Planta general y situación de la necrópolis de El Cabo, Andorra. (Autor S. Melguizo)

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8 E Ss Tt u 9 11 d i o S Planta general y situación de la necrópolis de El Cabo, Andorra. (Autor S. Melguizo) LA NECRÓPOLIS DE LA PRIMERA EDAD DEL HIERRO DE EL CABO DE ANDORRA
8 E Ss Tt u 9 11 d i o S Planta general y situación de la necrópolis de El Cabo, Andorra. (Autor S. Melguizo) LA NECRÓPOLIS DE LA PRIMERA EDAD DEL HIERRO DE EL CABO DE ANDORRA (TERUEL): UNA NECRÓPOLIS DE GÉNERO? JOSÉ ANTONIO BENAVENTE (Consorcio Patrimonio Ibérico de Aragón), RAIMON GRAELLS (Museo Central Romano-Germánico de Mainz, Alemania), SALVADOR MELGUIZO (Universidad de Zaragoza), JOSÉ IGNACIO LORENZO (Gobierno de Aragón), ALEJANDRA BALBOA (Universidad de Burdeos) Y FERNANDO GALVE (Centro de Estudios Locales de Andorra) Introducción El presente artículo constituye un resumen de la monografía La necrópolis de El Cabo de Andorra (Teruel). Relación entre género y cultura material durante la Primera Edad del Hierro publicada este mismo año en la revista Al-Qannis, n. o 12, del Taller de Arqueología de Alcañiz por los mismos autores que suscriben este trabajo. Algunos de los apartados que se muestran a continuación son textos literales de dicha monografía (en concreto los referentes al estudio antropológico y las conclusiones finales), mientras que el resto son resúmenes de la obra citada en los que se han eliminado las referencias bibliográficas para facilitar su lectura y seleccionado solo una parte del abundante aparato gráfico. Se completa el trabajo con una bibliografía también seleccionada. Tras dos campañas de excavación y varios años de investigación los resultados del estudio de la necrópolis de El Cabo de Andorra han aportado interesantes novedades sobre el mundo funerario de la Primera Edad del Hierro en el territorio bajoaragonés. Una de las primeras conclusiones es que el pequeño cementerio excavado en El Cabo, de tan solo seis tumbas y fechado hacia el 600 a. C., no se corresponde con el poblado ibérico del mismo nombre, cuyo desarrollo tuvo lugar siglo y medio después (en torno al 450 a. C.). Pero la realmente interesante e inusual conclusión es que, según los estudios antropológicos y de ajuares metálicos, solo se enterraron en esta pequeña necrópolis individuos jóvenes de entre 20 y 30 años, de ellos con seguridad tres eran mujeres y los otros tres es probable que lo fueran. La clara relación entre cultura material (a través de los ajuares y adornos depositados en las urnas) y género abre nuevas vías de investigación y plantea numerosos interrogantes, con implicaciones funerarias, cul turales y sociales de difícil interpretación para los que no tenemos, por el momento, respuestas definitivas. Las investigaciones en El Cabo de Andorra La necrópolis de El Cabo de Andorra (Teruel) fue detectada por primera vez en el mes de abril de 1999 como consecuencia de las prospecciones de superficie realizadas en el entorno del poblado del mismo nombre, ubicado en las inmediaciones de la localidad minera de Andorra (Teruel), que en aquellas fechas se encontraba en plena fase de excavación al estar afectado por los movimientos de tierra de una explotación minera de carbón a cielo abierto denominada Corta Barrabasa. El poblado ibérico de El Cabo, junto al que se sitúa la necrópolis objeto del presente artículo, fue dado a conocer por primera vez en 1956 en una breve nota en la que se mencionaba la presencia de un asentamiento de época ibérica en las proximidades de Andorra. En la Carta Arqueológica de Teruel, publicada en 1980, se incluía así mismo una breve mención al yacimiento. En los años 1995 y 1996, se realizaron las primeras campañas de excavación en la zona superior del yacimiento, cuyos resultados confirmaron la presencia de un poblado del ibérico pleno sobre el que se publicaron distintos informes. A ellos cabe añadir un estudio paleocarpológico sobre muestras tomadas en dichas excavaciones. Estas primeras excavaciones y catas exploratorias aportaron una serie de datos y materiales