Las Paradojas del Empoderamiento. Cambios en la Familia y Violencia de Género

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Las Paradojas del Empoderamiento. Cambios en la Familia y Violencia de Género
  IX Congreso Español de Sociología ‘Poder, cultura y civilización’. FES. Barcelona, Septiembre de 2007. Simposio III: Sociología de la Familia. <http://www.uam.es/personal_pdi/economicas/gmeil/workingpapers.html>:    Las paradojas del empoderamiento. Cambios en la familia y violencia de género David Florido del Corral. Grupo para el Estudio de las Identidades Socioculturales en Andalucía. Departamento de Antropología Social. Universidad de Sevilla c/ Doña María de Padilla, s/n. 41004- SEVILLA. Tfno. 954556944/ Fax: 954551384 Introducción Pretendemos realizar en esta comunicación una reflexión acerca de la denominada violencia de género desde una perspectiva institucionalista 1 . Se enmarca en un trabajo de investigación colectivo y pluridisciplinar (psicólogos y antropólogos) que pretendía, a través de entrevistas en profundidad y sesiones de discusión de grupo, buscar las  posibles relaciones entre la denominada dependencia relacional (amorosa) y la violencia en la familia, desde una enfoque contextual en el que se tuvieran en cuenta instituciones de diversa etiología –tanto socio-políticas como ideológicas 2 -.   Una  perspectiva tal implica que el enfoque que privilegia los perfiles psicológicos como unidad de análisis para llegar a comprender el fenómeno es insuficiente (necesario, pero insuficiente). Las pulsiones psicológicas, en un análisis institucional, han de entenderse en el marco de tramas sociales y culturales. Este enfoque presupone también que la violencia de género no debe ser entendida como un índice estadístico que contiene un número de agresiones físicas/psicológicas, un índice que cada vez se gestiona de modo más eficiente, sino que se trata de un rasgo que conforma la praxis ordinaria, cotidiana, del sistema familiar y conyugal de la sociedad de mercado 3 . Es el resultado de un conjunto de procesos institucionales que derivaron en la instauración de un orden, asignando roles – entendidos como formas de administración de la experiencia, instrumentos 1  Remitimos al lector interesado en profundizar sobre la teoría institucional a los textos de Berger y Luckman (1986), Giddens (1993, 1995), Collins (1984) y a Friedland y Alford (1999). 2    Dependencias relacionales de la pareja y maltrato. Factores socioculturales y psicológicos (PC2005-002). Consejería para la Igualdad y el Bienestar Social, Junta de Andalucía. Equipo de Investigación: Psicólogos: Manuel de la Mata, Andrés Santamaría y María Jesús Cala. Antropólogos: David Florido, Félix Talego, Assumpta Sabuco. Rubén Zayas (Becario de Investigación). 3  Valga la distinción conceptual de Lorente entre incidencia y  prevalencia (2001). Nos parece afortunada tal distinción porque la continuidad y reproducción de relaciones al interior de la familia en las que se crea y mantiene la violencia son los factores que generan episodios de violencia, que son las incidencias que después pasan a ser administradas por el Estado, o dan al salto a los medios de comunicación. Éstos no deben ser considerados más que como indicadores de procesos sociales de más profundo calado. 1  IX Congreso Español de Sociología ‘Poder, cultura y civilización’. FES. Barcelona, Septiembre de 2007. Simposio III: Sociología de la Familia. <http://www.uam.es/personal_pdi/economicas/gmeil/workingpapers.html>:   imprescindibles para el establecimiento de un orden- y expectativas-representaciones, manifiestamente dicotómico: lo público-privado, lo laboral-familiar, lo económico- político-lo afectivo, la acción racional-la acción expresiva, pares dicotómicos que se expresaban en un sistema de sexo/género que operaba según la misma lógica, lo masculino/lo femenino, manteniendo además una relación de correspondencia entre sí de las categorías de cada uno de los pares. En este sistema, es un hecho incontestable que la mujer ocupaba una posición subordinada; mejor: ocupaba posiciones subordinadas, a lo largo y ancho del sistema socialmente estratificado –si bien ello no es óbice para que un análisis social e histórico establezca distinciones entre las mujeres  pertenecientes a diversos sectores sociales resultantes de la posición socio-profesional, de la adscripción étnico-nacional, o de otros factores. En este sentido, ha de establecerse que el factor género es fundamental, teniendo en cuenta que afecta a hombres y a mujeres –y no sólo a éstas-, pero no es el único: o al menos debe entenderse en articulación con otros factores y procesos, actuando en distintos órdenes institucionales. Subrayamos este aspecto porque la perspectiva dominante a la hora de abordar el problema de la violencia dentro de la pareja entiende ésta como un sistema diádico bipolar, dominante/dominado, con una identidad substantiva (dominante-hombre y dominada-mujer). Así suele explicarse dentro del crecientemente complejo sistema de intervención