Aprendiendo a Aprender

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  APRENDIENDO A APRENDER Decimos que hay aprendizaje cuando, como observadores de las acciones de una entidad (una persona, una organización o nosotros mismos), juzgamos que dicha entidad es capaz de ejecutar acciones que antes no podía realizar. Para hacer tal  juicio debemos comparar dos momentos diferentes en el tiempo. En este trabajo nos abocaremos a determinar algunos requerimientos indispensables para aprender. En un nivel primario, los seres humanos no necesitan que se les enseñe a aprender. Desde nuestros primeros días de vida, aprendemos sin que nadie nos diga cómo hacerlo, y seguimos aprendiendo por el resto de nuestra vida. Esta competencia innata para seguir aprendiendo, a menudo produce una ceguera: nos preocupa más qué aprender que cómo lo hacemos. Sin embargo, esto genera al menos dos problemas. En primer lugar, no prestamos suficiente atención al hecho de que hay muchas áreas en nuestras vidas en las que desarrollamos resistencia al aprendizaje y continuamos realizando acciones ineficaces. Consistentemente cometemos los mismos errores, siguiendo las mismas pautas y enfrentando las mismas dificultades. En segundo lugar, pasamos por alto el hecho de que, aunque aprendamos, lo podríamos hacer de manera mucho más efectiva. El hecho que aprendamos no significa que no podríamos hacerlo mejor.  Aprender a aprender es una competencia ontológica primordial para los seres humanos que puede cambiar radicalmente nuestras vidas. La llamamos competencia ontológica porque la podemos usar en cada dominio de nuestra vida -es una competencia que afecta nuestra forma de ser: quiénes somos, quiénes hemos sido, quiénes podemos ser-. Nuestra competencia para aprender tiene un impacto en nuestra efectividad, productividad y bienestar general. ¿Cuán buenos somos para aprender?¿Podemos decir que sabemos cómo diseñar nuestro propio aprendizaje?¿Qué hacemos en áreas de nuestra vida en las que nos damos cuenta que somos incompetentes y no sabemos qué acciones emprender? ¿Qué hacemos cuando visualizamos un nuevo dominio de acción que ignorábamos y nos damos cuenta de su importancia para nuestra vida? ¿Qué hacemos cuando nos vemos a nosotros mismos imposibilitados recurrentemente para actuar efectivamente en un mismo dominio (por ejemplo, con nuestras finanzas, con nuestros hijos, con nuestras relaciones, con áreas de nuestro trabajo, con lo que nos gustaría hacer en nuestro tiempo libre, etc.)? ¿Qué hacemos? ¿Nos preparamos para aprender? ¿Nos limitamos a retirarnos sin hacer nada? ¿Empezamos a culparnos por no saber? ¿Nos caracterizamos como estúpidos, como suficientemente listos , etc.? Postulamos que la competencia de aprender cómo aprender es una de las habilidades más fundamentales en el mundo de hoy. Es nuestro recurso más efectivo para tratar con el fenómeno del cambio. Este postulado no es válido solamente para los individuos. También lo es para las organizaciones. Como se ha repetido frecuentemente, el futuro pertenecerá a aquellos que saben cómo ampliar continuamente su aprendizaje -el individuo que aprende y la organización que aprende-. El interés por aprender a aprender es asunto antiguo. La novedad de este tema no reside en que estamos hablando sobre algo nuevo o sobre algo de lo que la gente no haya hablado anteriormente. Hubo muchos en el pasado que hablaron de la importancia de saber cómo aprender. Lo que hoy lo hace diferente es el hecho de que  se ha convertido en un imperativo histórico. Ahora, sin aprender a aprender, nuestro éxito personal y organizacional corre peligro. Aprender a aprender ha llegado a ser una ventaja competitiva importante para las organizaciones empresariales. En pocas palabras, no podemos funcionar sin ello. I. Los Enemigos del Aprendizaje Habitualmente consideramos que las dificultades para aprender tienen que ver con trastornos del sistema nervioso o con alteraciones patológicas de la psiquis. Sin negar que en algunos casos ocurre así, podemos afirmar que las mayores dificultades que experimentamos en nuestra habilidad de aprender son, paradojalmente, aprendidas. Toda cultura desarrolla sus propios enemigos del aprendizaje , enemigos que son enormemente poderosos, sobre todo porque son invisibles para aquellos que los sufren. Hemos visto a miles de estudiantes en nuestros cursos experimentar no sólo un incremento en su capacidad de aprender sino además redescubrir su pasión por ello y la alegría de hacerlo. No sólo perdieron el miedo a aprender, sino que agrandaron las fronteras de lo que les es posible aprender. Podríamos decir que se enamoraron de las posibilidades que surgieron cuando reconocieron a esos enemigos y los vencieron . La tarea tomó algún tiempo, por supuesto, pero dio frutos que hicieron de esa inversión una de las más productivas de sus vidas. Hemos constatado también que esto mismo se ha dado en organizaciones con las que hemos trabajado, desarrollando lo que hemos llamado las organizaciones aprendientes . Por todo esto, demos una mirada a algunos de esos enemigos , particularmente los que consideramos más relevantes en nuestra cultura. 