ANALES DE HISTORIA ANTIGUA, MEDIEVAL Y MODERNA Volumen ISSN

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ANALES DE HISTORIA ANTIGUA, MEDIEVAL Y MODERNA Volumen ISSN Instituto de Historia Antigua y Medieval Facultad de Filosofía y Letras Universidad de Buenos Aires DISTINTAS PERSPECTIVAS
ANALES DE HISTORIA ANTIGUA, MEDIEVAL Y MODERNA Volumen ISSN Instituto de Historia Antigua y Medieval Facultad de Filosofía y Letras Universidad de Buenos Aires DISTINTAS PERSPECTIVAS HISTORIOGRÁFICAS SOBRE EL ORIGEN DE LA PROPIEDAD COMUNAL EN LA PENÍNSULA IBÉRICA Corina Luchía Universidad de Buenos Aires Breves consideraciones iniciales En la presente contribución pretendemos dar cuenta de las distintas tendencias historiográficas que se conformaron desde fines del siglo XIX en torno de la génesis de la propiedad comunal en la Península Ibérica. El problema, lejos de ser una cuestión secundaria cobra relevancia en la medida en que nos permite comprender los procesos de transición del mundo antiguo al feudal y la consolidación del feudalismo como modo de producción dominante. Con lo cual, priorizamos en el análisis aquellos trabajos que sitúan la propiedad colectiva en la configuración de la estructura social de la región. En este sentido, las transformaciones que experimenta el régimen social desde finales del Bajo Imperio, junto con las nuevas formas de organización productiva de los pueblos germanos, confluyen en una singular dinámica estructural que se consolida y cristaliza en formatos institucionales durante el siglo XI 1. Este trabajo historiográfico es un derivado de una investigación más vasta sobre la propiedad comunal en los siglos bajomedievales y temprano modernos, en el curso de la cual advertimos la necesidad de revisar la producción existente acerca de los orígenes de este tipo de propiedad, en tanto las interpretaciones posteriores recibieron su fuerte influencia. La propiedad comunal: Entre lo histórico y lo tipológico Las diversas interpretaciones sobre el origen de la propiedad comunal expresan niveles de análisis diferenciados. Por un lado, una dimensión histórica, y por otro, una tipológica. La primera se refiere a la ubicación cronológica del surgimiento de los usos comunales en las distintas etapas de desarrollo, desde las épocas prerromanas, los sucesivos estadios de evolución de Roma -República, Imperio-, la llegada de los pueblos bárbaros que trasponen el limes romano, la conformación de los reinos romano germánicos, la invasión árabe a la península, la conquista cristiana, hasta la constitución de este modo singular de organización sociopolítica que son los concejos castellanos. Los diferentes autores inscriben el origen de los espacios comunales en algunas de estas situaciones históricas. 1 Destacamos la relevancia que ha cobrado en la actualidad la discusión de los problemas de estructuración social, entre los cuales la categoría de modo de producción resulta central, en tanto está sometida a debate la interpretación de un régimen feudal surgido en el año mil como producto de una mutación que imprimiera un cambio radical a las estructuras sociales europeas. Véase BOIS, G. La revolución del año mil, Grijalbo, Barcelona, 1997; BARTHELEMY, D., The feudal revolution, BISSON, T., Past and present, 142, 152, 1994 y 1996, respectivamente, Ídem., La mutation de l an mil a-t-elle en lieu?, Fayard, París, 1997. 2 Por su parte, la dimensión tipológica quizá sea la más compleja, ya que no responde a una identificación de orígenes concretos, sino a una modalidad de organización social, no limitada a un pueblo en particular, dentro de la cual la propiedad es un elemento determinante. De este modo, por ejemplo, cuando se habla de propiedad germánica, no se remite a la forma de apropiación de un agrupamiento humano particular, sino a una característica estructural, a un tipo de morfología social identificable en diversos concretos históricos. Sin embargo, esta dualidad interpretativa no se presenta pura, ambos planos de análisis concurren en los distintos trabajos reseñados, tornándose