socio-política-mediática en el  problema de la violencia ejercida sobre las mujeres (terapias, nuevo marco legal y  penal, visibilización mediática…): la violencia se produce siempre en el marco de una relación heterosexual, en una estructura bipolar en la que el macho  subordina violentamente a la hembra , resultado del patriarcalismo como rasgo universal, lo que dificulta la introducción en el análisis de otros factores de índole socio-cultural, que nos ayudarían a entender diferentes prácticas y relaciones violentas (Hirigoyen 2006: 175). En el presente texto presentamos un primer apartado que expresa qué supone mirar desde una perspectiva institucional la pareja y la familia y las relaciones de sexo/género que éstas albergan; a continuación, se examinan las principales transformaciones de la institución familiar y sus nuevas formas de articulación con el Estado y el Mercado; en un tercer apartado se pone el énfasis en la importancia de las relaciones afectivas y el amor como factores de construcción de la subjetividad en las sociedades contemporáneas, dinámica que se vincula al avance del individualismo como institución que afecta a la identidad personal en un marco institucional cambiante. A  partir de estos procesos se señalan algunas conclusiones que inciden en las paradojas 2  IX Congreso Español de Sociología ‘Poder, cultura y civilización’. FES. Barcelona, Septiembre de 2007. Simposio III: Sociología de la Familia. <http://www.uam.es/personal_pdi/economicas/gmeil/workingpapers.html>:   que acompañan a la liberación individual a través del amor romántico, al empoderamiento, a la autonomía económica y a la búsqueda de equilibrio de poder entre hombres y mujeres en el marco de la familia. Un nuevo orden institucional acerca de la familia y las relaciones sexuales pugna por abrirse paso en un entorno institucional cambiante, aunque se articulan conflictivamente con trazos de los sistemas culturales  preexistentes y con las nuevas exigencias del presente. La familia y sus transformaciones desde una perspectiva institucional Desde nuestro punto de vista, la relación heterosexual hombre-mujer como forma de dominación debería entenderse antes como un producto socio-histórico que como un universal social sin referencias culturales ni históricas. El avance del modelo cultural del primer capitalismo industrializado supuso la instauración definitiva de la separación correlativa de las esferas masculino/femenino-esfera civil/esfera privada/público- privado/social-natural (Pateman, 1995). Cualquier análisis transcultural pone de manifiesto que “el marido no es el ‘sostén’ de la familia” (Stephens 4 , 2003: 103). Y de hecho, como reconoce Cobo (1995), el concepto de ‘género’ surge en la Ilustración, en el mismo momento en el que se inicia el refinamiento de la teoría social en la tradición europea de la modernidad, proceso concomitante con la aparición de un orden que debe entenderse en su totalidad, en la complejidad y extensión de todas sus relaciones. Es por ello que partimos de la necesidad de un enfoque que distinga dos niveles: a) Los roles de género y los modelos de familia y de pareja que aparecieron como resultado de un largo período histórico en la modernidad europea, hasta su cristalización definitiva en el capitalismo industrial.  b) La pareja como estructura de relaciones de poder, que refleja un orden social, y que se convierte en un factor clave para la aparición de relaciones violentas. El modelo normativo de pareja, tal y como ha sido vivido y experimentado por varias generaciones en el marco del sistema patriarcalista, favorece el desarrollo 4  Se trata de un texto clásico de definición crítica de la institución familiar y del matrimonio, publicado srcinariamente en 1963 y editado en 2003 por J.A. Nieto (cf. bibliografía). Uno de los rasgos puestos en cuestión por el autor en las definiciones típicas de las familias es el de que el padre representa el papel de sostén económico de la unidad familiar. Vinculada a esta idea está la crítica a la familia nuclear como unidad necesariamente con significado económico a la hora de abordar una definición de familia. 3  IX Congreso Español de Sociología ‘Poder, cultura y civilización’. FES. Barcelona, Septiembre de 2007. Simposio III: Sociología de la Familia. <http://www.uam.es/personal_pdi/economicas/gmeil/workingpapers.html>:   de relaciones de control, de dominio, el uso de técnicas violentas, y éstas han sido sobre todo y fundamentalmente de hombres sobre mujeres, como resultado de un sistema institucional a nivel macro 5 . En este sentido cabe destacar que el  patriarcalismo no es una institución típicamente capitalista, pero se vio reforzado y consolidado con el modelo cultural capitalista y sus culturas de género. Desde nuestro punto de vista, el Estado Social, en todo su amplio sistema de medidas, sólo ha tenido en cuenta el primero de estos dos niveles, en actuaciones como la creación y el desarrollo de la Ley contra la violencia de género. Interviene según el  principio de fortalecer al más débil, al que se