Francisco de Aldana: ¿un neoplatónico del amor humano?, in Estado actual de los estudios sobre el Siglo de Oro : actas del II Congreso Internacional de Hispanistas del Siglo de Oro (1990).

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Comunicación para el congreso de la AISO en Salamanca en 1990, en la que se rastrea la contaminación de las lecturas italianas de Francisco de Aldana en su juventud, y en particular la tensión en sus poemas entre el neoplatonismo del círculo
  Francisco de Aldana: ¿Un neoplatónicodel amor humano? Alfredo Mateos Paramio Universidad de ValladolidDesde que, en 1966, Otis H. Green afirmara, frente al Dr. E. Rivers, que el poetaFrancisco de Aldana representaba «el neoplatonismo renacentista español en su estadomás puro» 1 , la crítica ha mantenido ese encuadramiento. En mi comunicación pretendodemostrar que, en lo que atañe a su lírica amorosa, otro es el sitio de este poeta.La obra de Aldana se escribe en la segunda mitad del s. XVI. En esta época son doslas corrientes que mezclan sus aguas en la retórica del Eros: una, la tradición cortés; otra,el neoplatonismo amoroso que, cuajado en los tratatti d'amore (Ficino, Bembo, Casti-glione y Hebreo), además de conceptos platónicos, neoplatónicos y aristotélicos integramuchos elementos del amor cortés. Por ello se hace difícil separar ambos caudales, quetan entrelazados discurren, por ejemplo, en Herrera y Garcilaso, ordenando sus pasiones.Italia fue el centro emanador de este proceso, especialmente Florencia. Y allí, en plenohervor de los círculos renacentistas, es donde pasó su juventud Francisco de Aldana, re-cibiendo a la vera del neoplatónico Benedetto Varchi una formación probablemente másamplia que el neoplatonismo tipificado que se aprendía en la España de Felipe II.Pero no debemos perder de vista que el poeta no es un mero recipiente de las concep-ciones de su tiempo, sino que, además y sobre todo, es un hombre concreto, único atanorde la poesía, con mirada y tacto hacia los perfiles que le rodean. Un Yo fronterizo que esalterado por la contigüidad mudable de la realidad que le sitúa. Dado esto, ¿con qué ve-rosimilitud podemos sistematizar los poemas de toda una vida en un todo coherente y ar-mónico y asignarlo a un único Yo de Francisco de Aldana, cuando la experiencia nos en-sena que no sólo se progresa en conocimiento, sino que también se desciende de cimasde lucidez a llanuras de olvido de uno mismo y aceptación de las ideas dominantes?En Aldana esto tiene particular relevancia, como indica el asombro de RodríguezMoñino 2 , que se preguntaba si pertenecían al mismo autor composiciones de contenido 1  OTIS  H.  GREEN,  España y la tradición occidental  (Madrid: Gredos, 1969), v. I, 155. 2  RODRÍGUEZ MOÑINO,  ed.:  Aldana Epistolario poético completo  (Madrid: Turner, 1978), 17. AISO. Actas II (1990). Alfredo MATEOS PARAMIO. Francisco de Aldana: ¿Un neoplató...  65 8  ALFREDO MATEOS PARAMIO y acierto tan contrarias como, por ejemplo, la epístola a Montano y las octavas a Fe-lipe II.A pesar de todas estas consideraciones, creo que en Francisco de Aldana hay un hiloque trama el acontecer a la conciencia: el afán de mantenerse en la piel de la realidad.Esta intención poética es lo que dirige en sus versos los pasillos de la razón, como ejem-plificaré más adelante, en un proceso de desnudez que arranca de los lambrequines de locortés. Así, en dos poemas que Lara Garrido sitúa en la juventud de Aldana, el poeta aúnestá sujeto a «dura ley de amor» y la amada es «enemiga» y «señora» a la que torna aconsagrar «la dada fe» (IV,VI) 3 . El momento en que se quiebra esta servidumbre está re-cogido en unas redondillas:Sin tantas filosofías Echo mi barba en remojohay dos linajes de amor: y borróme de la listauno amigo de porfías cuando no lo has por enojo,que