Con poco lugar para los débiles. Enemigos y adversarios en el fenómeno populista

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La presente ponencia se propone discutir el lugar común que ha imperado en las caracterizaciones recientes sobre el populismo, este es, entenderlo como un proceso político cuya condición sine qua non es una dicotomización radical entre un “nosotros”
  4° Jornadas de Ciencia Política del Litoral Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, 16 al 18 de mayo del 2018 Área Temática: 3. Teoría, Filosofía e Historia Política Con poco lugar para los débiles. Enemigos y adversarios en el fenómeno populista Cristian Acosta Olaya (IDAES-UNSAM/CONICET) 1.  Las dos fronteras de la democracia argentina , libro publicado en 2001 por el sociólogo argentino Gerardo Aboy Carlés, se ha convertido en una referencia casi que obligada para quienes nos hemos sentido atraídos por el estudio de las identidades políticas, y en especial, las del siglo XX en la historia latinoamericana. Efectivamente, la definición de Aboy Carlés de aquellas identidades se ha vuelto en un faro analítico imprescindible para muchas de nuestras investigaciones. Para este autor, las identidades políticas se entienden como un conjunto de prácticas discursivas sedimentadas, configuradoras de sentido, que funcionan a  partir de un complejo proceso de diferenciación externa y homogeneización interna, que  buscan definir orientaciones gregarias de la acción en relación a los asuntos públicos 1 . A  partir de esta definición, Aboy Carlés pudo establecer tres dimensiones para la comprensión de aquellas identidades, a saber, la alteridad  , la representación  y lo que el autor llama la “perspectiva de la tradición ” 2 . Si bien cada dimensión tiene sus rasgos particulares  –  diferenciables, ciertamente, sólo en el  plano analítico-, el eje de la presente ponencia es dar muestra de una serie de  preocupaciones que se sitúan en a la primera dimensión, la de alteridad   [en lo que el citado sociólogo definió como el  proceso “de diferenciación externa” q ue funciona en consonancia con el de “homogeneización   interna”  de toda identidad política]. En este sentido, consideramos que sobre esta dimensión ha habido un hiato interpretativo recurrente; es decir, si para muchos de nosotros resulta evidente que toda identidad se conforma a partir de la construcción de una alteridad -llamémosla también otredad, que no es más que el “ellos” de un “nosotros” -, a veces no parece del todo claro que cada solidaridad política procesa su alteridad de diferentes maneras. 1  Gerardo Aboy Carlés,  Las dos fronteras de la democracia argentina  (Rosario: Homo Sapiens, 2001), 54. 2  Aboy Carlés,  Las dos fronteras , 64.  Propongo un ejemplo polémico para explicitar este punto: si tanto el peronismo de mediados de siglo XX en Argentina como el nacionalsocialismo alemán de la misma época, en tanto identidades políticas, construyeron un límite que les permitía diferenciar un “ellos” de un “nosotros”, es difícil afirmar que ambos acontecimientos histórico-políticos llegaron a procesar su alteridad de la misma forma; esto significa, para ponerlo en otros términos, que la lógica identitaria nazi y peronistas no operaba de la misma manera [por más de que se quiera insistir, a veces, de lo contario] 3 . Así, el caso extremo expuesto anteriormente no tiene otra intención más sugerir que es necesario seguir pensando dos problemáticas aún vigentes en la teoría política como herramienta para entender acontecimientos puntales y que buscaremos exponer en la  presente ponencia: [1] en primer lugar, el rol de la muerte  –  que aquí se usa como sinónimo de la eliminación física de la alteridad- para pensar la relación entre lo político y la política. [2] Y, en segundo lugar, teniendo en cuenta los avances analíticos y consideraciones hechas respecto a la famosa distinción amigo-enemigo  –  distinción promulgada, como se sabe, por el jurista alemán Carl Schmitt a principios del siglo XX [y que se ha vuelto tan entrañable  para muchos politólogos, sociólogos, taxistas, importantes figuras de la farándula y miembros del gobierno argentino actual]-, nos gustaría pensar los modos  en los que las identidades políticas gestionan sus propios límites constitutivos. ¿Qué se pretende con estas consideraciones? Básicamente, me gustaría llevar “ un paso más allá ”  las discusiones sobre el procesamiento de la alteridad para resaltar -a manera de hipótesis- la especificidad de los movimientos populistas, al menos, los de mediados de siglo XX en América Latina. Finalmente, me gustaría