Desarrollo Caunedo Pec 2012

Please download to get full document.

View again

of 20
All materials on our website are shared by users. If you have any questions about copyright issues, please report us to resolve them. We are always happy to assist you.
Categories
Published
gdgdgdgdgdgdgdgdg
  Pecvnia , núm. 15 (julio-diciembre 2012), pp. 201-220 EL DESARROLLO DEL COMERCIO MEDIEVAL Y SU REPERCUSIÓN EN LAS TÉCNICAS MERCANTILES. EJEMPLOS CASTELLANOS 1   Betsabé Caunedo del Potro 2   betsabe.caunedo@ uam.es Universidad Autónoma de Madrid fecha de recepción: 06/03/2013 fecha de aceptación: 16/05/2013 Resumen Después de presentar las condiciones generales que proyectaron la expansión plenomedieval nos detenemos en aquellas que hicieron posible el desarrollo del comercio. Se presentan ejemplos de técnicas mercantiles castellanas insistiendo en la formación como causa y razón del éxito profesional. Palabras clave: Expansión plenomedieval; Desarrollo comercial; Ejemplos de técnicas mercantiles castellanas; Formación mercantil. Abstract  After presenting the general conditions which led to the expansion of the High Middle Ages, we narrow down on those which made possible the development of trade. Examples are given of Castilian merchant techniques, focusing in education and training as srcin and reason of professional success. Keywords : Expansion of the high middle ages; Development of trade; Examples of Castilian merchant techniques; Merchant education and training. 1   Este trabajo ha sido realizado en el marco del proyecto de investigación HAR 2012–7357 El conocimiento científico y técnico en la Península Ibérica (siglos XIII-XVI). Producción, difusión y aplicaciones subvencionado por el Ministerio de Economía y Competitividad. 2  Departamento de Hª Antigua, Medieval, Paleografía y Diplomática, Facultad de Filosofía y Letras, Ciudad Universitaria de Cantoblanco, Universidad Autónoma de Madrid, 28049 Madrid.  Pecvnia, núm. 15 (julio-diciembre 2012), 201-220 B. Caunedo del Potro 202 Este trabajo es resultado de estudios y reflexiones realizados con motivo de la invitación de la Universidad de León de evocar la contabilidad del Reino con la mirada retrospectiva de 1000 años atrás. Invitación que quiero agradecer muy especialmente ya que el entusiasmo, calor y palabras de aliento de sus organizadores hicieron que no me sintiese una intrusa dada mi condición de medievalista. Debería comenzar con algunas precisiones terminológicas que nos permitan acotar la expresión quizá demasiado ambiciosa de “desarrollo del comercio medieval”. Unas primeras precisiones serán geográficas y cronológicas. Debemos tener en cuenta que voy a referirme exclusivamente a la Europa cristiana, que en esos momentos era casi sinónimo de Europa occidental. Es evidente que el comercio cubría un radio de acción superior y que la actividad de los mercaderes occidentales se extendía a horizontes geográficos mucho más amplios, pero el mundo bizantino y el islámico y tierras aún más lejanas eran realidades diferentes en las que no podemos adentrarnos. Los contemplaremos exclusivamente como puntos de intercambio con los que inevitablemente los mercaderes occidentales entraron en contacto. Si las diferencias geográficas fueron importantes, no lo fueron menos las cronológicas. Afortunadamente para los medievalistas, La Edad Media es un período largo y muy rico en matices. Fijándonos exclusivamente en lo que denominamos Plena y Baja Edad Media, momento en el que la actividad comercial se desarrolla mayormente, encontramos diferencias importantísimas. El precursor del siglo XI no es el mismo mercader que el del siglo XIII ni el que ha superado las dificultades del siglo XIV y proyecta su dominio indiscutido sobre el siglo XV. El oficio mercantil experimentó importantes transformaciones a lo largo de estos siglos que le llevaron a su profesionalización y aceptación social. Es en esta profesionalización en la que vamos a fijarnos, ya que su aceptación social, que llegaría de la mano de la escolástica nos daría para otra sesión. De la precariedad de los primeros mercaderes medievales occidentales a la solidez de las grandes firmas de los mercaderes banqueros italianos del siglo XV, las condiciones y los medios en que se desarrollaba la actividad comercial habían variado enormemente. Entre unos y otros mediaba, sí, el transcurso del tiempo, mediaba también lo que el profesor Roover definió hace ya más de 50 años con enorme acierto como “revolución comercial”. El propio Roover, y más recientemente Spufford 3 , justificaron plenamente el uso del término “revolución”. Con el mismo se referían a la profunda renovación en los modos, usos, técnicas y formas de entender y practicar los negocios que supusieron un verdadero hito en la historia económica, no sólo por el extraordinario auge que experimentaron las transacciones mercantiles, sino y sobre todo, por los acentuados y revolucionarios cambios experimentados, cambios que aparecen totalmente ligados a la expansión plenomedieval y a la sedentarización del mercader. 