Alguna precisión sobre las nuevas tecnologías y la democracia deliberativa y participativa

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Alguna precisión sobre las nuevas tecnologías y la democracia deliberativa y participativa
  http://idp.uoc.edu 3 IDP Número 6 (2008) I ISSN 1699-8154Revista de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC José Luis Martí  Universitat Oberta de Catalunya Monográfico «La democracia electrónica» ARTÍCULO Alguna precisión sobre las nuevas tecnologías y la democracia deliberativa y participativa José Luis Martí  Fecha de presentación: diciembre de 2007Fecha de aceptación: enero de 2008Fecha de publicación: febrero de 2008 Resumen Este artículo pone de manifiesto que la participación democrática es deseable con tal de que sepueda promover una participación de calidad, y esto implica un compromiso normativo impor-tante con la idea de deliberación democrática. Por lo tanto, se defiende una visión de la democra-cia participativa vinculada al ideal de la democracia deliberativa que disfruta actualmente de unagran repercusión académica en todo el mundo. Todo esto se hace desde una perspectiva aplicadaal campo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Como corolario de estaidea, se proporcionan algunas reflexiones generales que deberían guiar el diseño institucional demecanismos de participación. El artículo acaba analizando el caso de la campaña del Ayunta-miento de Barcelona « ¿Y tú que harías? » , para fomentar la participación democrática sobre elcontenido del próximo Plan de actuación municipal de la ciudad, concluyendo que se trata de unacampaña muy mal diseñada que infringe buena parte de las consideraciones generales antes iden-tificadas. Palabras clave democracia, participación, participación de calidad, tecnologías de la información y la comunicación(TIC), democracia participativa, democracia deliberativa, diseño institucional Tema Democracia digital Título srcinal: Alguna precisió sobre les noves tecnologies i la democràcia deliberativa i participativa  4 http://idp.uoc.eduIDP Número 6 (2008) I ISSN 1699-8154Revista de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC Alguna precisión sobre las nuevas tecnologías y la democracia deliberativa y participativa José Luis Martí  Universitat Oberta de Catalunya Clarification of new technologies and deliberative and participatory democracy  Abstract This article highlights the fact that democratic participation is desirable with the condition that quality participation is promoted, thus implying a major regulatory commitment towards democratic deliberation.Therefore, a vision of participatory democracy is defended, a vision linked to deliberative democracy whichis currently having great academic impact all over the world. This is from a perspective applied to the areaof information and communications technologies (ICT). As a corollary of this idea, several general thoughtsare given as a guide to public institutions designing the mechanisms of participation. The article ends withan analysis of the Barcelona City Council campaign "¿Y tú que harías?" (What would you do?), set up tostimulate democratic participation of the city's Municipal Action Plan, reaching the conclusion that thecampaign was inadequately designed and violates many of the general issues identified previously. Keywords democracy, participation, quality participation, information and communication technologies (ICT), participatorydemocracy, deliberative democracy, public institution design Topic Digital democracy So n muchas las confusiones que rodean el campo de lademocracia digital, democracia electrónica o e-democra-cia. Además de los desacuerdos conceptuales, completa-mente normales en un ámbito y una disciplina que todavíase encuentra en una fase muy incipiente y en permanentetransformación, nos encontramos con un gran número dedesacuerdos sustantivos sobre la finalidad a la que debenservir las nuevas tecnologías, sobre de qué manerapueden ser útiles a la mejora de la gobernancia y lademocracia, y sobre cuál es la mejor forma de articular suaplicación. Pero no se acaba aquí el srcen de los proble-mas. Existe también una creencia generalizada entre losllamados «expertos» de la democracia digital, a menudotécnicos de participación o expertos en tecnología, de quelo que importa para el desarrollo de este ámbito es lapráctica misma, el diseño de mecanismos de participacióndigital, y que la teoría no hace sino confundir todavía másla situación. Pero lo que produce este desprecio por lareflexión teórica es un aumento de la incertidumbre y delos desacuerdos conceptuales, la falta de un canon de pri-oridades y de principios de diseño institucional, y unacierta anarquía práctica en el desarrollo de las experien-cias de democracia digital.Si añadimos, aún, el hecho de que la mayoría de las insti-tuciones políticas que se encuentran detrás de gran partede las experiencias que se realizan se suman al movi-miento global en favor de este tipo de mecanismos máspor una obligación mediática que por genuino convenci-miento, y que cuando lo hacen su apoyo es, en el mejor delos casos, ambiguo, entenderemos que el análisis rigurosodel estado de la democracia digital en el mundo nos llevea resultados bastante decepcionantes. 