas de la acentuación del “individuo” y la “individualidad” que algunas autoridades consideran el rasgo característico de occidente" (Kendall, 1977: 182). 5  El cristia-nismo también vino a aportar un elemento novedoso a la concepción general del Hombre: su igualdad esencial   ante los ojos de dios, aunque todavía es una igual-dad teológica, no material o terrenal. 6  Esto vino a influir de forma definitiva al pen-samiento occidental, que comenzó tibiamente a cuestionar la moralidad de institu-ciones como la esclavitud, 7  la usura (Tomás de Aquino) y la propiedad privada (Francisco de Asís). Pero también significó la difusión definitiva de las ideas aris-totélicas sobre la libertad, el Estado y la propiedad en boca del principal teólogo de la Edad Media tardía: Tomás de Aquino (s. XII). 8  Habría que esperar hasta el siglo XVI para presenciar un resurgimiento de para-digmas individualistas en la filosofía del hombre, reflejo del derrumbe del sistema 3  “El individuo se sustrae del grupo recogiéndose en el recinto de la propiedad privada y en la ética de la conciencia, mien-tras que la relación exterior con los demás se objetiviza en una abstracción que hace posible la reconducción de las indivi-dualidades bajo los tipos formales y generales de la conducta política.” Cerroni, 1992a: 41 4  “La colectividad medieval ha nacido de una voluntad claramente codificada, e introduce en el individuo físico una verdadera conciencia comunitaria. [...] el individuo viene en segundo lugar y sólo adquiere su identidad personal por su pertenencia al grupo social. Esto se manifiesta sobre todo en la teoría de la personalidad moral de la universitas , equivale a subrayar la existencia de un vínculo social sin el cual los hombres no tendrían una vida justa, proyectada hacia el bien y la paz civil.” G. Mairet, “La personalidad moral: individuo y colectividad “ en Châtelet, 1981, II: 160. 5  Por otra parte, “[...] Haciéndose eco de Aristóteles, San Agustín define el Estado como un gobierno de hombres libres sobre hombres libres” Ibid.   6  ije los derechos iguales para todos y, en realidad, no existe un derecho auténticamente privado.” Cerroni, 1992a: 48 7  Los autores cristianos, según R.W. y A.J. Carlyle “no estaban preparados para condenar como ilegítima la institución posi-tiva de la esclavitud más allá de cuanto estuvieran dispuestos a hacerlo los juristas y los filósofos”, citados por Cerroni, 1992a: 45. Sin embargo, San Agustín, en La ciudad de Dios , afirma que “El hombre racional, que crió Dios a su imagen y semejanza, no quiso que fuese señor sino de los irracionales; no quiso que fuese señor del hombre, sino de las bestias so-lamente”, citado por Martínez, 1976: 133 8  “[Tomás de Aquino] Aceptó que la propiedad privada es necesaria para una conducta ordenada de la sociedad humana [aunque, como Aristóteles] estima mucho menos el comercio que la propiedad privada” y sobre la vida política “es induda-ble que Tomás de Aquino atribuía menos importancia a la individualidad que al bien de la comunidad.” Southern, 1977.
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