EN LOS LÍMITES DE LA ESCRITURA~

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EN LOS LÍMITES DE LA ESCRITURA~ BELÉN DEL Rocío MORENO Psicoanalista Prof. Universidad Nacional de Colombia - Bogotá AUX FRONTlERES DE L'ÉCRITURE Une ceuvre estforgée auxfrontieres
EN LOS LÍMITES DE LA ESCRITURA~ BELÉN DEL Rocío MORENO Psicoanalista Prof. Universidad Nacional de Colombia - Bogotá AUX FRONTlERES DE L'ÉCRITURE Une ceuvre estforgée auxfrontieres memes de I'écriture: celle de Marguerite Duras. Unefois on renonce araconter, les impossíbilités de l'écriture se manifestent comme cause d'un exercice qui devíent nécessaire. Écrire apartir de la résistance de l'histoire ase laísser narrerpermet de penser l'écriture comme une substitution de la présence toujours indéchiffrable des événements. Ainsi donc, écrire n'estpas juste marquer sur la surface vierge du papier; c'est aussi et fondamentalement effacer. JI ny apas d'écríture sans une écríture préalable, support sur lequelle geste d'un effacement sera redoublé, ce qui est autre chose qu 'une simple élimination. ON THE BOUNDS OF WRITING An oeuvre isforged on the bounds ofwriting: that of Marguerite Duras. Once oneforsakes telling stories, the impossibilites ofwriting reveal themselves as the cause of an exercíse that becomes ímperative. To wríte startingfrom Ihe resistence ofthe story to allow itselffo be told permíts us to conceíve writing as a substítutefor the always indecípherable presence ofthe events. Thus, writing is nol just to place signs on the white surface ofthe paper; ít is also andfundamenlally lo erase. There is no writing without aprevious writing, whích will be the basisfor the repetition ofthe act oferasure which is more than an elimination. Texto presentado en Lo escrito, escrito está: Jornadas sobre escritura, letra e inconsciente . Universidad Nacional de Colombia, noviembre 5 y 6 de FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS 1. 2. Didier Eribon y Marguerite messe de mariage Lanza, La textura del deseo, Salamanca, EéoolQr:les versidad de Salamanca, 1995, pág La extraña sensación de proferir un sí y anegarse en el silencio cuando intentaos desplegar las razones que lo fundan. La persistente impresión de salir de un sue 1 que ya nada recordamos. La recurrente constatación de que la precaria sión de palabras que en otras ocasiones algún respiro permitían, ahora se desmedio. Leyendo a Marguerite Duras volvemos a la tierra deshabitada de la desalojados, tan ocupados como estamos en acordar significaciones, sulnventarlas, en el mismo lugar donde nada había. Esta es la dificultad, o imposibilidad con la cual hemos de enfrentarnos una vez caemos, como una obra que no es sin consecuencias para sus lectores. Así, nos encontextos intratables según nuestros modos habituales: refractarios a la pa. ciles a las reseñas, ajenos por entero a la prolífica narración de tos que nos regalan otras obras, que a su vez nos permiten el grato recurso~ de voi~er a relatar lo leído. Acá, poco o casi nada podemos volver a contar. EstefC:bllo ~}tiplica la dificultad de escribir sobre la obra de Duras. Si ya de por sí cho~~amos cdr idevitables resistencias una vez acometemos el ejercicio de la escritura, hemos de rgre\ar ahora el peso de hallar revelaciones de nítida factura poética, ello misml ent&ramente irreductibles. A esta altura, o mejor en este comienzo, cardar a Lol, para quien la escena del baile confunde su más grande alegria; ella no tiene la palabra para nombrar el goce al laltando esa palabra estropea todas los demás, las contamina, es en la playa en pleno mediodía, ese agujero de carne 1. Si la paperro muerto, agujero de carne, es eso y nada más, pero a la vez que es, jamás lo sabremos con precisión. He aquí la poeticidad cifra. Novelas poéticas, éstas que nos ha legado; novelas que vez más frágil separación entre géneros. Novelas poéticas porque de narrar un encadenamiento de aconteceres, cuanto de desplede los personajes en el punto mismo en que el enigma de en la pasión se manifiesta. Y en ello Duras parece no hacer del hombre nunca son poemas. Y las novelas, o son poe Upilal..