Aprender a Leer

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Apuntes de lenguaje y lectura
  1 ALTERACIONES DEL LENGUAJE EN NIÑOS PEQUEÑOS PENSAMIENTO LENGUAJE  El objetivo es presentar las alteraciones del lenguaje que afectan el desarrollo de niños pequeños que por diversas razones no consiguen desarrollarlo de manera adecuada. Aunque nuestra temática se centra en estos niños, comenzaremos abordando la evolución de los demás que en cambio sí tienen éxito en desarrollar sus habilidades lingüísticas. El análisis del llamado desarrollo normal resulta necesario porque puede suministrarnos elementos para una mejor comprensión de las perturbaciones y, por consiguiente, posibilitar la elaboración de un plan terapéutico más eficaz.   Hablamos de niños pequeños y de una intervención precoz. Sabemos que, realmente, cuanto más temprano los problemas puedan ser detectados y tratados, mayores serán las posibilidades de superación de los mismos (Edwards, 1989). Sin embargo, infelizmente, hemos visto niños que solamente buscan una atención fonoaudiológica (logopédica) cuando ya tienen tres o cuatro años de edad. Es difícil comprender como, habiendo pasado estos niños de los dos años sin adquirir el lenguaje, y llegando a los tres o hasta los cuatro años sin haber desarrollado las habilidades lingüísticas esperadas, no han sido encaminados a un examen o a un tratamiento fonoaudiológico. Pediatras y otros profesionales que tienen la oportunidad de ver la evolución infantil deberían estar muy atentos en lo que se refiere a las etapas de adquisición del lenguaje para poder actuar reaccionando adecuadamente cuando sospechan de problemas en este sentido. Creo que el trabajo fonoaudiológico con los bebés considerados de alto riesgo y el acompañamiento evolutivo que ellos necesitan pueden ayudar al fonoaudiólogo a ampliar la posibilidad de comenzar tratamientos precoces para el desarrollo de la comunicación cuando detecten que tales bebés presentan riesgos o señales de atraso. Podemos preguntarnos qué factores están presentes en el grupo numeroso de niños para los cuales adquirir lenguaje no se muestra problemático, por más compleja que esta adquisición pueda ser. Ellos son capaces de desarrollar el lenguaje de una forma tan rápida y natural que sus capacidades de aprendizaje llegan a sorprender a los adultos. Probablemente, la mayor parte los padres no sepan decirnos ni cómo, ni cuándo, y tal vez ni por qué. Pero saben que la adquisición sucederá y así lo esperan. Y también saben que el surgimiento del lenguaje es una señal de que sus hijos se están desarrollando bien (Hulit & Howard, 1993). Muchos niños, alrededor de su primer cumpleaños, comienzan a ensayar sus primeras palabras. No obstante, antes de llegar a esta forma verbal de lenguaje, desarrollaron una serie de habilidades comunicativas más generales en un plano prelingüístico. Para que este desarrollo comunicativo anterior al uso de las palabras ocurriese y fuese garantizada la aparición de formas lingüísticas más evolucionadas, se hicieron necesarias algunas condiciones (Manolson, 1985). Vamos a señalar seis de estos factores determinantes del desarrollo de la comunicación infantil: 1- El niño necesita tener una razón o motivo para comunicarse: una intención. 2- Hay necesidad de tener algo que comunicar: un contenido. 3- También es necesario un medio de comunicación: una forma. 4- Tiene que haber personas con quienes comunicarse: un compañero.  2 5- Tiene que haber condiciones favorables para la interacción: una situación o contexto. 6- El niño también necesita tener capacidades cognitivas favorables: para actuar sobre el mundo y comprenderlo. Tenemos pues así esbozados seis importantes factores que, combinados, aseguran o crean condiciones favorables para el desarrollo de capacidades comunicativas. Como podemos ver, la comunicación, tiene, en su srcen, una función nítidamente social. El niño, interactuando con las personas y con las cosas, organiza experiencias, construye conocimientos, siente deseos, o sea, elabora los contenidos de su actividad mental ; todo esto gracias a su actividad cognitiva. Son estos contenidos los que comunicará, por alguna razón: porque desea un objeto que no está a su alcance y quiere expresar este deseo para poder tener acceso al objeto; porque quiere llamar la atención hacia algo que está viendo suceder y quiere compartirlo con el adulto, o, también, porque quiere llamar la atención sobre sí mismo. Para que todo esto sea posible, o sea, para que sus intenciones, experiencias o deseos sean expresados, el niño necesita usar alguna forma de comunicación que puede ser un medio verbal, o no verbal, dependiendo de sus posibilidades. La persona o compañero con quien el niño quiere comunicarse puede ser alguien que está próximo. Pero no basta simplemente que el niño tenga una razón para comunicarse y tomar la iniciativa. El adulto debe estar receptivo, atento, tiene que estar sensible a los esfuerzos comunicativos que el niño está haciendo, tiene que ser