retomar algunas ideas del harto conocido texto de Eliseo Verón, “ La  palabra adversativa” , para proponer  –  también a manera de hipótesis- que en los  populismos [clásicos y no tan clásicos] hay una exacerbación discursiva tanto del 3  En su propuesta analítica de 2013, en el libro escrito con Julián Melo y Sebastián Barros, Aboy Carlés hizo explicito esta preocupación por el límite identitario. Claramente, las indagaciones presentes en este libro han sido imprescindibles para la realización de los interrogantes que aquí se propondrán: Gerardo Aboy Carlés, “De lo popular a lo populista o el incierto devenir de la  plebs ”, en, Aboy Carlés, et. Al. ,  Las brechas del  pueblo  (Los Polvorines: UNGS-UNSAV Ediciones, 2013), 17-40.  “  prodestinatario ”  como del “ contradestinatario ”  que reduce al mínimo  –  sin eliminar, por supuesto- el lugar del paradestinatario 4 . 2. Es posible que la dimensión de las identidades políticas que en esta presentación nos convoca  –  ya lo dijimos, la cuestión del límite, el proceso de “diferenciación externa y homogeneización interna” - pueda traducirse en lo que Carl Schmitt calificó como el establecimiento de “ asociaciones y disociaciones ”  decisivas. Creemos, en efecto, que aquellas lógicas -asociación y disociación- remiten al grado de intensidad de la unión o desunión de las agrupaciones políticas. Dicho de otro modo: la configuración de los amigos y los enemigos. De ser cierto que es este el fundamento central de lo político - la “oposición centr  al”  de lo político porque no habría otra a la que lo político pudiera reducirse 5 -, entonces sería pertinente preguntarnos lo siguiente: ¿cuál es la forma [o cuáles son las formas] en que el establecimiento de dicho límite se gestiona? ¿Será siempre esta gestión una relación “ a muerte ” ? Según Aboy Carlés, la definición de lo político, en tanto la escisión entre un “nosotros” y un “ ellos ” , remite a “la muerte” ; esta sería el horizonte constitutivo de la política como tal. Dice el autor: La muerte toma […] la forma de un espectro constitutivo de lo político tal como lo conocemos, es el suplemento que  permite su constitución […] bien porque el horizonte de su amenaza es la base de todo intento de neutralización de lo  político  mismo y de su conversión en “política”  como esfera regulada que intenta delimitar un espacio de exclusión de la 4  Recordemos que Verón ser refería a prodestina tario como “el partidario”, al contradestinatario como el “adversario” y al “paradestinatario” como el “indeciso”: Eliseo Verón, “La palabra adversativa. Observaciones sobre la enunciación política”, en Eliseo Verón,  El discurso político , (Buenos Aires: Hachette, 1987), 4-5. Estamos conscientes de que las indagaciones sobre el texto de Verón que desarrollaremos más adelante podrían ser tratadas con más rigurosidad por los estudiosos de la obra del analista argentino; nosotros queremos solamente sugerir nuevos escenarios para el uso de las herramientas teóricas propuestas por Verón. 5   Benjamín Arditi, “Rastreando lo político”,  Revista Estudios Políticos  87 (1995), 334. De ahí que se le atribuya a la diada amigo- enemigo el carácter “ontológico” de la política (es decir “lo político”). No creemos que este sea el espacio para discutir si nos parece pertinente o no el uso generalizado y tan en boga en los últimos años de la distinción entre “óntico y ontológico”, impulsada también por Ernesto Laclau en su ultim as discusiones sobre el populismo. Con esta acotación sólo queríamos resaltar la preocupación por la esencia de lo político que sirve de telón de fondo de la discusión aquí expuesta  muerte a través de la conversión del enemigo en adversario , opositor en una discusión o simple competidor  6 . De esta manera, parece que la distinción entre la política y lo político se podría establecer caracterizando a este último [a lo político] como la posibilidad de configurar asociaciones y disociaciones decisivas y a la primera [la política] en tanto la neutralización del despliegue mortífero que está implícito en dichas uniones y desuniones políticas. Ahora bien, no es novedoso reiterar aquí que ya mucho se ha dicho sobre la relación amigo-enemigo en el ámbito de la filosofía y la teoría política. No obstante, es fácil tropezarse con ciertos lugares comunes respecto a la diada schmittiana, reunidos en una vulgata que supone que aquella relación es igual a “enemistad total” o  guerra. Por eso, es importante recordar que en  El concepto de lo político  [de 1932], la diada radical propuesta por Schmitt, si bien es constitutiva de lo político