1  Esta falta de com-promiso político hace que las experiencias se acaben dise-ñando de una manera que afecta poco a las institucionesy procesos ordinarios, y que se opte generalmente porpequeñas intervenciones más que por grandes transfor-maciones sociopolíticas. Hecho éste que pocas veces es 1.Puede verse una panorámica de las experiencias de democracia participativa digital del ámbito local en el mundo en MARTÍ y BELTRÁN (2007).  5 http://idp.uoc.eduIDP Número 6 (2008) I ISSN 1699-8154Revista de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC Alguna precisión sobre las nuevas tecnologías y la democracia deliberativa y participativa José Luis Martí  Universitat Oberta de Catalunya criticado porque, entre otras razones, la mayor parte delos expertos que estudian este ámbito trabajan directa-mente, o mediante consultoría, para la Administraciónpública.De todas estas consideraciones, la que me interesa espe-cialmente ahora es la falta de reflexión teórica, porque enalgún sentido es previa a todas las demás cuestiones.Como se dice a menudo, la aplicación de las nuevas tecno-logías (TIC) en el ámbito de la política o, concretamente,de la democracia, en sí misma no es ni buena ni mala,dado que la tecnología no es intrínsecamente valiosa. Sinos importa este terreno de aplicación es por lo que ins-trumentalmente pueden aportar las TIC para conseguir omejorar los objetivos u horizontes que nos hemos mar-cado. 2  Y eso presupone, obviamente, que conocemos cuá-les son dichos horizontes. Si lo que queremos es unademocracia representativa como la que ya tenemosactualmente en los países desarrollados, entonces el tipode TIC y de mecanismos y experiencias que debemos pro-mover es uno determinado. Si, en cambio, queremosconstruir una democracia participativa y deliberativa,como otros señalan, entonces tendremos que favorecersin duda otro tipo de TIC y de mecanismos. El debate teó-rico normativo es, en este sentido, previo. Y por supuestomucho más complejo de lo que acabo de mencionar. Den-tro de cada una de estas dos opciones hay muchas consi-deraciones normativas importantes, y todas y cada unade ellas tienen implicaciones relevantes para el diseño demecanismos de aplicación de las TIC en el ámbito demo-crático. No es posible hacer un diseño institucional en elaire. Y, contra lo que muchos políticos de nuestro tiempoafirman orgullosos, las actitudes pragmáticas que ignoranla reflexión teórica no harán más que incrementar lasincongruencias e ineficiencias de nuestras institucionespolíticas.Uno de los resultados evidentes de la indefinición teórica,de la falta de acuerdo en estas cuestiones, y directamentedel desprecio por la teoría, es que muchas de las expe-riencias de participación que, con grandes costes econó-micos y personales, se llevan a cabo en diferentes lugaresdel planeta fracasan o no sacan el provecho que podríany, lo que es peor, en vez de colaborar en el desarrollo dela democracia digital contribuyen a la confusión y a sudesprestigio. En la última parte de este artículo describiréuna de estas experiencias que desde mi punto de vista esparcialmente errónea: la que ha llevado a cabo reciente-mente el Ayuntamiento de Barcelona permitiendo y cana-lizando la participación ciudadana para configurar el Plande Actuación Municiapal (PAM). Democracia y participación Los últimos 200 años han sido un largo camino de conso-lidación de la democracia representativa, básicamente enEuropa y en Estados Unidos. A menudo se olvida que eneste proceso algunas de las conquistas se han alcanzadohace relativamente poco tiempo. La democracia haestado siempre en evolución permanente. Y algunos delos rasgos fundamentales de las democracias contempo-ráneas que ahora parecen más esenciales de la mismaidea de democracia se alcanzaron en realidad hace pocasdécadas. Así, el sufragio universal, con el voto de lasmujeres, no llegó a la mayoría de los países hasta el siglo XX .Y, de hecho, algunos estados muy desarrollados tardarontodavía muchos años a incorporar este voto. Es el caso deSuiza, que no lo hizo hasta 1971. La democracia tal comola conocemos actualmente es una construcción recienteresultado de una serie interminable de transformaciones,siempre dirigidas a aumentar la legitimidad democráticade los sistemas de gobierno. Por ello resultaría muyextraño afirmar que esta democracia ya no puede conti-nuar evolucionando hacia formas todavía más legítimasde gobierno, especialmente en el momento actual, en elque los conocimientos científicos y tecnológicos han pros-perado tanto que se han producido profundos cambiossociales y culturales. El ámbito político no es un reductoaislado y protegido del impacto de este motor de cambiosocial que llamamos «tecnología».En este contexto es donde se puede afirmar que hoy endía estamos viviendo una nueva transformación, un pro-ceso de progresiva implantación de mecanismos partici-pativos que, al menos en un futuro inmediato, no aspirana sustituir por completo el sistema representativo exis-tente, heredado de las estructuras del siglo XIX , sino acomplementarlo y enriquecerlo con una fuente mayor delegitimidad. Los espacios de participación democrática 2.SUBIRATS (2002); PEREZ LUÑO (2004); CANALS y MARTÍ (2003).  