LAS RELACIONES SEXUALES ENTRE PERSONAS DEL MISMO SEXO Y EL ORIGEN HISTÓRICO DE LA HOMOSEXUALIDAD

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La homosexualidad, así como cualquier otra forma de sexualidad, ha sido tradicionalmente el objeto de estudio de la medicina, de la psicología, de la psiquiatría. La sexualidad era vista desde un punto
La homosexualidad, así como cualquier otra forma de sexualidad, ha sido tradicionalmente el objeto de estudio de la medicina, de la psicología, de la psiquiatría. La sexualidad era vista desde un punto de vista biológico, y por tanto, naturalizada, lo que hacía imposible historizarla. En este artículo se plantea una mirada histórica acerca de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, comparando la situación bajo el feudalismo y el capitalismo. Pablo Ben es estudiante de antropología. LAS RELACIONES SEXUALES ENTRE PERSONAS DEL MISMO SEXO Y EL ORIGEN HISTÓRICO DE LA HOMOSEXUALIDAD Pablo Ben Este trabajo presenta una visión histórica de la homosexualidad. Desafortunadamente no existe todavía material suficiente para realizar un estudio que abarque el feudalismo occidental en un hilo de continuidad y que tome como eje la sexualidad en general, o las relaciones entre personas del mismo sexo en particular, menos aún puede prolongarse esta continuidad hasta el presente. A la falta de material existente se suman las dificultades para conseguir ese material en un país como Argentina. Por eso, nos hemos limitado ha rescatar particularidades históricas de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Presentamos una lectura que recorta esta especificidad, aún en textos que tienen una visión de la homosexualidad como categoría que representa un comportamiento existente a lo largo de toda la historia, como Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad, de John Boswell. Nos referiremos a momentos históricos que se encuentran subsumidos bajo relaciones sociales feudales o precapitalistas, pero que, en algunos casos, distan en siglos unos de otros. No debe interpretarse esto como un intento de señalar una similitud esencial que recorre el feudalismo, ya que comenzando por los huecos, la falta de material, y siguiendo por la falta de atención a elementos de gran importancia, no estamos en condiciones de establecer algo así. El objetivo central ha sido contrastar las relaciones entre personas del mismo sexo en el pasado con la homosexualidad del siglo XIX y XX, para marcar que la sexualidad no es otra cosa que un comportamiento humano histórico, aún cuando tenga aspectos biológicos o de otro tipo. Proponemos explicar el origen de los 1 cambios en la sexualidad entre personas del mismo sexo que se produjeron desde el siglo XVIII como producto de la extensión de nuevas relaciones sociales. También haremos referencia al modo unilateral en que fueron leidos por la ciencia decimonónica. El pecado sodomítico Katz (1994) afirma que no podemos utilizar los términos lesbiana o gay , homosexual y heterosexual , como si fueran de referencia o significado universal. Hasta hace poco la utilización de estos términos había sido ahistórica, y sólo en los setenta la historia comenzó a introducirse en la sexualidad como un objeto que no tenía razón para escaparse hacia otras disciplinas y quedarse refugiado sólo en ellas. El problema de utilizar una categoría como homosexual para pensar el pasado es que al no problematizarse el carácter particular que toman las relaciones sexuales y los vínculos que éstas generan en un contexto histórico particular, los conceptos del presente que transportamos al pasado ocultan la realidad histórica y ordenan los datos arbitrariamente. Partiendo de esta premisa y analizando las formas particulares que adopta la sexualidad en cada período, Katz ordena documentos referentes a la sexualidad del mismo sexo que abarcan la historia de Norteamérica desde 1607 hasta 1950 sobre la base de una introducción teórica a dos períodos. El primero de ellos es el que denomina La Era del Pecado Sodomítico y abarca desde 1607 hasta 1740, el segundo, La Invención del Homosexual abarca el período que comienza en 1880 y culmina en En el primer período los documentos muestran casos de sodomía, de actos sexuales con personas del mismo sexo, pero no de individuos con identidad homosexual o que exclusivamente practican actividad sexual con otro individuo del mismo sexo. Los casos documentados de juicios hacen referencia a hombres casados -con mujeres- que cometían pecados contra la prosperidad y la familia (pag.30). Las relaciones entre personas del mismo sexo eran vistas en las colonias norteamericanas como peligros para la familia en tanto unidad de producción. La homosexualidad, tal cual hoy la pensamos, no existió en otras sociedades. Durante la Edad Media, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo se consideraban acciones pecaminosas que cualquiera, potencialmente, podía realizar, y no existía una categoría de personas especialmente inclinadas a ello. Edmond Pognon (1991), focalizando en un período absolutamente diferente, en el año 