dificultosa una aprehensión conceptual diferenciada del objeto de estudio. Como característica general de las contribuciones sobre el tema, se destaca la débil presencia de las prácticas efectivas que dotan de carácter real a un espacio dado. Este enfoque está ausente, aún cuando se mencionen usos concretos, ya que estos aparecen como resultado de la condición comunal de una tierra y no como determinación de la misma. Esta orientación dominante de los trabajos, constituye a nuestro entender una de las principales limitaciones que dificultan la comprensión global del fenómeno de apropiación colectiva. A su vez, la definición misma del comunal de la cual parten los autores resulta ambigua e incompleta, tornándose ineficiente para la explicación de los procesos históricos. Son numerosas las acepciones que se proponen, con lo cual las distintas perspectivas historiográficas parten de una categoría sobre cuyo significado y contenido no existe consenso. Acerca de la categoría de comunal El análisis de la historiografía sobre lo que genéricamente se denomina propiedad comunitaria, demanda una serie de precisiones respecto de los orígenes históricos específicos, así como de la propia categoría de comunal. En cuanto a la génesis histórica de la propiedad y de los usos comunales, las diferencias se acentúan. Aquellos investigadores que remontan, de manera exclusiva el surgimiento de los bienes comunales a la etapa que sucede a la conquista cristiana, establecen un corte con las formas precedentes de apropiación colectiva de la tierra. Es el caso de Vassberg, según el cual la propiedad comunal se encuentra estrechamente relacionada con los cambios del patrimonio real en el período posterior a la lucha contra el Islam. El derecho de presura -jus adscripsionis-, originado en la entrega de tierras a los soldados, es un derivado de formas de propiedad privada, pese a que esa tierra tomada libremente siguiera perteneciendo al dominio regio, y por lo tanto no se hallara sometida aún a un control particular absoluto. Junto a esta división de las tierras públicas coexiste el derecho de explotación comunal de las realengas de menor calidad que al no haber sido objeto de repartos particulares, están disponibles para el usufructo del pueblo 2. Tanto el derecho de presura como el de pastoreo en tierras indivisas, está sancionado por los sucesivos fueros generales de España que se establecen luego de la derrota musulmana y constituyen la recuperación de un derecho tradicional de los francos. Vassberg, en coincidencia con Sánchez Albornoz, hace confluir en el estudio de la legislación foral, elementos de las dos tradiciones, la romana y la germana. Coincidentemente, Argente del Castillo, siguiendo a Nieto García y Beneyto Pérez, sostiene que a partir de esta doble influencia, los suelos incorporados al reino castellano luego de la Reconquista se consideraban propiedad real, pudiendo el monarca disponer de ellos, tanto para su reparto en dominio privado como 2 VASSBERG, D., D., La venta de tierras baldías. El comunitarismo agrario y la Corona de Castilla durante el siglo XVI, Servicio de Publicaciones Agrarias, 1983, p.28. 2 3 para su entrega a la comunidad de vecinos. En este último caso, la Corona cede el dominio útil al concejo, pero se reserva su dominio eminente 3. Por su parte Rafael Altamira en su extensa obra de finales de siglo XIX sobre la historia de España, señala que la constitución jurídica de la propiedad territorial expresada en la legislación foral castellana leonesa, tiende a mantener las tierras comunales para su disfrute por los vecinos, a la vez que impulsa el interés individual como medio seguro de que adelantasen la agricultura y la repoblación... concediendo la propiedad de los terrenos nuevamente roturados a quien los redujese a cultivo 4. Manteniendo la noción de una propiedad comunal subsumida en la categoría general de dominio público, aunque ya interferida por el proceso de constitución de los poderes feudales, Cárdenas advierte que la Monarquía adquiere sobre las tierras ganadas a los musulmanes