6 http://idp.uoc.eduIDP Número 6 (2008) I ISSN 1699-8154Revista de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC Alguna precisión sobre las nuevas tecnologías y la democracia deliberativa y participativa José Luis Martí  Universitat Oberta de Catalunya todavía son pocos, y tienen un impacto relativo. Peroactualmente no hay ninguna administración estatal,autonómica, provincial, o local suficientemente significa-tiva que no haya puesto en marcha, o prevea hacerlo enun plazo próximo, o detecte al menos la necesidad de hac-erlo, programas de participación democrática. La democ-racia participativa se puede ver, por lo tanto, como unaevolución de las democracias representativas de partidosdesarrolladas a lo largo del siglo xx. El principio de fondoes que la legitimidad política mayor que puede recibir unadecisión pública es la que el conjunto de la ciudadanía,después de una participación racional y esmerada, puedeconferir mediante su voluntad soberana. En la medida enla que pueda garantizarse una participación democráticade calidad, ya no queda ninguna excusa para no abrir losespacios complementarios necesarios de participación. Hecho histórico, cantidad y calidad Por primera vez en la historia reciente, y gracias aldesarrollo de las TIC, se ha producido un hecho histó-rico que revoluciona alguna de las tesis centrales de lateoría de la democracia moderna. Desde que la demo-cracia fuera inventada en la Atenas clásica y aplicadade una manera más o menos directa hasta la actuali-dad, la representación política siempre ha sido conside-rada necesaria. 3  Los ciudadanos, por pocos que fueran,siempre han necesitado de personas encargadas espe-cialmente de tomar las decisiones y ejecutarlas. A ojosde muchos pensadores conservadores, esta represen-tación hacía posible el objetivo de «filtrar» las prefe-rencias desnudas de la ciudadanía, así como frenar laspasiones y las irracionalidades del pueblo. Pero conindependencia de este otro argumento, lo cierto es quelos teóricos modernos y contemporáneos de la demo-cracia han coincidido siempre en la idea de la necesi-dad de la representación. La representación era, si sequiere, un mal necesario, inevitable. Así que, para bieno para mal, la participación democrática ciudadana nose ha podido plantear nunca como otra cosa que comocomplemento de las estructuras de gobierno represen-tativas. Sin embargo, por primera vez en la historia,todo eso ha dejado de ser verdad. Por primera vez, lademocracia directa ya es física y tecnológicamenteposible. Y, de hecho, ni siquiera sería más cara que elactual sistema representativo.El presupuesto que actualmente gastamos en España enmantener las estructuras representativas (Cortes Generales,parlamentos autonómicos y consistorios municipales), encaso de ahorrarlo, sería suficiente para cubrir el coste deproporcionar a cada ciudadano un aparato de comunicaciónsimilar a un teléfono móvil, mediante el cual cada día sepodría realizar consultas o referendos diarios al conjunto dela ciudadanía, que aprobaría o rechazaría una propuestalegislativa. Pronunciarse sobre las 62 leyes que durante el2007 se aprobaron en el Congreso de los Diputados, las 15leyes aprobadas por el Parlamento de Cataluña (datos deprincipios de diciembre) y las decenas de acuerdos y orde-nanzas de un pleno municipal, es decir, pronunciarse sobreno más de 200 decisiones, que equivalen a una consulta dia-ria con excepción de los fines de semana y festivos, es uncoste de tiempo perfectamente asumible. Es probable que laparticipación fuera suficientemente alta, al menos en unprincipio. Se podría instaurar, por lo tanto, una auténticademocracia directa.Es evidente que una organización política como ésta esindeseable. Un modelo de democracia como éste no lodefendería a nadie, porque es evidente que la participaciónpolítica que conseguiríamos sería, en general, de muy bajacalidad. La mayoría de los ciudadanos no tienen por quétener los conocimientos suficientes de todos los temas com-plejos y muy variados sobre los cuales una asamblea legisla-tiva toma decisiones continuamente. El coste departicipación sería bajo pero el de información altísimo. Endefinitiva, lo que la ciudadanía pudiera establecer mediantesu participación tendría muy poco o ningún valor, y las prob-abilidades de tomar decisiones erróneas serian elevadísi-mas. Pero pongo este ejemplo porque este hecho histórico,el hecho de que la democracia directa ya sea posible, mues-tra una conclusión que resulta absolutamente crucial para laforma en que pensamos la democracia y, por lo tanto, parael diseño institucional que debe derivarse de ella: la partici- 3.En Atenas y otras ciudades griegas de la época clásica había diversas estructuras representativas que coexistían con la asamblea,que era el órgano de participación directa. De hecho, la asamblea misma era muchas veces inoperativa, y la mayoría de las deci-siones importantes a menudo eran tomadas por otros órganos, que eran en algunos casos representativos, y en otros directa-mente no democráticos.  