capaz de atribuirles significado a los mismos y esto forma parte de las condiciones favorables para la interacción. Antes de ser capaz de emplear recursos lingüísticos para la comunicación, el niño desarrolla medios no verbales y esto sucede gradualmente gracias a las experiencias interactivas que va teniendo con los otros. Desde su nacimiento tiene oportunidades de formar parte de eventos que poseen un carácter comunicativo, que le implican en relaciones con las personas que están a su lado. Como consecuencia de tales vivencias interactivas y comunicativas, el niño va adquiriendo formas de manifestar sus contenidos mentales, así como también va desarrollando estrategias para comprender los deseos y las intenciones de los otros (Manolson, 1985; Penner, 1993, 1996). El desarrollo de la comunicación pre-verbal.  Comprender el proceso evolutivo de la comunicación, que se organiza inicialmente en formas no verbales para llegar a formas verbales o lingüísticas, es de fundamental importancia para el entendimiento de las alteraciones del lenguaje que pueden afectar al desarrollo infantil. De acuerdo con estudios realizados el análisis de los procesos interactivos, o desarrollo de la comunicación pre-verbal puede ser dividido en cuatro niveles: Nivel I- Comunicación no intencional  –  comportamientos reactivos . Este primer nivel de desarrollo de la comunicación corresponde, aproximadamente, a los dos primeros meses de vida del bebé. En esta fase, sus comportamientos están caracterizados por reacciones determinadas por una organización nerviosa refleja. En pocas palabras, el bebé reacciona más ante el mundo de lo que actúa sobre el mismo, puesto que los recursos que permiten acciones voluntarias no están aún suficientemente constituidos. En esta fase inicial de la evolución, el bebé aún no es capaz de hacer una diferenciación entre él mismo y los otros que lo rodean. Dicho de otra manera, él aún no se ha constituido como sujeto. La comunicación implica una interacción social entre compañeros diferenciados que buscan medios que posibiliten la relación entre ellos. A pesar de tales limitaciones, o sea, de que el niño de esta fase todavía no ha alcanzado tales distinciones, puede hablarse de comunicación, sin embargo no se la puede denominar  3 intencional. El bebé mira, mueve el cuerpo, muestra interés por las personas y objetos, trata de seguir trayectorias, vocaliza, llora, coge objetos que son colocados en su mano, reacciona a sonidos y a voces familiares y así sucesivamente. A pesar de que tales comportamientos sean aún elementales y resulten de esta interacción indiferenciada del niño consigo mismo y con los hechos del mundo, los adultos tienen la tendencia de interpretar tales reacciones como comportamientos o actos comunicativos. Determinadas vocalizaciones y movimientos pueden ser interpretados como sensaciones de comodidad y placer, mientras que otros comportamientos del mismo tipo pueden ser vistos como comunicación de incomodidad, de desagrado. La atención visual del bebé puede ser tomada como una tentativa de comunicar. Aunque el niño todavía no tenga condiciones de comunicar algo intencionalmente, la tendencia de los adultos a atribuirle tal capacidad se constituye como un factor relevante para el desarrollo posterior en la medida en que el niño poco a poco puede percibir que su expresividad vocal, corporal, tiene un efecto sobre es otro hasta que llegará el día en que a propósito, empleará tales recursos con fines comunicativos. Nivel II- Comunicación no-intencional; comportamientos activos.  En términos cronológicos, el segundo nivel de desarrollo de la comunicación abarca, aproximadamente, desde los 2 hasta los 8 meses de edad. Si observamos en este intervalo de tiempo todas las adquisiciones o nuevos aprendizajes que van ocurriendo en la vida del bebé, constataremos que se vuelve cada vez más activo, o sea, cada vez más capaz de organizar procedimientos para explorar el mundo de su alrededor. Pasada la fase inicial de las reacciones reflejas y, principalmente después de una serie de coordinaciones sensorio motoras, como la coordinación mano-boca, la coordinación visión-audición y, principalmente, la coordinación de la actividad manual con la actividad visual, los bebés van demostrando un interés creciente por todo lo que está a su alcance. Las cosas que ve le despiertan el deseo de ser cogidas, las que coge, de ser vistas, oídas y sentidas com la boca y así continuamente. El niño está receptivo para el mundo y quiere experimentarlo, ensayarlo y probarlo, actuar sobre el mismo de todas las maneras (Piaget, 1978). Las personas y las cosas se vuelven centros de gran interés para la exploración y el conocimiento por parte del niño. Podemos agregar también que los progresos de orden motor, como conseguir girar el cuerpo, permanecer sentado, aproximar el cuerpo a objetos, moverse por el suelo arrastrándose o gateando, le permiten una expansión de su área de acción. Mayor interés por los objetos y personas, mayores recursos para