3  DE ROOVER, Raymond (1942): The Commercial Revolution of the Thirteen Century , en Bulletin of the Business Historical Society  , XVI, 1942, 34-39 y DE ROOVER, Raymond (1965): The Organization of Trade , en The Cambridge Economic History of Europe , vol. III, 1965, Cambridge University Press, M.M. Postan. SPUFFORD, P. Power and Profit. The merchant in Medieval Europe , Londres, 2002, magnífica síntesis sobre la importancia del comercio internacional en la Edad Media.  203 El desarrollo del comercio medieval y su repercusión en las técnicas mercantiles. Ejemplos castellanos El punto de partida en el siglo X fueron simples pero a la vez grandiosos: + hombres, + productos, + paz. Nos referimos al -   crecimiento demográfico -   crecimiento de la producción agraria -   y a una mayor estabilidad política La conjunción de estos tres factores, apenas superado el apocalíptico año 1000, establecieron las condiciones idóneas y totalmente necesarias para el desarrollo del comercio. Al principio lentamente, después con mayor celeridad, la sociedad medieval contempló como el crecimiento de la población y del rendimiento agrario permitía poner en circulación un mayor número de productos. Primero fueron productos agrícolas, alimenticios, paños y telas… poco a poco se les añadieron productos exóticos: perfumes, especies, telas finas… llegadas de tierras lejanas y que la reciente prosperidad occidental permitía adquirir. Al incipiente crecimiento de la población se sumó pronto como fenómeno complementario la ampliación del terreno cultivado fruto de nuevas roturaciones. Éstas fueron en un primer momento empresas modestas. Apenas se arañaron los bordes de las áreas tradicionalmente explotadas ampliándose los cultivos sobre el bosque, monte bajo, marismas o pantanos. Pero el “lento pero ininterrumpido crecimiento del espacio agrícola”, parafraseando a Fossier 4 , condujo a movimientos de colonización del espacio agrícola de mayor envergadura como pudieron ser el avance hacia un sur semidespoblado en la Península Ibérica, la desecación de los polders holandeses o la marcha germana hacia el otro lado del Elba. Una mejoría en el clima y unos avances tecnológicos que proporcionaron instrumentos de trabajo más eficaces, vinieron a sumarse a la mayor disponibilidad de hombres y así conseguir una importante expansión extensiva de los cultivos –la intensiva fue posterior– que generaron excedentes que poder comercializar ante un claro incremento de la demanda. Roturaciones y crecimiento de la población aparecen como fenómenos complementarios y dinamizadores de la actividad comercial. Ésta se vio también claramente impulsada por el sosiego alcanzado cuando sarracenos, magiares y normandos fueron absorbidos y o asimilados por aquellos países que habían recibido sus visitas, no precisamente de cortesía, y que empezaban a organizarse como entidades políticas más estables. Este primer crecimiento de la población y de la producción agraria se tradujo también en el desarrollo de múltiples y pequeños núcleos urbanos que conformaron una importante red urbana en Europa occidental, fruto y a la vez motor de la propia expansión económica que continuaba su curso. 4  No podemos detenernos en el fenómeno de la expansión agraria pero si recordar al historiador francés R. Fossier quien señala que éste se inició antes del año 1000 y que alcanzó su punto álgido entre 1100 y 1125 y 1250-1275 en la mayor parte del noroeste europeo. Algunos de sus títulos al respecto, FOSSIER, R. Historia del campesinado en el Occidente Medieval (siglos XI–XIV) , Barcelona, Crítica, 1985 y en colaboración con Jean Pierre POLY y André VAUCHEZ, El despertar de Europa 950-1250 , Barcelona, Crítica, 2000.  