LAS TIERRAS MÁGICAS

Please download to get full document.

View again

of 62
All materials on our website are shared by users. If you have any questions about copyright issues, please report us to resolve them. We are always happy to assist you.
Categories
Published
LAS TIERRAS MÁGICAS
      2 DEDICATORIAS “Si amigo mío… Escribiré!.   Seguiré escribiendo siempre… aunque  tus hermosos ojos ya no puedan leer lo que escriba…   A los ausentes…  Presentes en mi alma. ACLARATORIA INTRODUCTORIA Este escrito rep resenta algo muy especial para mí… lo escribí a principios de la década de los ochenta, mi hija preciosa ni soñaba aún con nacer… y yo era una veintiañera que aún soñaba y creía en “príncipes azules”.  Intenté publicarlo por la UNIVERSIDAD DE LOS ANDES, pero lo rechazaron apoyados en que “mi familia” editaba los libros de mi tía Conny y que también podrían editar los míos y publicarlos… así quedó engavetado por muchos años.   Ahora lo transcribo para agregarlo al weblog… espero que muchas personas lo puedan disfrutar. Fue una época muy especial…llena de la magia que intentan plasmar sus páginas… Sobre las “Tierras Mágicas” aún hay mucho que contar… y será contado…  Disfruten pues de este pequeño libro lleno de magia y de ilusiones.   3 ÍNDICE KIWE …………………………………………………………………… Pág.  4 LAS MARIPOSAS ETERNAS …………………………………………..  Pág. 9 LAS CAMPANAS ……………………………………………………….  Pág. 14 OROA Y EL MAGO …………………………………………………….  Pág. 22 LA MISIÓN ……………………………………………………………..  Pág. 31 LAS MONTAÑAS DEL MIEDO ……………………………………… . Pág. 41 EN NOMBRE DEL AMOR  ………………………………………………  Pág. 57   4 KIWE   Había sido terrible… aquel loco día de verano, Kiwe pensó que nadie creería su relato. ¿Quién podría estar lo suficientemente loco para creerle? Divisó un riachuelo errante en el camino, que corría en un susurro, fresco, transparente. En su garganta se formó un terrón de polvo del camino, con sabor a nervios y emociones. Sintió sed. Arrodillado en una orilla inclinó su pecho sobre el agua y besó al rumor que deshizo el terrón de su garganta, para acomodarse luego reclinado en un árbol del sendero. Debía meditarlo con cuidado. Ahora que había salido del halo de luz en la roca de la montaña, todo ese mundo que en el instante lo rodeó no le pertenecía ya como antes. Tuvo conciencia de que algo en su interior había cambiado con su aventura. Observó una vez más el paisaje a su vista: las montañas, el pueblo abajo. -   “Tal vez la abuela esté preocupada por mí, pero seguro Otay la acompañará. Ya no puedo estar aquí, esto no me pertenece. Regresaré y encon traré a Kutay”.  Una lágrima rodó por su mejilla y con una mano saludó el lejano refugio de aquél  primer sueño. ******************************************************************* Todo empezó el día cuando distraído en la tarea de alcanzar a uno de los perros del Protector, conoció a Kutay en un descanso del acceso a la montaña. Kutay le había llamado por su nombre y Kiwe se sobrecogió de emociones al verlo. Era luminoso y  parecía flotar sobre la hierba, pero su porte y apariencia se le antojaron asombrosamente familiares. Recordó entonces al compañero de juegos en sus sueños después de las largas historias de la abuela sobre tierras encantadas y pequeños brujos luminosos que robaban almas de niños groseros y maleducados. Kiwe temblaba de pavor a la escucha de estos relatos, después, sus sueños eran apacibles y repletos de alegría con su amigo imaginario. Pero ese día supo que Kutay era realidad, y sus encuentros transformaban los días en momentos más felices.  Nunca les hizo saber a la abuela ni a Otay que su “Brujito” protector era de verdad, y que él sabía que la abuela estaba equivocada en sus versiones. Un día en que Kiwe excursionaba por los alrededores de la montaña, descubrió el halo de luz y se adentró en él. Kutay le siguió y se burló de la cara de tonto de Kiwe al contemplar tanta belleza. -   Estas son las Tierras Mágicas. - Le había dicho Kutay.  –   Aquí vivo yo. Si lo deseas, podemos llegar hasta mi casa para mostrarte algo de lo que puedo hacer con el humo.  –   Kiwe aceptó contento. Caminaron por una senda color azul cielo que se desvanecía en sus bordes para dar paso a millones de tonos resplandecientes, flores imposibles de tocar por brillantes y transparentes.   5 Kiwe vió que se dirigían hacia una colina que tenía la forma de suspiro (merengue). Cruzaron sobre un puente que le recordó la melcocha que le regalaba Otay cuando no estaba la abuela vigilando. Fue entonces cuando el cielo se llenó de luces y todo se puso verde; el aire era verde  brillante, aunque se podía ver a través de él. Kutay lanzó una exclamación y, frente a ellos, con una reverencia burlona, apareció un viejo de piel verde, vestido con un traje indescriptible de fuerte color morado. -   “Un ser luminoso y un niño” - pensó el viejo, fascinado, riéndose siempre. -   ¿Qué deseas de nosotros, habitante de la Verde Región?.- Le preguntó Kutay cortésmente. El viejo empezó a saltar. Parecía cotufas estallando, comentaría Kiwe al recordar la historia de este modo: Hizo un giro de tres vueltas en el aire y cayó sentado en graciosa postura frente a nosotros. Miró a Kutay y luego a mí para decirnos: “Es un delirio, amiguitos,  el haberos encontrado  pues un verde  fastidiado se convierte en obstinado. es mi intención recogeros y hacer un experimento que nunca me ha fracasado y así, el color de mi gente, a la que amo inmensamente, nuevamente habrá triunfado. Un precioso tono verde cubrirá vuestras mejillas, sentiréis tantas cosquillas que ya no podréis partir sin el verde en el sentir  para ningún otro lado.”  Kutay quedó horrorizado y me envolvió en humo rojo con un ademán de sus manos. Pasó un tiempo que fue un siglo, hasta que logré volver a mirar a mí alrededor. Kutay no estaba, y yo contemplaba sin entender el halo de luz en la roca de la montaña. Ahora debía volver para encontrar a mi amigo. Cruzaría el halo de luz y buscaría la Verde Región que Kutay mencionara al saludar al viejo. ******************************************************************* Kiwe caminó por la familiar senda azul. Cruzó el puente, dejó atrás la colina y cambió la senda azul por otra amarilla salpicada de matices verdosos, que parecía la más indicada para encontrar la Verde Región. Al encontrar la nueva senda escuchó un canto atronador y, guiado por el mismo, descubrió un extraño animal rojo escarlata que podría haber sido un burro. -   Soy el asno más hermoso… - Cantaba a voz en cuello. Y cuando vió a Kiwe contemplándolo curioso, se encabritó y se calló para observarlo otra vez en silencio.
We Need Your Support
Thank you for visiting our website and your interest in our free products and services. We are nonprofit website to share and download documents. To the running of this website, we need your help to support us.

Thanks to everyone for your continued support.

No, Thanks