interactuar y mayor dominio motor son características importantes de esta etapa. Sin embargo, a pesar de todas estas habilidades, el niño no se muestra capaz de organizar procedimientos comunicativos intencionales, puesto que la diferenciación de sí mismo como sujeto no está aún consolidado. Por otro lado, a pesar de tales limitaciones, se va haciendo cada vez más fácil para el adulto el papel de atribuirle valores comunicativos a los comportamientos de los bebés, en la medida en que ellos intentan sistemáticamente actuar sobre la realidad. No es difícil para un adulto, por ejemplo, al presenciar a su hijo sentado en el suelo, estirando el brazo con la mano abierta, doblando el cuerpo hacia adelante y fijandose atentamente en un objeto que está un poco distante de su campo de aprehensión, concluir que su hijo desea el objeto. El adulto, entonces, coge el objeto y se lo da al niño diciendo “¿Quieres esta bolita?. Toma la bolita”.  El niño quería tomar el objeto directamente. No era su intención mostrarle al adulto cuál era su deseo. Sin embargo, el adulto fue capaz de atribuirle un significado comunicativo a su comportamiento y actuar de acuerdo con su suposición. Podemos imaginar que hechos como éste, cuando ocurren de manera regular,  4 repetitiva, van creando en el niño expectativas de que ciertos comportamientos producen determinados resultados. Puede comenzar a prever resultados y el descubrimiento de sus potencialidades expresivas puede resultar, más tarde, en comunicación intencional, usando recursos gestuales y vocales. Nivel III  –   Comunicación pre-lingüística intencional elemental Este tercer nivel de comunicación pre-verbal está caracterizado por la aparición de conductas comunicativas nuevas y que revelan la intencionalidad del niño. Es decir, motivado por alguna razón, el niño busca medios de comunicar alguna cosa a alguien. Comportamientos de este tipo comienzan a ser observados a partir de los 8 meses de edad, y tal fase se prolonga hasta aproximadamente los 12 meses. El niño dirige comportamientos comunicativos intencionales a otras personas teniendo la noción de que puede usarlas como agentes para actuar sobre las cosas. Para eso, emplea algunos recursos aún elementales para poder actuar sobre el otro. Por ejemplo, el niño puede quedarse mirando alternativamente el objeto que desea y al adulto que está próximo, buscando de esta forma deliberada expresar su deseo de tener acceso al objeto; puede estirar la mano en dirección a aquello que quiere y quedarse mirando alternativamente al adulto y al objeto; puede manipular físicamente al adulto empujando su mano en dirección al objeto que desea ,etc. Tales comportamiento tienden, muchas veces, a ser acompañados de vocalización en la medida en que el niño también va comprendiendo sus posibilidades de utilizar recursos vocales en la comunicación y verificar los efectos que las mismas producen en sus intentos de comunicarse. Como puede ser observado, el comienzo de la intencionalidad está marcado por algunos indicios: el niño dirige actitudes comunicativas a los otros buscando dar comienzo a la interacción o respondiendo a los intentos de los otros; persiste en el comportamiento comunicativo hasta que el adulto responda y permanece aguardando que el otro reaccione a sus esfuerzos. Algunas funciones han sido atribuidas a las actitudes comunicativas de los niños Manolson, 1985; Penner, 1996): 1- Comportamientos con función reguladora, o sea, comportamientos que tienen por objetivo la obtención de algo o la satisfacción de una necesidad. El niño puede estar solicitando una acción o un objeto de parte del adulto, así como puede estar queriendo evidenciar que desea terminar una acción. 2- Comportamientos o actitudes comunicativas que tienen una función social, o sea, cuyo objetivo es atraer la atención del otro sobre sí mismo, o mantener dicha atención. Forman parte de esta categoría comportamientos exhibicionistas y, más tarde, actitudes destinadas a solicitar permiso y a saludar a las personas. 3- Actitudes comunicativas cuya función es la de garantizar un foco de atención conjunto, o sea, el objetivo del niño es el de llamar la atención del otro hacia algo que le despierta su propia atención, buscando compartir tal experiencia. Es como si el niño estuviese haciendo un “comentario” de la situación, aunque sea por medios no verbales. La actitud de pedir informaciones sobre las cosas, que surge más tarde, también forma parte de esta función de obtener atención conjunta. Desarrollar habilidades en el sentido de entrar en sintonía con las otras personas y, junto con ellas, focalizar la atención sobre un mismo objeto o situación sobre la cual actuarán alternando acciones de un modo coordinado, corresponde a patrones de interacción social primarios. Dificultades de atención, pocos recursos para interacción con los objetos y dificultades en la realización de acciones en conjunto son factores que se presentan como agravantes de
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