7 http://idp.uoc.eduIDP Número 6 (2008) I ISSN 1699-8154Revista de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC Alguna precisión sobre las nuevas tecnologías y la democracia deliberativa y participativa José Luis Martí  Universitat Oberta de Catalunya pación democrática no nos importa en sí misma, desvincu-lada de unas mínimas condiciones de ejercicio racional de laautonomía pública; lo que nos importa no es única ni primor-dialmente la cantidad de la participación democrática, sinosobre todo su calidad.Si nuestro modelo de democracia tuviera por objetivoincentivar la mera participación cuantitativa de laciudadanía en la toma de decisiones, nada sería másfácil que imponer normas de participación obligatoria.Haciendo, como se hace en otros países, que el voto enlas elecciones fuera obligatorio. O aún más: que losciudadanos estuvieran obligados a invertir un día al mesen votar los referendos que hiciera falta. Al fin y al cabo,el Estado ya obliga a los ciudadanos a concurrir comomiembros de los jurados populares cuando les toca porsorteo. Pero a diferencia de otros deberes y obligacionesde los ciudadanos para con el Estado, generalmente con-sideramos que la participación política debe reunir ciertascondiciones y garantías de calidad que son contradicto-rias con la obligatoriedad de su ejercicio. La gente debetener el derecho efectivo a participar si así lo desea, ydebe tener el tiempo necesario para examinar con rigor lainformación relevante para tomar la decisión. Lo quehemos de conseguir es generar espacios de participaciónen los que la ciudadanía pueda hacer contribuciones decalidad, y por lo tanto pueda haber deliberación y reflex-ión suficientes que garanticen la calidad de la partici-pación. Y éste es el objetivo de algunos modelos dedemocracia que se han preocupado especialmente por loque llamo la «calidad reflexiva de la participacióndemocrática». El gran reto que plantea el hecho históricomencionado es el de saber qué tipo de participación que-remos y cuál es el objetivo concreto que imponemos a lasTIC al servicio de la democracia. Democracia deliberativa y TIC La democracia deliberativa es uno de los modelos teóri-cos de democracia que más impacto ha tenido en las últi-mas décadas tanto en el ámbito anglosajón como demanera creciente en el europeo continental. Filósofos comoJürgen Habermas, Joshua Cohen, Philip Pettit, BernardManden, Amy Gutmann o Dennis Thompson, e indirecta-mente John Rawls, han sido vinculados a esta teoría. Peroson sólo la punta de lanza de un conjunto inacabable de teó-ricos, politólogos y técnicos que han mostrado su apoyo aesta forma de plantear la democracia. 4  La idea central de lademocracia deliberativa es que las decisiones políticas sóloson legítimas cuando son el resultado de una amplía delibe-ración democrática que implica, por una parte, la participa-ción de todos los potenciales afectados y, por otra, laposibilidad de presentar, discutir y aceptar o rebatir losargumentos que cada uno pueda presentar en favor y encontra de las diferentes alternativas de decisión.Esta deliberación democrática se articula en una estruc-tura doble: en primer lugar, debe producirse en un nivelinstitucional, haciendo que los órganos representativosactuales y los procedimientos decisorios existentes sean lomás democráticos y deliberativos que se pueda, y creando,cuando eso sea posible, nuevos espacios y mecanismos departicipación y deliberación democrática complementar-ios; y, en segundo lugar, la deliberación pública debepoder desarrollarse libre e informalmente en la esferapública no institucional, la compuesta por los medios decomunicación, por la acción de la sociedad civil organizadao no organizada, las escuelas, las iglesias o los sindicatos,así como por los debates y discusiones que los ciudadanosllevan a cabo en cualquier escenario público.Es evidente que, si adoptamos un modelo como éste, lasTIC pueden ser muy útiles para fomentar la deliberacióndemocrática tanto en el ámbito institucional como en laesfera pública no institucional, como de hecho ya estásucediendo. La deliberación o argumentación se basa enla idea de que cada cuestión política sobre la que debetomarse una decisión es susceptible de ser analizadaracionalmente y de que se pueden presentar razones oargumentos en favor de una decisión o de otra que lahagan objetivamente mejor. Por lo tanto, conviene distin-guir cuidadosamente la deliberación tanto de la negoci-ación política como del simple voto emitido por laciudadanía. No hay duda de que la negociación tiene unlugar en la democracia, dado que no siempre es fácilencontrar una decisión consensuada racionalmente. Peroel lugar que ocupa actualmente, tan central, es sin duda 4.Un panorama casi completo de la teoría puede verse en las siguientes compilaciones de artículos: BOHMAN y REHG (1997); ELSTER(1998); MACEDO (1999); FISHKIN y LASLETT (2003); BESSON y MARTÍ (2006) .
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