entretiene al servidor que no tiene buena vistaen necias hipocresías; el que mira por antojo.es el otro más humano, Tú por gran descanso tienesmás blando y de más holgura, tu diosa siempre adorar,y da la fruta madura mas por más que me condenes,de invierno como verano, si la ocasión se viene a dary es el que siempre más dura. yo gustaré de más bienes (Frag. III)Está claro que Aldana aplica esto respecto al amor cortés, ya que ese código está au-sente del resto de su producción. La cuestión es: ¿lo mismo puede decirse de la filosofíaneoplatónica amorosa? Desde luego, no puede negarse que el neoplatonismo impregnamuchos po emas de conceptos tales como, a manera de muestra, la conexión entre losplanetas y las complexiones humanas (XLVI,20-30), el efecto universal del amor(XXXIII,369-384) o la teoría formulada por Ficino de que el alma del amante se albergaen el amado (L,4-8).No obstante, a pesar de esta muchedumbre de elementos neoplatónicos, Aldana seaparta del blanco que los somete y orienta, del fin de esta metafísica amorosa. MarsilioFicino afirmaba: «Cuando decimos amor entended deseo de Belleza». «Aquel que con-templa lo bello en estos cuatro, la mente, el alma, la naturaleza y el cuerpo, y ama enellos el resplandor de Dios, por medio de este resplandor ve y ama a Dios mismo» 4 .Esta escala de Jacob que para el filósofo italiano, como para todo el neoplatonismoortodoxo, presta la figura de la amada no cobra materia en nuestro poeta. Efectivamente, co-mo él mismo nos dice en la epístola a Galanio, el amor humano y el divino tienen cauces se-parados: «...sabrás que para siempre/ so y serán amores paralelos/ que no pueden juntarse aningún término» (L,443-5): no siendo, pues, la figura deseada banzo para otra realidad, todoel ser y la dicha se instalan, precisamente, a ras de tierra, en el ámbito tangible:Dos amantes que en el sueloviven con fuego igual, con igual muerte,y que tan alto ser de amor reciba 3  Las  referencias  a las  poesías  de  Aldana  se  hacen siempre  a la  edición  de  JOSÉ LARA GARRIDO, Francisco  de  Aldana poesías castellanas completas  Madrid: Cátedra,  1985). 4  Marsilio  Ficino,  DeAmore ed.  Rocío  DE LA VILLA  Madrid:  Tecnos, 1986),  14, 35. AISO. Actas II (1990). Alfredo MATEOS PARAMIO. Francisco de Aldana: ¿Un neoplató...  FRANCISCO DE ALDANA 659que uno viva por él y el otro viva (...)juntos están con lazo estrecho y fuerte,el aire cada cual de ellos bebiendoboca con boca al otro, y se conviertelo que sale de allí mal recibidoen alma, en vida, en gozo, en bien cumplido.(Medoro y Angélica) ¿Amor vulgar? Los filógrafos del XVI se sirvieron de la distinción platónica entreuna parte racional del alma y otra concupiscente para separar un amor honesto de otrovulgar, que se caracterizaba como una enfermedad de los sentidos y era condenado por lacultura cristiana que sustenta y organiza la doctrina neoplatónica en el Renacimiento.En Aldana no hay tal. Cierto que ni la «onestá» del cortesano ni el alejamiento quepedía León Hebreo de la unión física «por mala y deforme» 5  están presentes. Pero es que,con simplicidad suma, el poeta elige su andadura como un animal, es decir, con sabiduríade territorio e ignorancia de cercados, con -en palabras de Rivers- «inocencia casi edéni- ca» 6 .  