en términos analíticos, es constantemente matizada por su autor. Precisamente, para el pensador alemán la decisión de quién es amigo y quién es enemigo es lo primordial de lo político; sin embargo, el eje de esta relación no vendría a ser la mera aniquilación de la otredad sino más bien la configuración de unidades políticas, sobre la base de la  posibilidad    -remota o no-   de que dicha aniquilación se realice. En este sentido, la  predisposición a la guerra y no la realización de la guerra en sí misma es lo constitutivo de la relación política 7 . -oo-oo-oo- Una pequeña digresión: es interesante notar que para Heinrich Meier la relación amigo/enemigo sugerida por Schmitt, además de obturar la aniquilación total de la alteridad, es además defensiva . Es decir, la amistad no sólo no precisa de   un estado  permanente de guerra [de ahí la preocupación de Schmitt por la distinción entre tiempos de  paz y tiempos de guerra, en su Teoría del Partisano  de 1963] sino que también el amigo sólo se constituye respecto de una afrenta existencial perpetrada por el otro. Esto explica, 66  Aboy Carlés,  Las dos fronteras , 65  –   el resaltado es nuestro. Agrega el autor: “El espectro de la muerte,  posibilidad extrema de lo político, aparece así como el exterior constitutivo de una esfera política que siempre guarda un juego de suplementariedad con lo político como tal, es decir, que nunca puede constituirse  plename nte al margen de la posibilidad de asociaciones y disociaciones decisivas”:  Las dos fronteras , 65. 7   “La guerra no es sino la realización extrema de la hostilidad. No es preciso que sea cotidiana, normal, ni que aparezca como ideal y deseable, pero debe subsistir como posibilidad real  , mientras el concepto del enemigo conserve su significado ”: Carl Schmitt,  El concepto de lo político  (Buenos Aires: Struhart & Cía, 2002), 42-43.   para Meier, la naturalidad con la que Schmitt presenta la identificación del “verdadero enemigo” . Para el autor friburgués: [e]l enemigo aparece en la definición teórica [de Schmitt] siempre como atacante, jamás como atacado. […] Porque es atacando como el enemigo se hace reconocer como tal; las razones y los motivos de su hostilidad     –  al menos así puede verse desde la perspectiva del atacado  –   pueden dejarse tranquilamente de lado como un elemento secundario 8 . En otros términos, la amistad surge en el mismo momento en que la actividad del enemigo  pone en evidencia el peligro que este representa para nuestro “modo de vida”    –el “sentido existencial ” de la enemistad del que hablaría Schmitt 9 -, esto es, la unión frente a la amenaza. Cabe destacarse, que ese carácter defensivo y constitutivo de la amistad evoca la anotación hecha por J.J. Rousseau en su Contrato Social  , citando   al marqués de D’Argenson    –  referencia también hecha tanto por Hannah Arendt en Sobre la revolución de 1962   como por Aboy Carlés en su artículo “Populismo, regeneracionismo y democracia” de 2010-, que dice “‘La armonía entre dos intereses par  ticulares se forma por oposición al de un tercero’” 10 . -oo-oo-oo- Ahora bien, retomando la predisposición de la guerra como constitutivo de lo político, Arditi 11  consideró que este postulado tiene cierta sintonía con la reflexión de Thomas Hobbes -en el capítulo XIII de su Leviatán-, cuando este autor afirmaba   que “la naturaleza de la guerra consiste no en la lucha como tal sino en la conocida disposición al enfretamiento” 12 . Sin embargo, es evidente que la diferencia entre Schmitt y este pensador inglés radica en que si para el  Jurist alemán el enfrentamiento entre los hombres es 8  Heinrich Meier, Carl Schmitt, Leo Strauss, y ‘El concepto de lo político’. Sobre un diálogo entre ausentes  (Buenos Aires: Katz, 2008), 33-34  –   el resaltado es nuestro. 99   Dice Schmitt: “En el supuesto de que existan verdaderos enemigos en el sentido existencial al que aquí nos referimos, es muy razonable, muy razonable precisamente en sentido político, defenderse , en caso de necesidad, físicamente, y combatir con ellos”: Schmitt,  El concepto , 65  –   el resaltado es nuestro. 10  Jean Jacques Rousseau,  El contrato social   (Buenos Aires: Losada, 2004), 61. 11   Arditi, “Rastreando lo político”, 335.   12  El capítulo XIII del  Leviatán  dice: “ so the nature of war, consisteth not in actual fighting; but in the known disposition thereto, during all the time there is no assurance to the contrary. All other time is PEACE”: Thomas Hobbes,  Leviathan (Nueva York: Oxford University Press, 1998), 84.
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