1000, nos da una idea de cómo se pensaban las relaciones entre personas del mismo sexo en su estudio del 2 penitencial de Burchard 1. Allí, la sodomía aparece como un pecado de la carne , junto con los delitos contra la castidad tales como el incesto y el adulterio. La sodomía, a diferencia de lo que luego sería la homosexualidad, aparece como un tipo de actividad que no es propia de individuos que no tienen relaciones con el sexo opuesto, o que no desean tenerlas: ...el hombre casado que haya tenido este tipo de desviación una o dos veces, cumplirá diez años de penitencia, el primero a pan y agua; si se ha convertido en costumbre, doce años; si ha sido cometido con el hermano, quince años. (Pognon pag. 147) Aún cuando la sodomía se haya convertido en costumbre , es evidente que no excluye que el sujeto que la practica esté casado con alguien del sexo contrario. Aún Boswell sostiene que también hay homosexualidad en la edad media (es decir, que las relaciones entre personas del mismo sexo en la edad media y en la actualidad son equiparables), al analizar unos versos donde está presente el erotismo hacia personas del mismo sexo, debe reconocer que en esa época -se refiere al siglo XII- la sexualidad gay se representa, en el peor de los casos, como una forma lamentable de carnalidad entre los hombres casados (pag. 259). Algo similar ocurre con Carrasco (1985), que extiende el concepto de homosexualidad a su estudio de la sodomía entre los siglos XVI y XVIII, pero afirma que el mundo de la sodomía [...][estaba] más abierto que la homosexualidad actual sobre el campo de la actividad llamada normal -heterosexual-, y [...][aparecía] como un complemento o derivativo de ésta . D'Emilio (1992) explica, en un comentario al libro de Alan Bray Homosexuality in Renaissance England, que según este autor en los siglos XVI y XVII, la sodomía era concebida como parte de un universo simbólico que incluía la herejía y la brujería, algo que también encontramos en el mismo períodos en Valencia (Carrasco. 1985). La sodomía era una forma de comportamiento salvaje en relación al sexo, una capacidad que todos compartían (pag.102). D'Emilio cita las palabras textuales del autor cuando afirma que la sodomía no era una sexualidad en sí misma, sino que existía como un potencial de confusión y desorden en una sexualidad indivisa (pag.102). En tanto la sodomía tenía estas características era objeto de denuncias horrorosas, pero no por su distancia 1 Según Pognon (1991): La forma de concebir y de poner en práctica el perdón concedido al pecador había variado desde su origen. En el año 1000 prevalecía la norma de la 'penitencia estipulada' desde hacía unos siglos. En otras palabras, a cada pecado le correspondía una sanción determinada según la gravedad del caso. Esos preceptos y penas se hallaban establecidos por escrito: son los llamados libros penitenciales. Cualquiera que sea nuestra opinión sobre esta moral de contaduría, el valor documental de estos catálogos de pecados resulta innegable. (pag ) 3 del comportamiento que hoy denominaríamos heterosexual, sino de la misma manera en que se castigarían otros pecados de la carne. Según Bray, la barrera entre el comportamiento heterosexual y homosexual... en la práctica era vaga e imprecisa (102) Volviendo al estudio de Pognon del penitencial de Burchard, podemos notar, además, que la sodomía aparece como un pecado equiparable -aunque por supuesto castigado más severamente- a la masturbación y a la satisfacción sexual de un hombre al abrazar a una mujer. El penitencial parece explicar este tipo de conductas en los hombres por no tener una esposa 'para calmar su líbido' (pag.148). Es decir que cualquier persona, podía cometer este pecado, no existían individuos con determinada personalidad especialmente proclives a este deseo en particular. Esto último queda claro en el penitencial tanto en el caso de los hombres como de las mujeres. Burchard describe mujeres (pag.149) que 'tienen por costumbre' equiparse para actuar como hombres ante la compañera e inmediatamente a continuación habla de las que utilizan en solitario dicha prótesis (pag.149). Brown (en Amelang. Nash. et als. 1990) encontró en el Archivo del Estado de Florencia un documento escrito entre los años que se refería al Caso de una monja de Pescia que afirmaba ser objeto de acontecimientos milagrosos, pero que después de la investigación resultó ser mujer de mala reputación . El documento resultó ser el juicio a una monja que tenía relaciones con una de sus compañeras en el monasterio. La autora presenta extractos traducidos del documento con una breve introducción en la que nos previene: Es [...] importante considerar que las autoridades eclesiásticas que entendieron el caso carecían de los términos de identificación sexual que se hubieran usado en el contexto del siglo XX. [...] en una escala de actos sexuales pecaminosos el comportamiento de Benedetta en el peor de los casos hubiera sido calificado de sodomía (esto es, establecimiento del coito en receptáculo antinatural), que podía castigarse con la muerte en la hoguera. Sin