-H.J1lI:::. 2. Cuánto se aleja de la narración de anécdoestablecer entre su escritura y la historia, cuánto anhelo su extremo una pasión por la escritura que es voluntad del máximo despo, sin embargo cuánta insatisfacción manifiesta cuando afirma que querría que su escritos tuviesen menos sucesos y más zonas de inexpresable oscuridad. DESDE EL JARDÍN DE FREUD 195 Voluntad de despojamiento que no es sin renuncias. Si Duras hubo de renegar de su primera novela, La impudicicf) fue porque la cargó de sucesos, porque habló demasiado de una forma que en mucho se alejaba de lo que después hubo de constituir a fuerza de sólo escribir. Hablar demasiado o callar: he aquí una alternativa que ella subvierte para callar escribiendo, para permitir que el silencio emerja entre las letras. Yel silencio no llega simplemente al terminar el texto, el silencio está en las frases tenidas de los personajes: cuántas veces leyendo El vicecónsul nos encontramos interrupciones que indican la imposibilidad de la palabra. El vicecónsul de Francia en Lahore, quien mató por matar o por inteligencia, mató perros y leprosos en la Calcuta hambrienta e irrespirable. vicecónsul quien disparó contra el espejo, ese muerto en vida cuya voz sibilante viene de otra parte: -Una voz ingrata, como injertada... 4. y así, sólo nos encontramos con los tres puntos suspensivos, marcas diminutas, como si la letra se encogiera hasta desaparecer en el blanco silencioso del.texto. Cómo nombrar ese peligro que acecha y se revela en la voz y en la mir~dejean-marc de H.? Se le nombrará de muchas formas: voz blanca, sibilante,iograta; él, con esa voz grita, ruge, vocifera, suplica. Y aún así, es una voz que la escnttl:rá no logra hacernos oír; justo allí vendrán las tres diminutas marcas que prolongan el eaigma.~sábe-. mas, por lo demás, que es justamente el punto más enigmático de la Voz el que interesa al deseo. Hablando del deseo sólo se puede desfallecer en elin:tento denombrar el objeto fugitivo que lo causa. Pero si el deseo en su causa nosdtja en silendo, resulta más que curioso, entonces, que a pesar de ello la obra exista. El camino al lencio que construyó Duras no la alejó de la escritura... casos hemos visto. Constatar que más vale callarse para siempre porque el goce que nos alienta y mortifica es sin nombre, haría que el poema trasladara su realización a otro acto. Y l?in embargo, acá el desfallecimiento y el silencio son cavados a fuerza de palabras. NQes vano recordar, justo acá, la diferencia que Freud señalaba entre el trabajo del pintor y elde1 escultor: el uno procede agregando capas de pintura, el otro entresacando trozos de material De allí pasaba a establecer una analogía entre el trabajo analitico yel de escultor. Parecería que más cerca del escultor, también halláramos la escritura de Duras: es bien cierto que hay una y otra, más otra y otra palabra; mera agregación, se diría; sin embargo el efecto es de vaciamiento. Cada palabra en más termina siendo una en menos, pura herramienta de sustracción. A veces el parloteo de un personaje se detiene ante la evidencia: el rodeo ha sido vacuo. Recordemos la frase de aquella mujer que en Emi!J L pretendía escribir la historia de su amor, o mejor, sustituir 3. Marguerite Duras, La impudicia, Barcelona, Editores, Marguerite Duras, El vicecónsul, Barcelona, Editores, 1986, pág. 98. En adelante se citará Vico 196 REVISTA DE PSICOANÁUSIS No. 1 5. Maguerite Duras, Hmify L, Barcelona, Tusquets Editores, 1995, pág En adelante se citará Hm. 6. Marguerite Duras, LoI, op. cit., pág Marguerite Duras, L1: vida materia~ Barcelona, Plaza y Janés, 1987, 55. En adelante se citará VM. 8. Jacques Lacan, Elseminario. Libro 7. I.LJ ética delpsicoanálisis, Buenos Aires, Editorial Paidós, 1988, Marguerite Duras, Vic,op. cit., pág Ibíd, pág que fue; después de decir una y otra cosa, termina uno de sus circunloquios así: Creo que hablo sin decir nada El silencio también detendrá el discurrir de los personajes de otras maneras; en ocasiones no se trata siquiera