Pues ¿qué conciencia de pecado, de transgresión de límite, hay en sus versos? Sinley, Aldana se ciñe, naturalmente, a la desnudez esencial de la presencia.Una presencia que, sin recurrir a Ideas ni a retornos neoplatónicos, atrae por sí mis-ma, por «hurto que llama y tira a su causa» (XXXIII,381). Para Francisco de Aldana elamor no es paradigma (Ficino llegará a decir: «quien ama principalmente ama elamor» 7 ), no es armazón de palabras que pretenden explicar la cosa y -esto es lo grave-ocupar su lugar, esto es, suplantar su estar espeso por los nombres vacíos. Nuestro poetadesanda el camino de la abstracción y deja posado al ser en su fluir inasible:(Ved cuánto puede,   oh celestial secreto ,una cierta deidad que a nuestras almas,donde pasión o amor vive, o recelo,es propia y natural, sin que se entienda,y un cierto no sé qué que la sospechainfalible nos hace, no sé cómo) (VIII, 1038)Correspondientemente, aun cuando lo amado se entrama «de mano en mano», «hilo ahilo» en el amante y penetra en él «de claro en claro» (L,256-263), su realidad no es di-putada, como en León Hebreo 8 , por su imagen en la mente del que ama, sino que persisteen ser otro, en el que están fundidos, irreparablemente, la materia y la virtud de irradiarsu intensidad en el poeta, la «vida» en que éste ha quedado si tuado:Yo verdaderamente afirmo y creoque es otra vida, superior de aquellacon que vivimos, el tener presentela cosa amada, así como otra muertemayor es que el morir della ausentarse (L, 322). 5  León Hebreo,  Diálogos de amor ed.  ANDRÉS SORIA  (Madrid: Tecnos, 1986), 446. 6  Ed.  ELIAS RIVERS,  Francisco de Aldana Poesías  (Madrid: Espasa-Calpe, col. Clásicos Castella- nos,  n. 143, 1957), XVI. 7  MARSILIO FICINO,  op. cit. 109. 8  LEÓN HEBREO,  op. cit. 222. AISO. Actas II (1990). Alfredo MATEOS PARAMIO. Francisco de Aldana: ¿Un neoplató...  660  ALFREDO MATEOS PARAMIO Por ello, la plenitud para Aldana sólo viene dada con esa presencia. Y ahí, por anhelode alcance, es donde busca arrimar la palabra escrita, el ejercicio paradójico que es todopoema: cifra de la realidad como deseo o memoria, pero en un ritmo que a la vez la deva-na en nuestro presente. El poeta desnuda la alusión en la voz de los amantes, sin mensajealguno, para que su tiempo, así, fluyendo en la caída de los versos, vuelva cada vez a serel único tiempo real, este ahora de la recreación de la lectura:«¿Ya te vas, Tirsis?» «¿Ya me voy, luz mía». « Ay muerte »  « Ay Galatea, qué mortal ida »«Tirsis, mi bien, ¿dó vas?» «Do la partidahalle el último fin de mi alegría».«¿Luego en saliendo el sol?» «Saliendo el día».«¿Te vas sin dilatar?» «Me voy sin vida». « Ay Tirsis mío » «i Ay gloria mía perdida »«¡Mi Tirsis » «¡Galatea, mi estrella y guía »«¿Quién tal podrá creer?» «No hay quien tal crea.»« Oh muerte » «Acabaré yo mis enojos».«¡Ay grave mal » «¡Ay mal grave y profundo »«Tirsis, adiós». «Adiós, mi Galatea».«¡Tirsis, adiós » «Adiós, luz de mis ojos».«¡Oh lástima » «¡Oh piedad, sola en el mundo » (XXI).El diálogo anterior, fórmula común a muchos otros de sus poemas y epístolas, nosmuestra que el lugar en que Francisco de Aldana posa al sujeto amado no es la peanadesde la que mira la mujer del amor cortés o del neoplatonismo, investida de belleza sa-grada, intocable; sino que, desvestida de linajes, la amada es acostada a la altura del poe-ta: en el pronombre, el «tú», palabra que vierte a quien la pronuncia únicamente haciauna figura concreta, en donde Aldana busca sumirse, total, echando abajo la verja entrecuerpo y alma:«¿Cuál es la causa, mi Damón, que estandoen la lucha de amor juntos, trabadoscon lenguas, brazos, pies y encadenadoscual vid que entre el jazmín se va enredando,y que el vital aliento ambos tomandoen nuestros labios, de chupar cansados,en medio a tanto bien somos forzadosllorar y sospirar de cuando en cuando?»«Amor, mi Filis bella, que allá dentronuestras almas juntó, quiere en su fragualos cuerpos ajuntar también, tan fuerteque no pudiendo, como esponja el agua,pasar del alma al dulce amado centro,llora el velo mortal su avara suerte» (XVIII).Este poema, por cierto, ha suscitado las más variadas interpretaciones, representadasen las posturas opuestas del Dr. Rivers y el profesor Green. Para Green, se trata de unproducto neoplatónico en el que Aldana declara «que el amor sensual no puede satisfa- AISO. Actas II (1990). Alfredo MATEOS PARAMIO. Francisco de Aldana: ¿Un neoplató...  