embargo, algunos teólogos y abogados de la época podrían haber considerado sus acciones como polución provocada por el frotamiento de las partes pudendas. Todavía habría quienes las habrían llamado masturbación mutua. Todos estos actos pecaminosos eran de menor gravedad que la sodomía. Pero al margen de que sus contemporáneos pensaran que el pecado o crimen secular cometido por Benedetta era más o menos grave, no hubieran aplicado el término 'lesbiana' como categoría específica para la identificación sexual femenina. Esto no significa afirmar que la relación de Benedetta con su amante no fuera emocional o sexualmente satisfactoria, sino simplemente decir lo que después de 4 todo es más bien obvio: sexualidad y cultura estan entrelazadas y las interpretaciones de Benedetta y de las autoridades, por muy diferentes que fueran entre sí, también son necesariamente diferentes de las nuestras. (pag ) Si bien en este caso, en que se trata de una monja, no existían relaciones paralelas con hombres, podemos encontrar que la actividad sexual que realizaba esta monja no estaba vinculada a una identidad personal. La monja decía estar poseida por un angel mientras disfrutaba sexualmente con su compañera, no se veía a sí misma como perteneciente a un tipo de individuos en especial por esta acción que realizaba: Puesto que las relaciones hombre-mujer eran las únicas que parecía reconocer, su identidad masculina [la que adoptaba cuando se imaginaba a sí misma como angel] le permitía tener relaciones sexuales y emocionales que no podía concebir entre mujeres. Para alcanzar el objeto de su deseo sexual necesitaba una inversión completa de su propio rol sexual (pag.174) Inversión que alcanzaba asumiendo la apariencia del ángel Splendidiello. Del mismo modo, quienes la juzgaron, vieron en esto que: un caso tan horrible y contra natura es tan detestable y causa tanto horror, que no puede mencionarse (pag.169) Pero no vieron en ello una perversión vinculada a toda la vida de esta monja. Saslow (1989), en su libro Ganímedes en el Renacimiento. La homosexualidad en el arte y en la sociedad, un estudio que abarca desde mediados del siglo XV hasta mediados del XVII, cuenta lo siguiente: Un episodio secundario de la función de Ganímedes como copero, y que aparece de vez en cuando representado en el Renacimiento, es como sustituto de la que anteriormente ostentaba ese cargo, la diosa Hebe, hija de Juno. (pag.16) Es evidente que aquí los hombres y las mujeres, en tanto objetos de placer, son intercambiables, quien desea a unos no necesariamente excluye a los otros de su fantasía. Más adelante en la página el autor comenta una interpretación del mito: aunque Ganímedes es el único varón entre la multitud de amores de Júpiter, es también el único que será honrado con una invitación a los cielos . El autor dice más adelante en el libro, en referencia a esto que: 5 El hecho de que Júpiter prefiriera a Ganímedes sobre Hebe y el consiguiente resentimiento celoso de Juno fueron interpretados a menudo como una parábola de dos fenómenos sociales íntimamente unidos entre sí: la subordinación o valía secundaria de las mujeres y el efecto potencialmente perturbador de las infidelidades homosexuales del hombre en las relaciones entre marido y mujer. El uso esporádico de Ganímedes en el simbolismo conyugal está estrechamente ligado a sus implicaciones más amplias, como una sanción clásica para, y un paradigma de, una misoginia generalizada que a su vez serviría para justificar la homosexualidad másculina (pag.126-7). El autor continúa probando esto con casos concretos donde los hombres y las mujeres -en matrimonio- discuten sobre la infidelidad del hombre con otros hombres, pero es evidente aquí también que el deseo hacia el mismo sexo no está necesariamente desvinculado del deseo hacia el sexo opuesto. El estudio de Boswell (1993) que también trabaja sobre interpretaciones medievales del mito de Ganímedes, da muestras claras de estas discusiones sobre la preferencias sexuales de hombres o mujeres realizadas por hombres que evidentemente participaban de relaciones sexuales con los dos sexos. Todos los casos de relaciones sexuales entre personas del mismo sexo en la edad media parecen responder al patrón de simultaneidad de las relaciones entre personas de diferente sexo y del mismo. Esto implica que las relaciones entre personas del mismo sexo no se ven como conductas que tienen consecuencias en la vida del individuo en general, más allá de lo sexual. Cualquier tipo de actividad sexual no reproductiva, durante la edad media, era penalizada en tanto pecado, y no se afirmaba, en ningún caso, que esta actividad tuviera consecuencias para el desarrollo físico y mental de la persona. La actividad sexual, era una actividad pecaminosa, pero se hallaba desvinculada del resto de la actividad humana, no la determinaba. D'Emilio (1992) en un intento de realizar un recuento crítico acerca de la historia de las relaciones entre personas del mismo sexo toma como uno de los ejes la investigación sobre las identidades y las subculturas en relación a