que confirmaron el interés del yacimiento, así como su gran extensión evidenciada por la presencia de estructuras y muros claramente visibles en superficie en una amplia extensión de terreno. Finalmente, en los años , y como consecuencia de las afecciones producidas por la citada explotación minera, el poblado de El Cabo fue excavado en toda su extensión para ser a continuación totalmente destruido. Poco antes de su destrucción se logró retirar un conjunto de elementos arquitectónicos significativos para ser trasladados y utilizados en las obras de recreación de ese mismo poblado en otro lugar próximo. Esta intervención formaba parte del proyecto de creación de un parque arqueológico, to- El poblado de El Cabo en la fase final de excavaciones con las dos agrupaciones de estructuras. (Foto J. A. Benavente) davía no finalizado, que comenzó a construirse en el monte de San Macario, en las inmediaciones de la localidad de Andorra, poco después de la destrucción del poblado ibérico de El Cabo. El descubrimiento y la excavación de la necrópolis Justo frente al poblado ibérico de El Cabo, al otro lado de la val de Ariño y a una distancia de apenas 400 m del mismo, se emplaza la pequeña necrópolis objeto de este artículo. En el momento de su descubrimiento el entorno próximo del asentamiento ibérico ya había sufrido importantes cambios como consecuencia de la explotación minera Corta Barrabasa, que había modificado tanto la morfología del terreno circundante como su cobertura vegetal, aunque la necrópolis parecía no haber sido afectada. Pese a la densa vegetación del lugar y la difícil observación de las estructuras funerarias, formadas por simples agrupaciones de mampuestos de caliza apenas visibles, la necrópolis fue detectada en 1999 gracias al hallazgo de varios pequeños fragmentos de cerámicas hechas a mano (pertenecientes a una urna funeraria) que se encontraron en superficie junto a una pequeña agüera producida por las escorrentías pluviales que habían lavado y destruido parcialmente uno de los túmulos. Sin embargo, la constatación y confirmación real de ese sitio como necrópolis no tuvo lugar hasta seis años más tarde, en 2005, cuando el Gobierno de Aragón autorizó la realización de excavaciones en dicho lugar y concedió una ayuda para su ejecución. En la primera campaña de excavaciones, una vez realizados los primeros trabajos de desbroce y limpieza de la espesa vegetación que cubría la pequeña plataforma situada a mitad de ladera del cerro ubicado frente al poblado de El Cabo, se observaron varias agrupaciones de mampuestos o posibles empedrados dispersos a lo largo de la misma. La excavación del lugar donde aparecieron los fragmentos cerámicos en 1999 confirmó la presencia de un túmulo funerario parcialmente destruido por la erosión (túmulo 1). Debido precisamente Vista aérea de la necrópolis con ubicación del poblado ibérico de El Cabo destruido en 2000 y de la val de Ariño. (Foto C. Piazuelo) a la difícil detección de estas estructuras no se puede descartar la posibilidad de que existan, o hayan existido, otros túmulos en las inmediaciones de la reducida área hasta el momento investigada y excavada, que apenas alcanza los 50 m 2. La excavación de la necrópolis de El Cabo se realizó en dos campañas consecutivas en los años 2005 y 2006, que fueron dirigidas por los arqueólogos José Antonio Benavente Serrano y Fernando Galve Juan. En la primera campaña se excavaron cuatro túmulos (T. 1 a T. 4) y en la segunda dos (T. 5 y T. 6) que se encontraban muy afectados por la erosión. Así mismo en la segunda campaña se realizaron trabajos de conservación, consolidación y protección de las estructuras exhumadas y del yacimiento. El presupuesto de cada una de las campañas fue de euros, financiados en su totalidad por el Gobierno de Aragón. En las excavaciones participaron las siguientes personas: Israel Nájera, Salvador Melguizo y María del Carmen Gregorio (arqueólogos), Alberto Martínez (estudiante de Arqueología), Angus Thomson, Javier Benavente y Pablo Ponz (auxiliares de excavación) y los restauradores