una propiedad alodial, pese a que sólo posea aquellas que efectivamente ocupa, en otras palabras se trata de un dominio más potestativo que actual. Mientras tanto el resto de las tierras son cedidas a los distintos niveles de la jerarquía feudal que se está configurando: Los derechos de los condes formaban un cierto patrimonio que adquirió después todos los caracteres de la propiedad. Los condes eran los dueños de las tierras no entregadas al dominio particular en sus propios condados, de las aguas y montes públicos 5. Desde la perspectiva de la dinámica histórica de las áreas repobladas tras la conquista castellana de la península, Martínez Guijón, García Ulecia y Clavero Salvador, consideran que se reservan extensiones de tierra y otros bienes rústicos (en general los de peor calidad y los más alejados) para uso común de los vecinos de cada nuevo núcleo de población. Con el tiempo se convertirán en patrimonio de los concejos y tomarán el nombre de bienes comunales específicamente 6. En esta misma orientación, Nieto García señala que a partir del siglo XIII la asignación particular de tierras a los repobladores se combina con el reparto de suelos para el uso común que se constituirán en bienes comunales 7. La discusión sobre la génesis remite a la que existe en torno del propio nombre, cuya vaguedad e imprecisión conlleva grandes dificultades, apreciándose un cuadro abigarrado de situaciones que expresan la falta de acuerdo sobre el objeto del cual se está rastreando su origen. Propiedad comunal, comunitaria, colectiva, pública, municipal, abierta, libre, son algunas de las expresiones empleadas por los autores para referirse a este tipo de suelos. No es éste el lugar para unificar esta diversidad, en tanto consideramos que no debe caerse en una discusión nominalista que no permite dar cuenta de las relaciones económicas y sociales reales que caracterizan a los espacios comunales 8. 3 ARGENTE DEL CASTILLO, C., La utilización pecuaria de los baldíos andaluces. Siglos XIII-XIV, AEM, 20, 1990, pp. 437,443, 444, Por lo general, las tierras labrantías eran las únicas que pertenecían en derecho propio a los individuos o a las familias. Los montes, bosques, prados naturales y terrenos sin roturar, correspondientes a los municipios, o realengos, eran comunes, es decir, de disfrute común para los vecinos... forma de propiedad o disfrute muy frecuente en la zona que va de Asturias a Extremadura , ALTAMIRA, R., Historia de España y de la civilización española, Tomo I, Madrid,1899, p de CÁRDENAS F., F. Ensayo sobre la historia de la propiedad territorial en España, Madrid, 1873, p MARTÍNEZ GUIJÓN, JM., GARCÍA ULECIA, A. y CLAVERO SALVADOR, B., Bienes urbanos de aprovechamiento comunal en los derechos locales de Castilla y León, Actas del III Symposium de Historia de la Administración, Madrid, IEA, 1974, pp NIETO GARCÍA, A., Ordenación de pastos, Hierbas y rastrojeras, Madrid, Los problemas de terminología despiertan el interés lógico en los filólogos, pero obstruyen la tarea del historiador cuando éste se pierde en los laberintos inconsistentes de la nominalística. Si bien para algunos historiadores del derecho la importancia del término es central, para los historiadores sociales lo es en tanto las diferencias terminológicas halladas en los documentos sean producto de realidades concretas diversas, ya que el derecho no es ajeno ni exterior a las prácticas que le dan existencia. 3 4 Las múltiples formas que aluden a una propiedad diferente de la privada, se relacionan con una compleja trama de prácticas productivas 9. En este punto son de indudable interés las acciones que los sujetos ejercen recurrentemente sobre el medio natural y que otorgan el carácter comunal a un bien. Los autores reseñados aluden a la caza, la roza, el apacentamiento de ganado, la utilización de los cursos de agua, de los molinos y la obtención de leña, como los principales aprovechamientos que se realizan sobre los términos considerados comunitarios. Sin embargo las coincidencias en la descripción de las prácticas se diluyen al