la sexualidad, y específicamente a lo que en la actualidad denominamos homosexualidad. Su recuento resulta interesante para nuestros objetivos porque la existencia de identidades ligadas a la práctica de relaciones sexuales con personas del mismo sexo es precisamente lo que caracteriza a la homosexualidad en nuestro siglo. El surgimiento de una identidad homosexual no es posible si no se asocia el comportamiento sexual entre personas del mismo sexo con un tipo de individuo con determinada personalidad, sea esta positiva o negativa.2 2 Barry (1987) afirma que: Lo que distingue los mundos modernos lésbicos y gays de los ejemplos históricos 6 D'Emilio remite a un estudio de Guido Ruggiero sobre la sexualidad en Venecia durante el Renacimiento, donde existió una subcultura ligada a las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. De todos modos -agrega D'Emilio-, por las descripciones de Ruggiero, se puede concluir que las relaciones se daban mayormente entre un adulto y un joven. La homosexualidad actual, no necesita de ninguna edad específica. El caso de Venecia en el Renacimiento -nos dice D'Emilio- se acerca bastante a la descripción de Bray de la Inglaterra renacentista. Al igual que el estudio de Carrasco en base a los juicios de la Inquisición española en Valencia, la investigación de Monster sobre la Inquisición española del siglo XVI, concluye que no existía una subcultura o una identidad homosexual. Coward -continua D'Emilio- en una investigación sobre la Francia del siglo XVIII afirma que la misma idea de identidad sexual es difícil de encontrar . En el libro de Saslow, las discusiones que él relata muestran a mujeres que acusan de lascivos a los hombres que tienen relaciones con otros hombres. Desde mismo modo, el penitencial de Burchard, como vimos, habla de pecados, de costumbres; no de tipos de individuos con una sexualidad exclusivamente orientada hacia el propio sexo y con una personalidad, un físico, etc. que se corresponden con esa sexualidad. No hay sexualidades desviadas, hay sexualidades pecaminosas. Lo mismo ocurre en el caso de la investigación de Carrasco (1985): Esta diferencia entre sodomía y homosexualidad es en efecto capital a la hora de comprender, no tanto el hecho de la represión -pues los homosexuales también serán perseguidos, aunque a partir de otros criterios y de otro tipo de código-, como la práctica discursiva en la cual se integra, se define y 'funciona' el fenómeno 'sodomía' en tanto que 'delito de sodomía'. Foucault pone perfectamente de relieve [como veremos en la cita que aparece más adelante en el trabajo] la ruptura fundamental que se opera a lo largo del siglo XVIII y que va a desembocar, en el siglo siguiente, en una 'incorporación de las perversiones' que acompaña 'una nueva especificación de los individuos'. Así en la oposición sodomita-homosexual, se oponen la ley y la medicina, la penalidad y la instrucción. El sodomita que nosotros estudiamos, efectivamente, todavía no ha sido marcado por el y antropológicos de homosexualidad es el desarrollo de redes sociales fundadas en el interés homosexual de sus miembros. (pag.6) El autor distingue una serie de características que serían propias del mundo lésbicogay en la actualidad, y que no existen en otras sociedades: 1. Las relaciones homosexuales han escapado a las estructuras de el sistema de parentesco heterosexual dominante. 2. La homosexualidad exclusiva, ahora posible para ambas partes de la pareja, se ha convertido en un camino alternativo a las formas familiares convencionales. 3. Las relaciones entre personas del mismo sexo han desarrollado nuevas formas sin estar estructuradas alrededor de alguna categoría de género o de edad en particular. 4. La gente ha llegado a descubrirse y formar redes sociales de gran escala no sólo por las relaciones sociales ya existentes sino por su interés homosexual. 5. La homosexualidad ha llegado a ser una formación social en sí misma caracterizada por la autoconciencia y la identidad de grupo. (pag.6) 7 sello específico de la perversión. Es un puro sujeto jurídico. El inquisidor no busca nada en él, en su anatomía, en su psicología, en su modo de vida, en su biografía, que revele la diferencia esencial, el trabajo corroedor de los instintos torcidos. La manera de conducir los procesos lo muestra claramente: la prueba no va más allá de la materialidad del acto. (pag.46) Surgimiento de la homosexualidad Desde el siglo XVIII se insinúa un cambio en cuanto a como se pensaran los comportamientos sexuales no reproductivos. Carrasco (1985) nos dice que: Está claro que en 1730, ya se le estaba quitando a la sodomía el estrecho corsé teológicomoral en el que había sido encerrada desde el siglo XIV, lo que no significó ni una nueva comprensión del fenómeno en términos más liberales, ni el anuncio del final de la represión: la sodomía fue simplemente integrada de otra manera, más fina y diferenciada, en el discurso de los poderes sobre el sexo. (pag.84) En el párrafo anterior a éste el autor ejemplifica esto con un
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