Miriam Tomás y José Luis Ponz. La relación de trabajos realizados fue la siguiente: Levantamiento topográfico y estaquillado de la zona objeto de intervención, formando cuadrados de cinco metros de lado. Documentación gráfica previa y limpieza superficial de la cobertura vegetal e instalación de cuadrícula de un metro de lado. Excavación de un total de seis túmulos: limpieza previa de las estructuras, documentación fotográfica, dibujos de planta y alzados durante todo el proceso de excavación, localización y excavación de los loculi, retirada de las urnas con su contenido interior intacto a cargo de los restauradores y traslado al laboratorio. Limpieza de materiales arqueológicos, consolidación y restauración de los objetos cerámicos y metálicos localizados. Consolidación de todas las estructuras funerarias excavadas. Restauración de los materiales arqueológicos (cerámicos y metálicos) aparecidos en las excavaciones de los túmulos. Realización de trabajos de adecuación del entorno del yacimiento: mejora de acceso, explanación de terreras y vertido de capa de gravas. Instalación de una pequeña valla de protección con puerta de acceso. Colocación de un panel informativo y construcción de pequeña plataforma para facilitar la visión del conjunto. Descripción de los túmulos funerarios En la excavación de la necrópolis de El Cabo se pudieron excavar y documentar un total de seis túmulos, con diferente estado de conservación, cuya descripción es la siguiente Túmulo 1 (T. 1): Se encontraba parcialmente alterado por la erosión superficial, lo que provocó la destrucción de su mitad septentrional. Precisamente esta afección fue la que permitió descubrir la necrópolis de El Cabo, puesto que la erosión causada por la escorrentía puso al descubierto algunos fragmentos de cerámica a mano que se hallaban junto a unos mampuestos de caliza en disposición aparentemente circular. El túmulo 1, atendiendo a lo conservado en la disposición de su perímetro anular, mediría aproximadamente 2,60 m de diámetro. En su zona central se localizó parte de la urna funeraria que apareció fragmentada y a la que le falta el borde y parte del cuello. El hecho de que A B C D A. Túmulo 2. Final de la excavación (2006). B. Túmulo 3: Final de la excavación (2006). Vista desde el este. C. Túmulo 4. Final de la excavación (2006). Vista desde el sureste. D. Excavación de la UE 5002 y hallazgo de la urna. (Fotos S. Melguizo) la escorrentía superficial hubiera provocado la fractura del vaso y dispersado su contenido puede explicar la ausencia de restos óseos, posiblemente destruidos por su exposición a la intemperie, ya que tan solo se detectaron pequeños fragmentos inidentificables insuficientes para su estudio. Por el contrario, se conservaron mucho mejor los objetos metálicos, de los que se recogieron numerosos fragmentos en las zonas de arrastre próximas a la urna. Túmulo 2 (T. 2): El túmulo 2, como en otros casos, se construyó tras un acondicionamiento previo del terreno. Presenta dos anillos concéntricos formados por mampuestos de caliza. El interior mide 1,80 m de diámetro y el exterior 2,25 m; en su zona central se perforó un hoyo (loculus) para la colocación, al mismo tiempo, de dos urnas funerarias, lo que constituye un caso excepcional en este tipo de enterramientos. La más meridional de las urnas se denominó 2A, y la septentrional, 2B. Por encima de los bordes de los dos vasos aparecieron sendos mampuestos, que pudieron tener función de tapadera. Túmulo 3 (T. 3): Presenta también un acondicionamiento previo del terreno de forma circular, con una sección cóncava que aumenta su profundidad en torno a su área central, donde se perforó un hoyo con algo más de calado (loculus) para colocación de la urna funeraria. A continuación, sin proteger de manera especial el vaso cinerario ya depositado, se comenzó a acumular en su derredor una tierra oscura y suelta. En torno a ese amontonamiento central se colocó un empedrado 25 24 amplio que rellenaba la fase previa de excavación, hasta delimitar un perímetro externo de planta con tendencia