Pecvnia, núm. 15 (julio-diciembre 2012), 201-220 B. Caunedo del Potro 204 Ahora bien, esta recuperación paulatina del comercio alimentado por los continuos excedentes agrarios se desarrollaría a escalas completamente diferentes: un comercio a larga distancia y un comercio a corta distancia. Este nivel posibilita los intercambios en los que intervenían buhoneros, tenderos, pequeños comerciantes… se reparte entre multitud de participantes y tiende a ser competitivo y transparente. El segundo nivel que supone la aparición del gran mercader, gran negociante de productos nacionales e internacionales, se disemina entre un número reducido de personas ya que se introduce como barrera de entrada el disponer de un capital importante. Éste permitiría lograr intercambios ventajosos que a su vez supusiesen el logro de pingües beneficios con los que seguir alimentando la actividad. Fue en este nivel restringido y minoritario donde vamos a encontrar las transformaciones más profundas, generadas en su mayor parte por la sedentarización del mercader que no se conseguirá hasta algún momento del siglo XIII tras un periodo de transición. Hasta entonces, el mercader viajaba con sus mercancías. Damasco, Beirut o Alejandría, puntos a los que llegaban las rutas caravaneras de Asia Central y de las escalas marítimas del Índico, empezaron a ser frecuentados por mercaderes italianos, quienes a través de la ruta de los Alpes y del curso del Rhin enlazaron el comercio mediterráneo − que nunca había llegado a desaparecer −  con las ciudades hanseáticas del Báltico. Se conectaban así los dos centros más importantes del continente: el norte y el centro de Italia con Flandes, norte de Francia y oeste de Alemania. Estos centros contaron además, desde finales del siglo XII (1190) con un centro de intercambio excepcional, las Ferias de Champagne, punto en el que el comercio itinerante alcanzaría su versión más brillante y que consideramos también como crucial en la transición hacia la sedentarización. Allí se constata por primera vez la presencia permanente de italianos y flamencos quienes comenzaron a realizar con cierta asiduidad operaciones de crédito y trasferencias de fondos, además de intercambios de mercancías.  Y todo ello con el beneplácito de las autoridades públicas, los condes de Champagne, que desplegaron todo un conjunto de garantías legales sobre una actividad que consideraron beneficiosa 5 . Poco a poco otros hombres se incorporaron a estos a estos mercados. Franceses, catalanes y castellanos se beneficiarían del mismo consiguiendo una importante ampliación de las rutas entonces transitadas cuando la apertura del estrecho de Gibraltar al comercio marítimo permitió bordear la Península Ibérica, cruzar el mar Cantábrico, tocar diversos puntos de la costa atlántica francesa para enlazar por mar los mismos mercados del norte de Europa, hasta entonces sólo accesibles por tierra. Un auténtico broche de oro pues se cerraba una ruta de comercio que completando la longitudinal del Mediterráneo, abría marcha en sentido trasversal para unir las costas del Mar del Norte 5  CUÉLLAR, MºC. y PARRA, C. “Las ferias medievales, srcen de documentos de comercio”, en Ecrire, Traduire et représenter la fête , REAL E.; JIMÉNEZ, D. y CORTIJO, A. (Eds.), Valencia, 2001, pp.103-117. La actividad comercial estaba asegurada al menos durante ocho meses, al celebrarse seis ferias de cinco semanas cada una en diferentes ciudades: Lagny, Bar-sur-Aube, Provins y Troyes. Se seguía un orden preestablecido y conocido de antemano. “privilegios legales” = guardias de feria, Los mercaderes solo podían ser detenidos y sus fardos decomisados por los guardias de feria. Las mercancías objeto de transacción giran en torno a las especies y frutos del mediodía, los pescados frescos y salados, las pieles, los paños finos, los vinos y sal. También tapices, telas de seda, metales labrados…
Similar documents
View more...
We Need Your Support
Thank you for visiting our website and your interest in our free products and services. We are nonprofit website to share and download documents. To the running of this website, we need your help to support us.

Thanks to everyone for your continued support.

No, Thanks
SAVE OUR EARTH

We need your sign to support Project to invent "SMART AND CONTROLLABLE REFLECTIVE BALLOONS" to cover the Sun and Save Our Earth.

More details...

Sign Now!

We are very appreciated for your Prompt Action!

x