de una frase suspendida; a veces ninguna puntuación deja la promesa de la palabra que no está, pero que podría llegar al lugar señalado. la frase se detiene, sin más: Quizá sea necesario que no os vea juntos excepto ú. ya; no más. Pero hénos aquí que el silencio no es tan sólo la eventualidad que puede acontecerle a un personaje a quien no se le prestan las palabras necesarias; el silencio es el efecto más inmediato de la causa soterrada que empuja al acto de escribir. Duras ha dicho claramente que en sus textos escribe de nada y para nada: Luego ya veis, escribo para nada. Escribo como hay que escribir, me parece, escribo para nada 7. La condición sublimatoria del acto resulta más que evidente. Bástenos recordar, brevemente, las elaboraciones de Lacan en el sernlnario de la ética cuando nos dice que en toda forma de sublimación el vacío es deterrnlnante 8 Pero tal punto de arribo no se conoce por anticipación; el comercio rnlsmo con las palabras va horadando el carnlno. De allí surge el severo laconismo de estos textos: se trata de una escritura alentada por lo que denominé voluntad de máximo despojarnlento . improbable que exista una figura más acabada esa pertinaz voluntad que aquella ofrecida por la mendiga de El vicecónsul. Esta mendiga esta Íntimamente relacionada con la escritura. Uno de los personajes, Peter Margan, escribe sobre los carnlnos recorridos por la joven embarazada que ha sido expulsada de la casa materna. Y así inicia vicecónsul' Ella camina, escribe Peter Morgan. Qué hay que hacer para no regresar? Hay que perderse. No sé hacerlo. Aprenderás. Quisiera alguna indicación para perderme. Hay que abandonar toda reserva mental, estar dispuesto a no saber nada de lo que antes se sabía, dirigir los pasos hacia el punto más hostil del horizonte, una especie de vasta extensión de ciénagas cruzadas en todos los sentidos por rnll taludes, no se sabe por qué 9. Y Peter Margan escribirá el itinerario sin destino de la joven niña, de la joven envejecida: ella pierde su casa, su cabello, sus recuerdos, sus hijos, hasta que al final sólo queda prendada de la palabra que nombra su sitio de origen, del que ha sido desalojada: Battambang. Una vez se ha revelado la enigmática tragedia del vicecónsul y ya casi al final del texto, Peter Morgan habla del libro que está escribiendo: Ella seguirá caminando -dice- insistiré sobre todo en esto. Será una marcha muy larga, fragmentada en centenares de otras marchas animadas del rnlsmo balanceo -el de su paso-, ella carnlnará y la frase con ella [...] 10. Así que la andadura de ella es la DESDE EL JARDÍN DE FREUD 197 andadura de la frase, el balanceo de su paso es el ritmo de la escritura. Ella lo perdió todo en su travesía, se fue despojando, paulatinamente, de lo que tenia y de lo que sabía, de lo que tenia por sabido. En ese mismo régimen de desposesión escribe Duras. Escribe así como anda la mendiga: sin reserva mental, sin historia, sin destino conocido. De esta manera desprovista, fija la mirada en el punto más hostil del horizonte. Ese no es otro que el mal revelado de la condkión humana: el vórtice del deseo ante el cual la ignorancia se extiende en un verdadero territorio. Acá se deja hacer a la escritura, que tome su rumbo, que emprenda y cumpla su destino. Una escritura librada a sí misma organiza una trayectoria para la que nada nos prepara: El libro avanza, crece, avanza en las direcciones que creíamos haber explorado, avanza hacia su propio destino ll. Así ocurrió con la escritura de El vicecónsul' No había plan posible para expresar la amplitud de la desdicha porque no había nada de los elementos visibles que la habían provocado. Sólo existía el Hambre y el Dolor 12. Eso también es la mirada en el punto más hostil del horizonte: el Hambre y el Dolor que agostan un cuerpo que, a pesar de todo, sigue caminando; también el deseo, que pulveriza un cuerpo en su afán de perderse. Acaso perderse sea también perder ese que Duras ha denominado el prejuicio fundamental: el yo. Todas las funciones de máscara, unidad y ocultamiento de su majestad