Arizaga - Murallas y Barrios Cerrados

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Muestra la dualidad de la ciudad desde la definición de Castells.
  22 N UEVA  S OCIEDAD   166  Palabras clave:  polarización social, cambios urbanos, barrios cerrados, Buenos Aires.   Murallas y barrios cerrados La morfología espacial del ajuste en Buenos Aires María Cecilia Arizaga   Aportes En los últimos años, la ciudad de Buenos Aires ysus alrededores suburbanos están afectados por procesosduales. Mientras se consolidan condiciones de crecientepauperización, ciertos espacios se levantan como «islas de laciudad global». Uno de los casos más visibles es el de los barrioscerrados y «countries», experiencias de suburbanización de unestrato medio poco castigado por las políticas de ajuste. Losanálisis de diversos autores sobre el impacto que los procesosde reestructuración económica imponen al espacio urbanoresultan útiles para la reflexión sobre este fenómeno.El objeto del artículo es una aproximación al temaen sus complejas modalidades locales. E n la década de los 80 comenzaron a aparecer en la zona norte del GranBuenos Aires los primeros barrios cerrados (BC). Se sumaban a los «coun-tries», viviendas de fin de semana agrupadas en predios también cerrados,con instalaciones deportivas y sociales, cuyo srcen se remonta a los años 40,paralelo a la construcción de las autopistas suburbanas. Los BC tienen el acce-so restringido como los «countries», pero no cuentan con instalaciones comunes. A la vez, desde los 90 se consolida un singular fenómeno paralelo: el uso de la«casa de fin de semana» como vivienda permanente. El número de familias (ensu mayoría entre 25 y 45 años, con hijos pequeños) que adoptan esta modali-dad de vivir en los BC se duplica cada dos años. En 1990 eran 1.956 familias;después de 1996 fueron más de 5.000 1 . El caso pionero y paradigmático es elpartido bonaerense de Pilar, ubicado a 50 Km al norte de la Capital Federal,aunque el fenómeno crece sostenidamente hacia el oeste y el sur.Para intentar comprender este desplazamiento de la ciudad al suburbio ce-rrado –y que últimamente se extiende a ciudades del interior como Córdoba, M  ARÍA   C ECILIA   A  RIZAGA  : socióloga argentina; miembro del Instituto de Investigaciones GinoGermani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires.1. Datos suministrados por el arquitecto Francisco Kocourek, creador de countries , y por larevista  Apertura , ed. especial «Guía de bienes raíces», Buenos Aires, 1998, p. 22.  23 N UEVA  S OCIEDAD   166 Santa Fe y Resistencia–, es preciso analizar los cambios profundos en lasestructuras y el sistema de las ciudades. Esta transformación implica el pasode una economía industrial a una informacional, y con ello el cambio en laestructura ocupacional. El fenómeno se da a escala global, si bien su impactoes diferencial en tanto se trate de grandes, medianas o pequeñas ciudades, yde países centrales o periféricos. Como señalan varios autores, la globaliza-ción tiene un alcance planetario, pero su efecto no es el mismo en todos lados(Castells 1995 y 1997; Featherstone; Hopenhayn; Sassen). Sin embargo, enel análisis que autores como Castells y Marcuse hacen de la transformaciónde la estructura ocupacional a partir del impacto de la nueva economía detipo informacional y su efecto directo en la morfología social urbana, encon-tramos claves interesantes para pensar los nuevos usos del espacio de losdistintos sectores porteños, atravesados por los efectos de la reestructura-ción ocupacional, teniendo en cuenta el terrible impacto de reacomodamientoque esta situación provoca. La nueva morfología social urbana: el mapa de la anomia La irrupción de los BC no es el único cambio visible que encontrará el obser-vador en su recorrido por Buenos Aires y su periferia. El suburbio bonaeren-se ha sufrido transformaciones que aunque permitan establecer un patróncomún en la tendencia, muestra diferencias de intensidad según la localiza-ción norte, oeste o sur –e incluso dentro de cada una de ellas. Dentro de laCapital Federal, el mapa social también se divide en un Norte tradicional-mente rico, un Oeste de capas medias