conceptuar el tipo de propiedad. Como ejemplo, es interesante la polisemia del término baldío 10. Para Costa son sinónimo de tierras de aprovechamiento común en las cuales está autorizado el escalio 11. Vassberg, por su parte, considera este tipo de suelo como tierras realengas disponibles para el uso comunal 12, mientras que Martínez Moro caracteriza a los baldíos como bienes reales de dominio eminente compartido y usufructo adscrito al conjunto de los vecinos y moradores de la villa y tierra 13. Cuadrado Iglesias concibe al baldío como todo terreno inculto dentro de la jurisdicción concejil que aún no ha sido distribuido entre los pobladores, pero que en principio permanece fuera de los denominados bienes comunales en sentido estricto 14. En esta línea, Lalinde Abadía, señala que los baldíos son suelos no cultivados, sin titular dominical expreso, pero que a través de la costumbre suelen ser aprovechados en común por los vecinos, integrándose en cierta forma, de una manera transitoria entre los bienes de uso comunal, aunque no lo fueran desde el punto de vista jurídico, siendo éste de los escasos trabajos que recuperan la centralidad de las prácticas en la definición de este tipo de propiedad 15. Argente del Castillo sostiene una clara y tajante distinción entre baldíos y comunales, ya que en los primeros se daría un intenso y directo dominio eminente del monarca, que limitaría la libre disponibilidad por parte del concejo, por ello los conceptualiza como suelos semipúblicos 16. Por el contrario, Monsalvo Antón define el baldío como las tierras comunales netamente pastoriles, alejadas de los núcleos poblados sobre las que avanza a partir del siglo XI el proceso roturador de apropiación y deslinde de heredades 17. Sin embargo, no lo concibe como una propiedad enteramente comunitaria y libre de restricciones privadas. Este aspecto es indicativo de la tensión permanente entre lo privado y lo colectivo que objetiva un tipo de bien en el que conviven tierras del pueblo, 9 Es en esta compleja estructura relacional que se configura la organización del espacio rural, cuya dinámica está determinada por condicionamientos materiales, iniciativas privadas y la acción del poder político, lo cual conforma en su totalidad la racionalidad de la organización del terrazgo, MONSALVO ANTÓN, J. M., El sistema político concejil. El ejemplo del señorío medieval de Alba de Tormes y su concejo de Villa y Tierra, Salamanca, Con lo cual las prácticas productivas que atraviesan la existencia de los términos comunales se constituyen en el cruce de estos tres niveles. 10 VASSBERG, D., op. cit., 1983, pp.29-30: La etimología de la palabra baldío es problemática. Es posible que derive del arábigo balda o batil, significando inútil, sin valor o en vano. Pero Salomon propone otra solución, acaso más factible: los moros de Andalucía tenían la palabra ba l para tierra secana. En todo caso, las tierras baldías generalmente eran inútiles (o por lo menos sin utilizar) como secanas, cualquiera de las dos soluciones es posible. Un significado distinto de la palabra balda es utilizado por Miguel Caxa de Leruela, según el cual las tierras se llamaron baldías porque no se cobraba renta (valor) por su uso. 11 COSTA, J., Colectivismo Agrario de España, Ed. Américalee, Bs. As., 1944, p VASSBERG, D., op. cit. 13 MARTÍNEZ MORO La tierra en la comunidad de Segovia, un Proyecto señorial urbano ( ), Univ. de Valladolid, 1985, p CUADRADO IGLESIAS, M., Aprovechamiento en común de pastos y leñas, Madrid, 1980, p LALINDE ABADÍA, Comunitarismo agropecuario en el reino de Aragón, HID, 5, 1978, pp ARGENTE DEL CASTILLO, C., op. cit. 17 MONSALVO ANTÓN, J. M., op. cit. 4 5 junto a otras sustraídas al dominio público por agentes particulares 18. Dicha tensión dará origen a constantes disputas entre los distintos actores que constituirán la dinámica de la propiedad común desde los primeros siglos medievales 19. De estas cuestiones se desprenden dos problemas generales. Por un lado, lo comunal no se identifica plenamente con lo público, muchos espacios sometidos