encuentra en una situación de opresión, al fin de reequilibrar el tejido social desde el prisma de la compensación a las mujeres damnificadas. Sin embargo, esta forma de proceder puede no culminar exitosamente la tarea de reestructurar relaciones de dominación, en tanto que algunos de los resortes socio-culturales y económicos que hay que atacar desde la intervención pública quedan incólumes, como reconocen algunas autoras críticas con el discurso feminista que domina en las instituciones públicas y en al ámbito universitario (Andrieu y Mozo, 2005; Méndez, 2005). Desde este otro modo de mirar el problema, la violencia de género es expresión de iniquidades y desequilibrios del sistema social en su conjunto, como las difíciles relaciones entre lo público y lo privado, las contradicciones entre el mercado de trabajo y el ámbito doméstico, el individualismo, etc., todos rasgos emergentes de la denominada sociedad de mercado –que la podemos observar como un orden social en progresivo proceso de mercantilización de diferentes ámbitos. El marco normativo y las prácticas y valores sociales en torno a la familia están conociendo una importante reconfiguración, coincidente en el tiempo con la emergencia y visibilización de la violencia sobre las mujeres. Las dinámicas violentas se están  produciendo fundamentalmente en un contexto de transformación de los marcos institucionales vigentes: tanto hombres como mujeres viven problemáticamente la incorporación de la mujer al mercado de trabajo –situación que alteraría la estructura de relaciones de dominación tradicional-, o la decisión de la mujer (a veces también del hombre) de disolver la relación de pareja. 5  Si bien las mujeres han ocupado predominantemente un papel de objeto de dominación en esta estructura, también pueden reproducir posiciones de poder (Izquierdo, 1998). Igualmente, se puede constatar la existencia de relaciones jerárquicas y basadas en el abuso y el dominio en parejas de homosexuales. 4  IX Congreso Español de Sociología ‘Poder, cultura y civilización’. FES. Barcelona, Septiembre de 2007. Simposio III: Sociología de la Familia. <http://www.uam.es/personal_pdi/economicas/gmeil/workingpapers.html>:   La familia es una institución, para entender la cual es imprescindible tener en cuenta otras, en función del contexto histórico, cultural, geográfico en el que nos situemos, como el Estado, el Mercado, las Iglesias, etc. Éstas acaban siendo importantes  para entender la trama de relaciones de género, estructura que ha conocido un vigoroso  proceso de transformaciones en las últimas décadas en las sociedades occidentales. Asumir estos puntos de partida nos obliga a aceptar consecuencias metodológicas que no son, sin embargo, comúnmente asumidas. En lo que refiere en concreto a los estudios sobre la familia y las relaciones de pareja, la perspectiva institucionalista que nos  proponemos adoptar en este texto no goza de mucho predicamento sino que se ve oscurecida, cuando no negada, por otras perspectivas, entre las que descuella desde hace  bastante tiempo la que considera que el sistema sexo-género actúa como uno, o, más aún, como el único o fundamental principio de estructuración de lo social, más allá o con independencia de otros factores contextuales. Según tal planteamiento, que impregna, explícita o implícitamente, la mayoría de los enfoques que versan sobre género, el principio de diferencia –o de oposición- femenino-masculino atraviesa de modo uniforme todos los ámbitos institucionales, desde la familia y la pareja a la empresa privada, desde las organizaciones asociativas a la Administración. Por el contrario, defendemos que algunas de las instituciones presentes en nuestras sociedades no se estructuran fundamentalmente respecto al sistema sexo-género, sino a otros principios. Ni siquiera la familia, en la que el sistema de sexo-género se ha establecido como eje central y determinante en nuestro modelo social durante décadas, se puede explicar exclusiva y esencialmente a partir del mismo. El sistema de relaciones, papeles, expectativas y valores emanados del sistema sexo/género tampoco en este ámbito de la institución familiar es autoevidente, sino que para comprender cómo actúa, afectando a las prácticas sociales, a los valores, a las normas, habría que buscar las complejas relaciones entre la institución familiar y otros ámbitos – como para explicar la familia romana de la República era necesario tener en cuenta la configuración del ejército y la política expansionista-. Así, para entender la dinámica y las transformaciones recientes de la institución familiar, es fundamental tener en cuenta las vinculaciones de la familia, con otros entornos, como el Estado y su panoplia de servicios sociales y asistenciales, o como el mercado y sus exigencias de consumo y de demanda de fuerza de trabajo. Por tanto, las familias concretas son aproximaciones a un modelo reconocido como tal, lo que quiere decir que en su praxis expresa ambigüedades o indefiniciones, 5
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