1. Incapacidad de admitir que no sabemos Por un lado, hay personas que, a menudo, no ven lo nuevo como nuevo. Más bien, lo ven como más de lo viejo, como algo que ya conocen. Su principal declaración es, yo ya lo sé . Existen infinitas formas para expresar esto, pero todas se reducen al hecho de que somos incapaces de ver lo nuevo como nuevo. Hay miles de ejemplos de cómo se han perdido oportunidades de negocios porque la gente vio lo nuevo como más de lo viejo. Un ejemplo clásico es la historia de la reacción de IBM cuando se le ofreció la primera fotocopiadora. IBM no le encontró nada especial. Esa oportunidad fallida de IBM, más tarde se llamó Xerox. Lo mismo sucede en el dominio del conocimiento. ¿Cuán a menudo nos hemos visto reaccionar diciendo sé de lo que se trata , sólo para darnos cuenta más tarde que no teníamos las más vaga noción de lo que estaba sucediendo? En cierto sentido este fenómeno es comprensible. La forma en que le damos sentido a las cosas, la forma en que escuchamos lo que se dice, es refiriendo lo que escuchamos al trasfondo de nuestras experiencias pasadas. Es el lado conservador del entendimiento. Pero también escuchamos lo que se dice en términos de posibilidades para el futuro. Aquí yace el lado progresista del entendimiento. Cuando el pasado domina nuestra comprensión, inevitablemente nos cerramos posibilidades para el futuro. El principal obstáculo para aprender cuando declaramos, yo ya lo sé , es nuestra resistencia a abandonar nuestros supuestos. Dondequiera que estemos o cualquiera sea nuestro nivel de comprensión, tenemos la capacidad para encontrar caminos que le den sentido a nuestra existencia. Tendemos a hacernos coherentes a nosotros mismos y al cualquier dominio de acción es, de alguna manera, una amenaza para esa coherencia. A menos que estemos dispuestos a desprendernos a nuestras formas usuales de dar sentido a las cosas, puede resultar difícil abrirse a lo nuevo y reconocerlo. Esta es una de las principales ventajas que los niños tienen sobre los  adultos. Los niños no sólo tienen menos supuestos que defender -están más dispuestos a desprenderse de los que tienen-. Normalmente, están menos preocupados de preservar lo que saben. Ser niño es vivir en el asombro del descubrimiento de dominios de acción que ni siquiera éramos capaces de anticipar que existían. Aquí es donde reside su inocencia. Es fácil engañar a un niño. Los adultos, en cambio, por lo general, han perdido esa inocencia. Tienden a ser más defensivos respecto de sus supuestos y creencias. 2. Dado como soy, no puedo aprender eso Por otra parte, la gente también se cierra a aprender cuando al ver lo nuevo como nuevo, plantean, nunca podría aprender esto . Detrás de esta frase pueden haber diferentes historias. Algunos dirían no soy lo suficientemente hábil para conocer esto o esto es muy complicado para mí , etc. Podríamos llegar a tener una lista interminable de razones para decir, dado la persona que soy no puedo aprender esto . El nuevo dominio de acción que se le muestre a esas personas no les parece asequible. En cierto sentido, lo nuevo inhibe a la persona, parece estar más allá de su alcance. Llamamos a esta reacción ante lo nuevo falta de autoconfianza. Es un estado emocional en el sentido en que Humberto Maturana define las emociones: connotando una disposición o una falta de disposición a la acción. Para la gente en el estado emocional de falta de autoconfianza, el aprendizaje no es un dominio de acción posible (en otro trabajo hacemos una reconstrucción lingüística de la falta de autoconfianza). Es importante reconocer, sin embargo, que las emociones y el lenguaje, aunque están conectados, son dominios separados. Cuando queremos cambiar un estado emocional, no basta con mostrarle a la persona involucrada la reconstrucción lingüística de sus emociones y cuestionarla. Las emociones normalmente son resistentes a ese tipo de intervención lingüística. Son resistentes a los argumentos racionales, ya que lo que está en juego es precisamente la naturaleza de la racionalidad. Aquí, de nuevo, es atinado recordar el postulado de Blaise Pascal que dice que el corazón tiene sus razones que la razón desconoce . La forma en que el lenguaje puede intervenir para cambiar nuestros estados emocionales, es usando el poder de la conversación para cambiar nuestros horizontes de posibilidades. Es el poder del lenguaje seductor, más que el persuasivo, el que debe usarse para alterar los estados emocionales. 