La voz ibérica BALE

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La voz ibérica BALE. Comentario filológico del artículo de Georgeos Díaz-Montexano ¿Usaban ya los íberos la voz BALE (vale) como un término especializado del léxico comercial? El análisis filológico del uso y posible significado del término ibérico
  Carme Jiménez Huertas Página 1 La voz ibérica BALE Comentario filológico del artículo de Georgeos Díaz-Montexano    ¿Usaban ya los íberos la voz BALE (vale) como un término especializado del léxico comercial?   por Carme Jiménez Huertas Filóloga especializada en Lingüística, Tecnologías de la Lengua, Ciencia Cognitiva y Lenguaje En el artículo referenciado, Georgeos Díaz-Montexano (en adelante GDM) plantea la hipótesis de si la voz ibérica bale , que aparece un total de seis veces en cuatro plomos de carácter comercial, podría tratarse del término latino VALE adoptado por los iberos o bien si podría ser un término usado desde el tiempo de los iberos y del cual dimanaría la palabra romance actual vale.  Aportamos en el presente artículo elementos de análisis filológico a nivel grafemático, fonológico, morfosintáctico, léxico-semántico y arqueológico que nos ayudan a acercarnos al uso y posible significado del término ibérico bale : todo parece indicar que existe una continuidad entre el ibérico y el romance. En los plomos comerciales se anotaban los compradores o los proveedores de los materiales y las cantidades. Estas transacciones son pre-monetarias, es decir, no se pagaban en dinero sino que los acuerdos, las adquisiciones y las entregas de mercancías se efectuaban por adelantado, anotando su valor en base a un patrón que había de compensarse a su debido momento. Se trata por lo tanto de un contexto de intercambio, en el cual los plomos comerciales comportaban la sustitución del dinero. Su finalidad era, precisamente, la de dejar constancia de la transacción, como vale a cuenta de algo. El trabajo se basa en cuatro textos: Referencia: f.20.1 AII Referencia: f.20.2 A Referencia: f.20.2 b Referencia: f.20.3 AI, b 1   1  Las referencias corresponden a la nomenclatura establecida por Jürgen Untermann, autor del Monumenta Linguarum Hispanicarum  (MLH), obra en cuatro volúmenes realizada entre los años 1980 y 1997 que contiene un inventario exhaustivo de todas las inscripciones ibéricas, tartéssicas,  Carme Jiménez Huertas Página 2 S oporte: plomo . Y acimiento: Pico de los Ajos  (Yáto va , Valencia ) . C ronología estimada: siglo II a. C. (ver más adelante contexto arqueológico ). Grafemáticamente, la escritura utilizada en los cuatro textos corresponde al ibérico del noreste o ibérico levantino. Se trata de láminas de plomo con varios textos escritos, en ambas caras. Los plomos eran reutilizados borrando los textos antiguos para escribir de nuevo encima; en algunos puntos, los textos se superponen y dificultan la lectura de los más recientes.  2  La referencia f.20.1 es uno de los textos más largos conocidos hasta la fecha en escritura ibérica levantina. Presenta 632 caracteres. En la cara externa hay tres textos con un total de 304 signos. La cara interna se encuentra más deteriorada y es más difícil de interpretar porque los signos se superponen y la lámina se ha desconchado, debido a las dobleces. Presenta un mínimo de 328 signos. La referencia f.20.2 posee dos textos principales, uno en cada cara, que también se superponen a otro texto más antiguo. En total se han identificado 348 signos. La referencia f.20.3 también está escrita por ambas caras. En la cara externa hay 138 signos de fácil lectura y separados en dos bloques. Algunas secuencias han sido deliberadamente tachadas (¿entregas ya pagadas?). En la cara interna, la lámina se encuentra incompleta y a todos los renglones les falta el texto inicial. En total se han identificado 311 signos. La escritura es continua, con algún ocasional espacio y con muy pocas interpunciones separadoras (un punto) que desaparecen en largos tramos, por lo que no indicarían palabras sino secuencias o textos sobre distintos asuntos anotados a lo largo de un mismo soporte, pero con distintos contenidos. En el yacimiento de Pico de los Ajos   han aparecido seis plomos escritos en total. El 4 y el 5 son de poca entidad y pertenecen a una colección particular. El número 6 es el único hallado durante una excavación controlada, y contiene una inscripción en escritura meridional (f.20.6). Semiótica y aspectos fonológicos La escritura ibérica es de carácter híbrido semisilábico. Utiliza grafemas alfabéticos para vocales y consonantes continuas (laterales, sibilantes, róticas y nasales) y celtas y lusitanas y que recoge las investigaciones anteriores realizadas por Fletcher, De Hoz, Schmoll, Maluquer, Gómez Moreno y Beltran Villagrasa. 