a jurisdicción privada, como los territorios aldeanos señorializados, conservan sus posesiones comunitarias. Por otro, lo comunal no es antítesis excluyente de lo privado, ya que ambas categorías se confunden y determinan recíprocamente. Este es el caso de la práctica consuetudinaria, devenida derecho en la época foral, de la derrota de mieses 20. La amplia permanencia de este uso expresa la imposibilidad, en los primeros siglos medievales, de establecer una diferenciación excluyente entre bienes atravesados por ambas formas de apropiación. La primacía de una u otra, depende de la costumbre y del balance de fuerzas reales que resulta del conflicto entre los distintos segmentos sociales 21. El carácter conflictivo de la propiedad comunal demanda situar cuidadosamente el objeto, atendiendo a las condiciones específicas de apropiación de los suelos por los diversos beneficiarios, lo cual repele toda definición abstracta y deshistorizada. Si bien en el plano jurídico, propiedad comunitaria, por un lado, y usos y aprovechamientos comunales, por otro, remiten a derechos diferenciados, en el de las prácticas sociales se confunden en un mismo y complejo objeto real. La propiedad comunal en sentido amplio no responde a criterios de delimitación física o ecológica, sino a un conjunto de usos consuetudinarios sobre los cuales la acción del jurista hace efectiva la distinción entre derechos efectivamente entrelazados. En las sentencias de los jueces regios se enfatiza esta dualidad, en tanto se sanciona el derecho de propiedad diferenciándolo del de posesión y aprovechamiento. Sin embargo, la tensión entre propiedad y usufructo no es producto de la dimensión jurídica, sino de la complejidad del objeto mismo. Para Reyna Pastor, en el período de asentamiento de las primeras comunidades campesinas, quedó demarcado un ámbito comunal de ocupación y explotación colectiva de la tierra y otro de ocupación familiar que crece progresivamente por medio de las presuras individuales, a expensas del primero. Por ello se insiste en que si bien en el caso de las dehesas, propiedad y uso permanecen formalmente comunes, su aprovechamiento real quedó efectivamente dividido en extensiones delimitadas por cada familia campesina 22. En los períodos de formación del feudalismo peninsular, existe una fuerte consubstanciación entre propiedad y uso. Así es como entre los miembros de las 18 VASSBERG, D., op. cit., p Como señala CABRERA MUÑOZ, E., el movimiento de enajenaciones ilegales de comunales, demanda una casuística exhaustiva dada la permanente diversidad de condiciones de los protagonistas de estas acciones, Usurpación de tierras y abusos señoriales en la Sierra Cordobesa durante los siglos XIV y XV, Actas del I Congreso de Historia de Andalucía, Córdoba, Según sostiene JOAQUÍN COSTA, la derrota de mieses es una reliquia semicolectiva de un estadio anterior al supuesto colectivismo total de la agricultura- tesis que nos resulta claramente discutible- Cuando los castellanos se apoderaron de Granada, la derrota de mieses se extiende a las tierras conquistadas por los cristianos. Al describir esta práctica, Costa expone los principios del socialismo colectivista al cual adhiere en los siguientes términos: La tesis de la que parte el socialismo colectivista es que nadie tiene derecho a apropiarse y monopolizar la naturaleza producida sin intervención del hombre. Sólo tiene derecho a apropiarse lo que es fruto del trabajo, para concluir que la derrota de mieses representa una fase en la evolución de la propiedad territorial, en tanto es una alternativa entre la propiedad individual y el disfrute colectivo, entre el campo acotado y el campo abierto, op. cit., pp. 370 a A propósito de esta confusión de derechos, MARTÍNEZ MORO, J. op. cit., indica que la convivencia de derechos paralelos con titularidad desdoblada sobre un mismo objeto provocó una situación problemática y accidentada, que se intensifica al avanzar la Edad Media. 22 PASTOR, R., Resistencias y luchas campesinas e
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