y un Sur empobrecido sistemática-mente. Sin embargo son cortes que no pueden considerarse rigurosos; sobretodo hoy presentan quiebres que los vuelven más flexibles y continuidadesque subrayan las diferencias. Lejos de parecer contradictorio, esta doble caradel mapa social explica el mosaico de la ciudad y el suburbio. Mientras secto-res sociales diferentes conviven en un mismo espacio tajantemente escindido,se intensifica el contraste histórico entre el Sur pobre y el Norte opulento.Para comprender este fenómeno, resulta útil detenerse en el análisis deCastells sobre el impacto que la sociedad informacional produce en la estruc-tura ocupacional y consecuentemente en la configuración socioespacial, dan-do lugar a lo que llama «la ciudad dual». Las nuevas tecnologías tienen unafunción instrumental en el proceso de reestructuración de la fuerza de tra-bajo, con el consiguiente impacto en la estructura social de la ciudad. Lareestructuración beneficia la capacidad de negociación del capital frente alos trabajadores y flexibiliza la fuerza de trabajo a partir de múltiples facetasque provocan una pérdida del control del proceso de trabajo por parte de lamano de obra, y su consiguiente segmentación. Sumado a esto, la emergen-cia de la economía informacional tiende a polarizar la estructura del empleo,ya que mientras algunas labores aparecen como residuales y en franco deterio-ro, otras emergen como los nuevos espacios del capital. Ello crea una crecientedesigualdad en la distribución del ingreso: según la Cepal, la Argentina tiene 8millones de pobres (con un ingreso menor a 148 dólares mensuales) y 2,5 mi-  24 N UEVA  S OCIEDAD   166 llones de indigentes (por debajo de 74 dólares). Las cifras de la polarizaciónexpresan que un 10% de la población concentra el 35,8% del ingreso nacionaly el 40% más pobre recibe un 14,9% 2 . En las capas medias esto tiene fuerteimpacto, ya que las industrias de alta tecnología, a diferencia de las pesadas,tienden a generar una demanda de empleo polarizada (alto y bajo), dejandode lado las posiciones tradicionalmente ocupadas por las capas de ingresosintermedios 3 . En la Argentina, según datos de 1997, el 41% de la clase mediaen edad de trabajar está inactivo, pero el 30,1% tiene sobreocupación. Mien-tras tanto, esto es percibido como una progresiva desaparición de clase yfractura a los sectores medios de manera tajante; el 47,8% del total de des-ocupación corresponde a la clase media baja, el 17,5% a la media y el 8,4% ala media alta 4 . Una sociedad polarizada y simbiótica El declive y fractura de las clases medias en la Argentina, en especial enBuenos Aires, abarca diferentes aspectos de la realidad social. El proceso desuburbanización «encerrada» no parece estar al margen. Las posiciones másdébiles dentro de la sociedad son desplazadas del proceso productivo infor-macional dentro de un contexto fuertemente discriminatorio, en donde la bajacualificación va muchas veces acompañada de diferencias étnicas, de clase,género, edad, etc. La exclusión adquiere así la categoría de marginalidad, nosolo del mercado de trabajo sino del conjunto del sistema social. Quien desdela baja cualificación consigue un empleo, posee una inserción laboral vul-nerable, generalmente dentro de un segmento informal, muchas veces comoservicio de las demandas sofisticadas que el nuevo estilo de vida impone ala «nueva crema» de la economía informacional. Esta situación, que Castellssitúa como ejemplar en Nueva York, no parece, a grandes rasgos, diferir delas que se presentan en los espacios más sofisticados de Buenos Aires y enlas urbanizaciones cerradas. Es más, esta es una de las típicas circunstanciasde cruce con la otredad que se produce en estas áreas. Es también la justi-ficación más poderosa que esgrimen las autoridades municipales para lagenerosa e ilimitada facilidad con que se otorgan permisos para estos em-prendimientos 5 . Sin embargo, no siempre la otredad es el vecino del barriopobre o marginal más cercano, ya que muchas veces, y sobre todo con losservicios, se contratan empresas privadas (seguridad, recolección de basura, jardinería y limpieza doméstica, por ejemplo). La relación con el Otro com-bina polarización e interdependencia, entre servicio requerido y fuente detrabajo, logrando cierta relación polarizada e interconectada, aunque solo enlo estrictamente necesario ya que prima la intención de reducir la dependen-cia (v. Marcuse). 