2  F LETCHER V ALLS ,   D OMINGO . Los plomos ibéricos de Yátova (Valencia) editado por la Diputación provincial de Valencia y el Museu de Prehistòria de València (1980).    Carme Jiménez Huertas Página 3 silabogramas, es decir, grafemas para grupos silábicos compuestos por consonante + vocal, para las oclusivas. El término ibérico bale  se escribe utilizando tres grafemas:    el primero es silábico y representa la sílaba < ba >. Su grafismo corresponde a  , una línea vertical. Es un grafema abundante y bastante estable diacrónica y sincrónicamente, es decir, en todas las cronologías y regiones, por lo que presenta muy pocas variantes.    el segundo es la consonante líquida lateral alveolar < l >. Su grafismo corresponde a  , parecido a una letra <V> mayúscula invertida, aunque puede también representarse como una línea vertical con una tilde o brazo descendente más corto, normalmente en el lado derecho:   Es un grafema abundante, siendo diacrónica y sincrónicamente estable.    el tercero es la vocal anterior intermedia < e >. Su grafismo se corresponde a  . Se han encontrado abundantes variantes con más o menos brazos ascendentes, en ángulo más o menos abierto, normalmente en el lado derecho:        . También existen variantes con los brazos descendentes: *± . Dado que cuando aparece un tipo de vocal <e> no suelen darse coapariciones con otros tipos (es decir, no hay alternancia de varios grafemas con un mismo valor fonético en un mismo texto, sino uno solo de ellos), entendemos se trata de polimorfismo, variantes estilísticas para un mismo fonema. Por el contrario, hay variantes con brazos descendentes de distintos tamaños:  , cuya interpretación como vocal anterior intermedia presenta serias dudas por dos razones: por un lado se da la coaparición de   y de   en un mismo texto (f.13.10a; f.13.42; f.17.7); por otro su ubicación dentro de una secuencia escrita parece otorgarle un valor silábico (f.17.2a). Otra variante que se ha asociado a un valor vocálico anterior intermedio es el glifo en forma de espiga:  . Este grafema con dos brazos a ambos lados aparece en 17 epigrafías, y la espiga con tres brazos en 8 epigrafías. Por su situación dentro de las secuencias de caracteres, se trata sin duda de un valor vocálico. Su coaparición en textos donde hallamos igualmente el grafema correspondiente a la vocal   (incluso se da la coaparición consecutiva de ambos grafemas, como en el plomos 1 de Pech Maho), evidencia un valor fonético diferenciado. Respecto a los aspectos fonológicos y también considerando el punto de vista etimológico, la cuestión se centra en la admisión o no de una correspondencia del valor fonológico entre <b> y <v>. Aunque desconocemos cómo sonaba la lengua de los iberos, se ha podido definir su inventario aproximado de sonidos a partir del análisis cuantitativo de valores  Carme Jiménez Huertas Página 4 absolutos de los caracteres escritos en textos de todas las cronologías y territorios. La distribución de sonidos de la lengua ibérica se sitúa en una posición anterior. Parece que no existe ni la aspiración ni los sonidos uvulares o glóticos. Agrupando las consonantes por su modo de articulación, la mitad (50%) de los sonidos consonánticos de la lengua ibérica son de articulación oclusiva, es decir, la obstrucción se realiza con los labios <p, b>, con los dientes <t, d> y con el velo o zona trasera del paladar <k, g>. Estos sonidos oclusivos requieren de un apoyo vocálico para su pronunciación. El segundo grupo de sonidos son los de articulación vibrante <r, rr> y representan un 20%. El tercer grupo en presencia son las consonantes fricativas <s, z> y representan alrededor del 13%. Finalmente las nasales <n, m> y las laterales <l, lt> tienen una distribución paralela, cada uno de estos grupos representa un 6 o 7 %. No creemos que este inventario sea definitivo. Es aproximado. Precisamente porque no hallamos signos para representar sonidos que estimamos que existían en la lengua de los iberos, como pueden ser la lateral con punto de articulación palatal <ll> y la nasal con punto de articulación palatal <ñ>. También faltan los sonidos con un modo de articulación africado y las fricativas labiodentales <f, v>. Nos hallamos por lo tanto ante unas ausencias que han de ser significativas, puesto que si una lengua no conoce un sonido, en este caso el que corresponde a una fricativa labiodental sonora <v> difícilmente desarrollará voces con este sonido. Ello nos lleva a plantearnos la cuestión de la etimología de la palabra vale . En el supuesto de que el término derivara del latín, sabemos que la pronunciación latina distinguía claramente entre la fricativa labiodental sorda <f> y la fricativa labiodental sonora. No existía confusión. Viendo el desarrollo etimológico de ambos fonemas, constatamos la inexistencia del sonido fricativo labiodental sordo <f> en los proto-romances peninsulares. En castellano la <f> latina muta a <h> FERRUM > hierro ; FILUM > hilo , un sonido ligeramente aspirado, casi mudo. Respecto a la fricativa labiodental sonora <v> en latín presentaba confusión y tendía a asociase con la semivocal velar <u>, con un punto de articulación posterior alto. Así tenemos que en latín muchas palabras se hallan escritas indistintamente con <v, u>, siendo su valor el de la semivocal <w>. Consideremos ahora el supuesto de que el término latino VALE haya sido adaptado al ibérico. Suponiendo que un escriba ibérico deseara representar en un texto un término extranjero que contuviera un fonema que no existiera en su propia lengua, tendería a representarlo con el grafema que articulatoriamente se acercara más a la pronunciación latina. Por lo tanto, al no disponer de un signo para un fonema fricativo labiodental sonoro, tendería a reproducirlo con un silabograma oclusivo silábico formado por una consonante labiodental + una vocal velar, es decir, con el glifo para PU/BU o TU/DU, al cual seguiría la vocal <a>. Podría incluso eliminar totalmente la consonante oclusiva y mantener la vocal <u> (la semivocal <w>). ¿Es  Carme Jiménez Huertas Página 5 eso lo que encontramos? ¡En absoluto! No encontramos para nada una vocal velar o posterior. Lo que encontramos es el silabograma <ba> que representa la consonante oclusiva bilabial sonora <b> (que es la articulación más anterior posible, tan implosiva que casi se produce fuera de la boca) junto con la vocal central y media más claramente identificable, la <a>. Es del todo improbable que alguien que quisiera adaptar el término latino VALE al ibérico se confundiera tanto en su interpretación. Tenemos por lo tanto que la hipótesis de que bale  sea un término propiamente ibérico se afianza con mucha más consistencia que la defensa de una adaptación del término latino VALE. ¿Se daba una correspondencia en ibérico entre el valor fonológico de <b> y de <v>? Hemos visto que la respuesta es negativa: no existían en ibérico los fonemas fricativos labiodentales. ¿Por qué escribimos entonces en romance actual vale  con <v>? La respuesta tenemos que buscarla en la ortografía. Las normas ortográficas han sido establecidas por la Real Academia Española. Si se partía de la base de que el término dimanaba del verbo latino VALEO, es normal que desde la Institución se defendiera la ortografía que se considerara más cercana a la etimología aceptada. El problema es que cuando se establecieron las normas ortográficas, se conocía muy poco del ibérico, por lo que la lengua del substrato sólo se ha tenido en cuenta en aquellos casos en los que no existía parecido alguno entre el término romance y un posible étimo latino. A nivel fonético, la similitud entre el ibérico bale  y el actual vale  parecen indicar una continuidad evolutiva entre el ibérico y el romance. Pragmática y aspectos morfosintácticos En los cuatro ejemplos presentados por GDM el término bale   aparece un total de seis veces. Tendría función de sustantivo o de verbo en un sintagma de carácter nominal al que acompañan como complementos algunos numerales y grafemas interpretados como expresiones numéricas o marcas de valor. La anotación de materiales y cantidades parece corresponder a transacciones basadas en el intercambio, sistema propio de una sociedad pre-monetaria que entrega o recibe materiales que se valoran  ( bale ) de acuerdo a un patrón, por ejemplo un determinado peso en metales ( ś alir ). Veamos en primer lugar las expresiones numéricas.
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