circular, cuyos semiejes máximos miden 4 y 3,8 m. Presenta varios anillos concéntricos construidos con mampuestos de caliza de distintos tamaños, más grandes en el interior. Túmulo 4 (T. 4): De su momento inicial de fundación se detectó en el fondo del loculus el acondicionamiento previo y la extracción del terreno natural. Tal excavación presentaba una sección cóncava, aumentando su profundidad en torno al área central, en la que se perforó un hoyo con mayor calado para albergar la urna. La planta varía ligeramente frente al resto de la necrópolis, adoptando una forma similar a una elipse con eje mayor noreste-suroeste. Por encima de esa base se elevó unos 30 cm una corona interior constituida por grandes bloques pétreos (30-50 cm). El perímetro del anillo exterior está formado por el mismo tipo de materiales, pero de menor envergadura. Su semieje mayor mide 2 m y el menor 1,70 m. El espacio entre ambos perímetros se rellenó y niveló con tierra y pequeñas piedras. Una vez depositada la urna se colmató el loculus y el vaso con tierra suelta y oscura. Cierra el conjunto una losa (60 x 45 cm), que actúa a la vez como cubierta de la unidad y como tapadera de la urna. Túmulo 5 (T. 5): Se sitúa en la zona más meridional del grupo sobre el suelo natural que presenta inclinación hacia el sureste, lo que ha producido un intenso proceso de erosión desde su momento de utilización hasta la actualidad. Como consecuencia, un poco más de la mitad de este túmulo había sido arrastrado ladera abajo, desapareciendo buena parte de sus elementos constitutivos. Por el contrario, se conservaba un amontonamiento de mampuestos con tendencia semicircular en planta en la zona más elevada, lo que permitió estudiar (como en el caso del túmulo 1) un corte transversal completo. El resultado de la excavación estratigráfica indica que se extrajo parte del terreno natural, en un área de tendencia circular cuya profundidad aumenta hacia el centro. En su perímetro se colocaron bloques de caliza cuyas proporciones rondan o superan los 40 cm, conformando un espacio circular cuyo diámetro total rondaría los 2 m. Entre el límite interior del anillo y la vasija, sin protegerla de manera especial, se rellenó el hueco con una tierra oscura bastante suelta, probablemente procedente de la extraída previamente, con restos de cenizas y la capa orgánica natural del momento. Túmulo 6 (T. 6): Se sitúa en el sector más oriental de todo el grupo. El suelo sobre el que se construyó presenta también fuerte inclinación hacia el este, justo en el límite oriental de la plataforma que sirve de asiento a la necrópolis. Como en el caso de la estructura n. o 5, pero aún con mayor intensidad, ha sufrido un proceso arrasador de erosión desde el momento de su construcción hasta la actualidad. Como consecuencia, la inmensa mayoría de este túmulo ha sido arrastrado ladera abajo, desapareciendo casi todos sus elementos constitutivos. Únicamente resta el testimonio de varias piedras de mediano y gran tamaño que formaban parte del arco de su corona exterior. La alteración por desplazamiento impide reconocer con seguridad sus dimensiones originales. Características constructivas de la necrópolis de El Cabo Las estructuras funerarias documentadas en la necrópolis de El Cabo presentan una serie de rasgos generales: planta de tendencia circular o ligeramente elíptica, anillos concéntricos delimitadores, empedrado simple interior y poca elevación en altura, y acondicionamiento de hoyo central (loculus) para la deposición de las urnas cinerarias con sus ajuares. En relación con las fases de fundación y estructuración de las tumbas, hemos podido constatar la existencia de una excavación y adecuación previa del terno en tres (T. 1, T. 2 y T. 5). La mitad de las tumbas excavadas (T. 2, T. 3 y T. 4) poseen loculi perforados en el terreno natural en un área más o menos central de la estructura. Tres túmulos presentan un solo anillo límite externo o corona (razonablemente seguros T. 1 y T. 5, y quizás T. 6). El resto (T. 2 y T. 4) presen- tan dos anillos concéntricos, a los que