3. El fenómeno de la ceguera cognitiva Uno de los principales obstáculos para el aprendizaje se debe al hecho de que normalmente no sabemos que no sabemos. A este fenómeno lo llamamos ceguera cognitiva. La gente que no conoce algo no vive como si tuviera un vacío que está esperando ser llenado. Actuamos, organizamos nuestras vidas y nos damos un sentido a nosotros mismos y al mundo a partir de las distinciones, historias y competencias que poseemos. No de las que no tenemos. Normalmente, no tenemos la más mínima idea de la existencia de vastos dominios del conocimiento que puedan existir y estar disponibles para otros. Ciertamente, no tenemos idea de aquellos dominios del conocimiento que actualmente están siendo inventados. Si no aceptamos que no sabemos, el aprendizaje no puede ocurrir. No se produciría la apertura necesaria para hacer posible el aprendizaje. Cuando no sabemos que no sabemos, el espacio para el aprendizaje no está disponible y bien podríamos perder muchas oportunidades para ampliar nuestros conocimientos.   El aprendizaje está basado en un saludable momento de escepticismo en que estamos dispuestos a aceptar que no sabemos algo. Un momento en el que estamos dispuestos a cuestionar nuestros conocimientos, a liberarnos de nuestros supuestos actuales y a abrirnos a la posibilidad de que pudiera existir algo nuevo que aprender. Sin este momento de duda, el aprendizaje no puede ocurrir. Decimos que un requisito fundamental para producir el aprendizaje es una declaración de ignorancia. Cuando nos declaramos ignorantes, ya estamos en la senda del aprendizaje. Estamos un paso adelante del ingenuo supuesto de que no hay nada que aprender. La ignorancia no es (como usualmente se supone) lo opuesto del aprendizaje. La ignorancia es el umbral del aprendizaje. Sólo podemos hacer el juicio de ignorancia cuando reconocemos que hay algo que aprender. La ignorancia es una condición para aprender. 4. Querer tenerlo todo claro todo el tiempo Hay quienes han desarrollado ansiedad por tener todo claro permanentemente. Cualquier momento de confusión, de duda, de preguntas, es evitado a toda costa. No han aprendido emocionalmente a vivir las incertidumbres y oscuridades del camino. Como resultado se alejan de las preguntas, se atrincheran en sus respuestas e impiden comenzar sus procesos de aprendizaje. No admiten que para llegar a saber pasamos por el no saber y que para llegar a la luz hay trechos de oscuridad. Cualquier pregunta que enfrentan viene acompañada de un desenfrenado deseo de respuestas, terminando por evitar las preguntas mismas, privándose así de pensar y, obviamente, de aprender. Quienes son presas de este enemigo harán cualquier cosa por evitar declarar sus quiebres, pretenderán que todo está bien hasta que el edificio entero se venga abajo. No es extraño que vivan momentos de depresión y que tengan dificultades de escuchar algo nuevo. La depresión es la suma de oscuridades no aceptadas y lo nuevo es una amenaza de posibles faltas de claridad . 5. No asignarle prioridad al aprendizaje ( no tengo tiempo ) Si existe un enemigo del aprendizaje hiper desarrollado en nuestro tiempo, es este. La excusa es no tengo tiempo. El mundo no me deja aprender. Soy víctima de la vorágine cotidiana. Jamás nos lo planteamos como un problema de asignación de prioridades, porque en ese caso lo tendríamos que admitir como responsabilidad propia. Curiosamente, una vez admitido como un problema de elección, de prioridades, aparece el tiempo , o mejor dicho, le damos tiempo a los procesos de aprendizaje. Dos tendencias sociales muy agudas de esta época están en la raíz de esta barrera poderosa: una es el trabajolismo , con el alto prestigio social que conlleva el estar muy ocupado. La otra es la adicción a la entretención . Ni que hablar del impacto de la TV en esto. Por supuesto las actividades de aprendizaje no se consideran entretenidas en nuestra cultura, son más bien obligaciones a que nos sometemos cuando las fuerzas externas son muy intensas. 6. La gravedad La gravedad es una actitud que alguna gente asume cuando cree que sabe. La voz se hace engolada, la mirada muestra un cierto desprecio por el ignorante, las palabras son rebuscadamente difíciles y si es posible, se citan autores cada pocas frases. La risa está ausente. El dicho preferido de los graves es la risa abunda en la boca del
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