el yo , ningún oficio prestan cuando se trata de una escritura librada a su destino. Pero librarla a su destino también comporta el riesgo de que la verdad se precipite sobre nosotros... Diana azuzando a su jauría. Por eso, la labor de censura que ejerce el escritor con su propia obra la puede dejar embellecida, correcta, clara y, por esa misma vía, inofensiva. Punto en el cual Duras deplora los bros pudibundos y hasta encantadores pero sin poso alguno, sin noche, sin silencio. Dicho de otro modo: sin auténtico autor 13. Ella canta y habla, hace inútiles discursos en el profundo silencio 14. De nuevo Duras se refiere a la mendiga y de nuevo, yo insisto... a su escritura. En el filo mismo de la vida y ya harto visitada por la muerte, Duras no puede hacer más que escribir, escribir mientras su cuerpo se drena definitivamente hacia la nada; escribe Eso es todo. Muy al comienzo del texto ella transcribe la pregunta que Yann Andréa le hace: Para qué sirve escribir? y ella responde: Es a la vez callarse y hablar. Escribir. A veces esto quiere decir también cantar 15. Así, fundamentalmente, escribir es la vez hablar y callar, a veces viene el canto, pero el canto también puede ceder su lugar al aullido sin ruido, forma extrema de la voz. En Escribiraparece de nuevo este mismo asunto: Escribir también es no hablar. callarse. aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho [...] 16. Entonces para 11. Duras, Escribir, Barcelona, Tusquets Editores, 1994, pág..30. En adelante se citará E. 12. Ibíd., pág Ibid., pág Marguerite Duras, Vic, op. cit., pá!! Marguerite Duras, Eso es todo, Madrid, Plaza y Janés Editores S.A., 1998, 20. En adelante se citará T d. 16. Marguerite Duras, B, op. cit. pág UNrvERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA 17. Marguerite Duras, mno frrtes, Barcelona, Plaza nés Editores, S.A., 134. En adelante se citará O/J. 18. Marguerite Duras, OutJide, Barcelona, Ediciones S.A., 1988, pág Marguerite Duras, Vi\1, op. cit., pág Jorge Luis El poeta y la escritura , en U.D. tiene la palabra, Fondo de publicaciones de la Universidad Distrital, 1994, pág. 13. calla el autor? A cuento de qué le resulta preciso el silencio? Sólo en el silencio escuchará sus propias palabras organizándose en la frase. Antes de lanzarse a marcar con su cuño la página en blanco, él se ha escuchado, ha escuchado su voz diciendo que después consignará. Si la escritura fuera pura caligrafía, nada nos detendría nando páginas y páb 1nas; pero como se hace necesario escuchar y el ejercicio, al parecer, es poco frecuente y tanto más arduo cuando se trata de escucharse, la dificultad será persistente. Quizá por ello, Duras le dice a Elia Kazan que hay que desconfiar de la gente que tiene facilidades para la escritura 17. Para escribir hay que pasar por la dificultad de escucharse. En ese sentido, todo escritor es amanuense, escriba de lo su voz le dicta. simplicidad de la observación es tal que la damos por inútil y, sin embargo, es quizás recuperando la sencillez del sentido común que podamos orientarnos en nuestro aturdimiento ante el enigma de la escritura. Así que el escritor toma nota de lo que su voz le dicta. En OJ.ltside, refiriéndose a la pelicula Elcamión ya la voz en offque la atraviesa, Duras dice: [...]no hay representación de la lectura, hay una lectura, y lo que intento dar es lo que oigo cuando escribo. Es lo que siempre he llamado voz de la lectura interior 1 8. Quizá por ello, Duras se prenda en amor de cartas que Yann Andréa le escribía: [...]una auténtica carta trastorna porque es blada. Hay cartas que recibo que me enamorarme de las personas que las han escrito [...] 