2. Pablo Kandel: «Argentina: 10,5 millones de pobres» en Clarín , 5/5/99, Buenos Aires, p. 20.3. Lester Thurow:  Disapearence of the Middle Class , cit. en M. Castells 1995.4. Luis Varela: «Lenta desaparición de la clase media» en Clarín , 16/9/99.5. Al respecto se pronunciaron representantes de la municipalidad de Pilar en el marco de laJornada sobre Barrios Cerrados e Impacto Ambiental, Buenos Aires, 1998.  25 N UEVA  S OCIEDAD   166 ¿Cómo la globalización influye en la fragmentación dentro de las ciudades yde la vida dentro de los barrios? Marcuse encuentra dos líneas de respuesta.Una es la que sigue el análisis de Reich 6 , sosteniendo una menor dependen-cia de las elites respecto a los grupos sociales más bajos: la gente rica es cadavez más independiente del Otro (el «otro» más pobre), por cuanto su mundode vida trasciende absolutamente su lugar de residencia. Esta idea daría lu-gar a una sociedad crecientemente desconectada, fragmentada y polarizada,social y espacialmente. La otra línea de razonamiento analizada por Marcuse,es la que Sassen 7  desarrolla como un tipo de simbiosis socioeconómica den-tro de una sociedad cada vez más polarizada. De esta manera, la desigual-dad creciente en la distribución está conformando sociedades en las que elmodelo de la «sociedad de los dos tercios» no alcanza para ver la complejidadde las divisiones. Marcuse propone una división basada en cinco categoríasde personas: los propietarios de la riqueza y de las decisiones de poder, cuyariqueza y poder van en aumento; los profesionales, técnicos y gerentes, quie-nes junto con los propietarios son los «ganadores» en el proceso de cambioseconómicos, que vienen acrecentando su ingreso y privilegios aunque sin aban-donar la inestabilidad que la nueva situación genera; la clase media en caída(también en muchos casos, profesional o semi profesional) que viene experi-mentando un fuerte decaimiento de su estatus y estabilidad; la «vieja clasetrabajadora» sufriendo la continua erosión de su calidad de vida y el decli-namiento ostensible de sus antiguas conquistas; y por último, los excluidos ymarginales, víctimas principales del proceso de transformación económica,al margen de toda actividad dentro del mercado formal y prescindibles hastacomo «ejército de reserva». Es en el marco de este análisis de la estructurasocial en donde Marcuse ubica la creciente fractura espacial: exclusión socialque se transfiere al espacio, donde la estigmatización del marginal como peli-groso aparece como uno de los motores de la espacialización de la diferencia.Esta división propuesta puede encontrar cierta relación con los cinco tipos deciudad que este autor analiza y resulta útil para situar el perfil estructuraldel segmento de clase media que está emigrando hacia el barrio cerrado, di-ferenciándolo de la elite propietaria. La ubicación más adecuada parecería serla del nivel inmediatamente inferior, profesional y gerente (en relación de de-pendencia con la elite, en muchos casos), que aumentó (o en el peor de loscasos mantiene) su nivel de vida, lo que los coloca en una situación de móvi-les ascendentes, pero que son alcanzados por la situación de inestabilidadaún en los puestos más jerárquicos del segmento.La suburbanización en BC aparece como una de las respuestas posibles aesta situación de inestabilidad; quienes emigran a ellos resaltan la seguri-dad de estos espacios, abandonando una ciudad que ven caótica y violenta.Esta seguridad frente al caos imperante se percibe a dos niveles: ante la per- 6. R. Reich: «La nueva comunidad» en  El trabajo de las naciones. Hacia el capitalismo del siglo    XXI  , Javier Vergara, Buenos Aires, 1993.7. S. Sassen: «A New Trends in the Sociospatial Organization of the New York City Economy»en R. Beauregard (ed.):  Economic Restructuring and Political Response , Sage, 1989 (cit. enMarcuse).
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