FRANCISCO DE ALDANA 661 cer» 9 ,  y lo presenta como un correlato de otro soneto de amor divino que sí se atiene a es-ta filosofía, olvidándose de que los dos amores, como él mismo admite, reciben un trata-miento distinto en Francisco de Aldana. Para el Dr. Rivers, por el contrario, el poema ex-presa un pensamiento «hereje», imbuido de paganismo 10 . En cuanto a la fuente delsoneto, ambos coinciden en que procede de un pasaje de León Hebreo", al igual que suscríticos continuadores 12 , con la salvedad de Lara Garrido, quien indica acertadamenteque en Hebreo el deseo cesa con la unión sexual y que los abrazos son valorados de ma-nera espiritual 13 . A mi entender, Hebreo copia el pasaje, interpretándolo, como hace otrasmuchas veces, del  De Amore  de Marsilio Ficino, en concreto del cap. VI del discursoséptimo, donde éste reproduce un fragmento del  De Rerum Natura  de Lucrecio. Riversya había hecho una referencia al autor latino,pero sólo para indicar el tono de paganismoque atribuía a Aldana. En cambio, yo creo que Aldana bebió directamente de Lucrecio,ni siquiera a través de Ficino, cuya cita es incompleta. Reproduzco seguidamente una tra-ducción de esos versos de Lucrecio 14 :Como un sediento que, en sueños, anhela beber y no encuentra agua para apagar el ardorde su cuerpo; corre tras los simulacros de fuentes y en vano se afana y sufre sed en mitaddel turbulento río en el que intenta beber; así en el amor Venus engaña con imágenes alos amantes; ni sus ojos se sacian de contemplar el cuerpo querido, ni sus manos puedenarrancar nada de los tiernos miembros, que recorren inciertos en errabundas caricias. Fi-nalmente,cuando, enlazados los miembros, gozan de la flor de la edad y el cuerpo pre-siente el placer que se acerca y Venus se aplica a sembrar el campo de la mujer, entoncesse aprietan con avidez, unen las bocas, el uno respira el aliento del otro, los dientes con-tra sus labios; todo en vano, pues nada pueden arrancar de allí, ni penetrar en el cuerpo nifundirlo con el suyo; pues esto dirías que pretenden hacer, y que tal es su porfía. Con talpasión están presos en los lazos de Venus, mientras se disuelven sus miembros por laviolencia del goce. Por fin, cuando el deseo concentrado en los nervios ha encontrado sa-lida, hácese una breve pausa en su violenta pasión. Vuelve luego la misma locura y elmismo frenesí, y porfían en conseguir el objeto de sus ansias,sin poder descubrir artificioque venza su mal.Aldana sabía latín, como muestra su perdida traducción de las epístolas de Ovidio aque se refiere su hermano en la edición de sus obras, y seguramente, como apunta Rivers,su educación en Florencia le puso en contacto con el mundo pagano. Quizás leyó a Pla-tón, como sugiere la referencia de Sócrates en la epístola a don Bernardino de Mendoza.Más probable es que se acercara a Lucrecio, cuya influencia pienso que se trasluce en va-rios pasajes. Por ejemplo, la renuncia de Lucrecio al Amor mayúsculo se hace en losmismos términos de perjuicio con que la efectúa Aldana, cuyo soneto «Marte en aspectode Cáncer» es bastante similar a los versos 32-37 del comienzo del libro latino. Asimis- mo,  aquella demostración que principia Aldana en la epístola a Galanio con los versos 9  OTISH.GREEN,  op. cit. 153. 10  ELIAS RIVERS,  Francisco de Aldana el Divino Capitán  (Badajoz, 1955), 41. 11  LEÓN HEBREO,  op. cit. 136. 12  A.  TERRY,  «Thought and feeling in three Golden Age sonnets»,  BHS LIX (1982), 237-246. 13  LARA GARRIDO,  op. cit. 201. 14  Lucrecio, De Rerum Natura, ed.  VALENTÍFIOL  (Barcelona: Bosh, 1984), vv. 1097-1119 del libro IV. AISO. Actas II (1990). Alfredo MATEOS PARAMIO. Francisco de Aldana: ¿Un neoplató...
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