19. Todo esto trae a la memoria la experiencia que también hace el lector. No en vano Borges, renunciando a definir la poesía, decía que ésta debía impresionar inmediatamente y de un modo casi físico [...] si leemos un texto literario y ese texto no nos impulsa a leerlo en voz alta, el texto ha fracasado. Yo estoy solo, estoy leyendo un poema [...] bueno hace tiempo que no puedo leer un poema; estoy oyendo la lectura de un poema, y si algo me impresiona la necesidad de decirlo en voz alta. Creo que esa sería una primera prueba, el hecho de que si una linea está bien, uno tiene ganas de repetirla, de gritarla, de exc1amarla 2o. Cuando repetimos tal o cual frase, o cual verso, el deleite no parece venir de la complacencia en alguna suerte de gimnasia mnemotécnica. que la voz que escuchó el autor también dejó surcos en nuestra memoria. Cómo leer pacíficamente el poema de Pessoa, f.ísbon Revisited ? Cómo no dejar que la voz reanime la fuerza de lo escrito ya antes pronunciado en otra parte? No, no quiero nada. / Ya dije que no quiero nada / No me vengan con conclusiones! / f _a única conclusión es morir. / No me traigan estéticas! / No me hablen moral! / Saquen de aquí la metafísica! / No me pregonen sistemas completos, no me arrostren conquistas / De las ciencias ( de las ciencias, Dios mío, DESDEEr, DEFREUD 199 de las ciencias!) [...] Me querían casado, fútil, cotidiano y tributable?! Me querían lo contrario de esto, lo opuesto a cualquier cosa?! Si yo fuese otra persona, les daría blusto a todos.! Así, como soy, tengan paciencia!! Váyanse al diablo sin mí! O déjenme ir solitario al diablo!! Para qué tenemos que ir juntos?! No me tomen del brazo!! No me gusta que me tomen del brazo.! Quiero estar solo!! Ya dije que soy solitario!!!ah, qué pelmazo quieren de compañía! Así que el autor se calla para tomar atenta nota de su voz y el lector a su vez deja que esa voz surgida de la soledad y el silencio vuelva a sonar, resuene. Hasta aquí, el silencio que detiene las palabras, el que indica el lugar donde se resguardan los imposibles, el que se hace oír entre el barullo de las letras, el necesario para oír la voz que canta, ruge y grita. Hemos de agregar otro matiz del silencio que se abre paso inexorable como la nube que le gana camino al paseante: el silencio femenino. O acaso es que éste, lejos ser matiz, es el que permite que esos otros silencios persistan. Duras va lejos; se deleita en Christine Villemin, quien a pesar de no ser capaz de alinear dos logra traducir en silencio una violencia insondable. Esa misma traducción, a su parecer, no es posible con el comportamiento masculino ''lo..] porque los hombres no son el silencio. En tiempos remotos, desde hace milenios el silencio es las mujeres, luego la literatura es las mujeres. Se hable en ésta de ellas o la hagan ellas 22. Si el silencio es las mujeres es porque ellas no quedan totalmente cooptadas en el orden fálico y su regulación simbólica; el más allá que se atisba como horizonte de cada uno de sus pasos franquea los límites estrechos de un reino donde todo sería regulable a punta de palabras. Y allí se instala el enigma y ante el enigma el silencio. El dark continent, la tierra incógnita, modo en que Freud nombraba la sexualidad femenina, resulta marcada en la misma cartografía de la escritura cuando ésta se permite alojar el silencio. Aquí resulta pertinente recordar una afirmación que se hace desde el psicoanálisis sobre la práctica de la letra: la letra feminiza. Para llegar a la otra orilla, para contemplar en silencio el enigma de la existencia se hace preciso un camino en pérdida. Despojarse de los cómodos lugares de una memoria dotada de acontecimientos con que atiborrar de circunstancias a los escritos. En este punto, nada mejor que detenerse en Emzfy L El encuentro revelador de dos atravesadas por la escritura: una que constata la imposibilidad de contar la historia de su amor y otra anciana durmiente, muerta en vida, que ya no escribe porque un poema le ha sido arrebatado a la existencia. Lo que llamamos historia aparece aquí totalmente ajeno a la escritura; la movilidad de la historia la hace fugitiva, 21. Fernando Pessoa, Obra poética, Rio de Janeiro, Editora Nova Aguilar S.A., 1998, 356 a 362. La traducción es de Philip Potdevin. 22. Margucrite Duras, VM',op. cit., pág FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS 23. Marguerite Duras, Em, op. cit., pág Ibíd., pág. 21.
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