tal vez se puede sumar el T. 3. Solo uno (T. 4) cuenta con una losa que funciona a la par como cubierta del anillo interior y como tapadera de la urna. El resto de los vasos funerarios no contaron en su deposición con ninguna protección especial y fueron directamente cubiertos por las unidades estratigráficas que constituyen el relleno tumular. Cinco túmulos han conservado la urna cineraria. El T. 2, excepcionalmente, cuenta con dos vasos y el T. 6 no conservaba ninguno por su mal estado. A partir de estas observaciones, podemos diferenciar hasta tres variantes arquitectónicas dentro de la evidente homogeneidad del conjunto: Túmulos planos de planta circular con un anillo y sin loculus (T. 1, T. 5 y con prudencia el T. 6). No hemos de pasar por alto que precisamente estos tres túmulos son los 27 A B 26 C D Túmulo 1: A. Inicio de la excavación. B. Final de la excavación. C y D. Secciones estratigráficas. Campañas (Autor S. Melguizo) A B C Túmulo 2: A. Inicio de la excavación. B. Final de la excavación. C. Sección estratigráfica. Campañas (Autor S. Melguizo) A B C Túmulo 3: A. Inicio de la excavación. B. Final de la excavación. C. Sección estratigráfica. Campañas (Autor S. Melguizo) A B C Túmulo 4: A. Inicio de la excavación. B. Final de la excavación. C. Sección estratigráfica. Campañas (Autor S. Melguizo) más destruidos, por lo que parte de su uniformidad se pudiera deber precisamente a sus carencias. En lo observable todos ellos muestran una inicial excavación interior que aumenta su profundidad hacia el centro, pero sin llegar a diferenciar loculi para la deposición de los vasos funerarios. Igualmente están colmatados por un relleno tumular que aglutina tierra y piedras de menor tamaño que las de la corona. Sus diámetros variarían entre 2 y 2,6 m. Túmulos planos de planta circular (o elíptica) con dos anillos concéntricos y con loculus (T. 2 y T. 4). Entre sus coincidencias destaca la notable diferencia de proporciones entre los elementos pétreos de la corona interior y exterior, a lo que habría que sumar una inicial excavación de toda su área ahondada por loculi próximos a sus teóricos centros. Como caracteres individuales T. 4 ofrece una planta con tendencia elíptica más que circular. El anillo interior se completa con bloques pétreos irregulares a modo de caja, con una cobertura de laja como remate, mientras que T. 2 es más parecido a la categoría anterior, con un simple relleno de la masa tumular con tierra y piedras. Los semiejes mayores del primero van de 1,7 a 2 m y el diámetro máximo del segundo es de 2,25 m. Túmulos planos empedrados (o enlosados) de planta circular (T. 3). Su límite exterior algo irregular alcanza entre 3,8 y 4 m de ejes, sin que sus mampuestos denoten una diferencia especial a la hora de poder definir estrictamente un anillo. Por el contrario, es más evidente el situado en el interior de la estructura con 3 metros de diámetro. A partir de él y hacia el centro, las piedras de ese empedrado pudieran definir otra corona menor. Además, en el 29 28 A B C D Túmulo 5: A. Inicio de la excavación. B. Final de la excavación. C y D. Secciones estratigráficas. Campaña (Autor S. Melguizo) A B Túmulo 6: A. Inicio de la excavación. B. Final de la excavación. Campaña (Autor S. Melguizo) área focal, se constató la perforación de un loculus para el depósito de la urna. Finalmente habrá que señalar la inexistencia de relaciones de contacto estructural entre los seis túmulos, lo que permitiría establecer algún tipo de cronología relativa entre ellos. Descripción de las urnas En las excavaciones de la necrópolis de El Cabo se recuperaron un total de 6 urnas funerarias (numeradas del 1 al 5 atendiendo a la procedencia del túmulo, con dos ejemplares del túmulo 2 denominados 2A y 2B). Sus características morfológicas generales coinciden con los vasos del periodo del Hierro inicial del ámbito bajoaragonés y áreas vecinas: vasos de cuello cilíndrico alto, ligeramente abierto, borde exvasado, fondo anular o umbilicado y asa de cinta. El estud
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