Aguilar - Capítulo 6 (El Arte de Clasificar a Los Chilenos) [UDP](1)

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Sociología, Estratificación social a partir del consumo en Chile
     131 CAPÍTULO 6 PRINCIPIOS DE DIFERENCIACIÓN MATERIAL Y SIMBÓLICA EN LA ESTRATIFICACIÓN SOCIAL OMAR AGUILAR 1. CLASES, ESTAMENTOS Y ESTRATOS: CRITERIOS MATERIALES Y SIMBÓLICOS Los esfuerzos que la sociología hiciera desde sus inicios por establecer cri-terios que permitieran clasificar adecuadamente a individuos y grupos desde el punto de vista de la desigualdad y la diferenciación social, llevaron a la búsqueda de las medidas empíricas más adecuadas para tales efectos. Para las teorías que se inspiraban en las ideas planteadas por Marx, los indicadores de la posición de clase correspondían a aquellos que permitieran determinar el tipo de relación que los individuos o agentes establecían con los medios de producción. No obstante, el desafío que representaba poder llegar a determi-nar dicha relación a partir de los datos disponibles mediante el uso de censos o encuestas era bastante grande. De hecho, de este tipo de problema teórico-metodológico en torno a la identificación empírica de las clases en un sentido marxista surgieron innovaciones como la de Wright, en torno a las posiciones contradictorias de clase (Wright, 1983), y la idea de las explotaciones múlti-ples (Wright, 1994). Para las teorías inspiradas en las ideas desarrolladas por Max Weber sobre las clases sociales, los indicadores apropiados para la me-dición empírica de las clases correspondían a la situación de los agentes en el mercado, especialmente en el mercado laboral, pues es el espacio económico más determinante del destino de vida personal en las sociedades modernas. En este último caso, se consideraba como un buen indicador la ocupación de los individuos, porque se entendía que ella determinaba las oportunidades que tendrían éstos en términos de destino personal y acceso a bienes y servi-cios. Para las teorías que vieron en Weber una alternativa frente al marxismo, y en especial la lectura que de él hicieron algunos sociólogos norteamerica-nos, lo fundamental era contar con indicadores de posición de clase en los tres ámbitos o dimensiones que Weber había visto en el fenómeno de las clases: la dimensión económica, la política y la social. Convencionalmente, se entendió que el ingreso, la autoridad y el prestigio constituían indicadores apropiados. Sin embargo, la teoría de Weber era bastante más compleja que eso y requería manejar varias distinciones simultáneamente para dar cuenta  132 de la forma en que se organiza la desigualdad en las sociedades modernas, sin tener que suponer que una adición simple de esas u otras variables bastaría para determinar la clase social.Por su parte, para la teoría funcionalista también su posición ocupacional constituía el mejor indicador de su posición en el sistema de estratificación y de ella derivaban las diferencias en términos de recompensas, toda vez que estas últimas son sólo la expresión de las diferencias en términos de la im-portancia funcional de aquellas posiciones que es posible identificar en la estructura ocupacional (Davis y Moore, 1945)Se podría decir que, en general, estos distintos criterios para la determi-nación de la posición de clase correspondían principalmente a criterios de orden objetivo y material. Pero también fueron considerados otro tipo de criterios en la determinación de la posición de los individuos en el sistema de estratificación que surgió a partir de los análisis de Max Weber (2002) sobre una forma de diferenciación social distinta a las clases: los grupos es-tamentales.En efecto, cabe recordar que para Weber el fenómeno de la desigualdad o la diferenciación social estaba fundamentalmente ligado al fenómeno de la distribución del poder en la sociedad. Por poder, Weber entiende la pro-babilidad de que en una relación social alguien pueda imponer su voluntad sobre el otro, pese a que éste último no quiera. Por cierto, sabemos que esa probabilidad puede descansar en algún principio de legitimidad que le otor-ga al poder el carácter de autoridad o de dominación legítima. Pues bien, las clases sociales son una manifestación de la desigual distribución del poder de disposición sobre bienes y servicios que deriva de la situación que se ocupe en el mercado. Pero junto con ellas existe una distribución desigual de una forma de poder social que Weber identificó con el prestigio y el honor social. Esta última fuente del poder no opera en el espacio económico por cuanto una característica de éste, particularmente del mercado, es que es refractario a toda consideración subjetiva. Como bien dice Weber, “cuando el merca-do se abandona a su propia legalidad, no repara más que en la cosa, no en la persona [...] es, en sus raíces, extraño a toda confraternización” (Weber, 2002:494). Por el contrario, el poder social que se expresa en prestigio y honor social opera no en el espacio económico, sino en el espacio social. Para el sociólogo de Heidelberg, en las sociedades modernas existiría una suerte de reminiscencia del honor estamental de la sociedad tradicional, esta vez expresado en el prestigio asociado a determinadas formas de consumo que configuran un estilo de vida característico de algunas comunidades que él denomina como grupos estamentales y que la sociología norteamericana tradujo como grupos de estatus. Lo que describe Weber aquí es el fenómeno de transformación de los objetos de consumo en símbolos asociados a una  133 posición social que connota un determinado grado de prestigio social. Se tra-ta de una forma de diferenciación distinta a las clases, pues para Weber estas últimas constituyen una forma de acción típicamente social, vale decir, fun-dada en una constelación de intereses y orientada conforme a principios de racionalidad formal. En cambio, los grupos de estatus o grupos estamentales constituyen una forma de acción comunitaria, esto es, fundada no en una constelación de intereses, sino más bien en determinados principios valorati-vos y un sentido de pertenencia por parte de sus miembros, lo que le otorga un carácter menos impersonal que las clases. En términos de la sociología contemporánea, diríamos que las clases constituyen más bien categorías y los grupos estamentales son precisamente eso, grupos. Lo fundamental para una discusión sobre la manera de entender y aproximarse empíricamente a los fenómenos de la diferenciación social es que el análisis weberiano sobre los grupos estamentales o grupos de estatus plantea la importancia que adquiere la dimensión simbólica en esta clase de fenómenos. Como dije, los grupos estamentales se definen por un estilo de vida común a partir del consumo. En este caso, Weber no está pensando en el acto de consumir como parte del circuito económico general, sino más bien se trata de una forma de consumo que transforma en cierto modo los objetos (bienes o servicios) en un sím-bolo de prestigio o de honor. De este modo, no por el hecho de consumir los individuos necesariamente constituyen grupos estamentales, sino que eso ocurre cuando ese consumo adquiere una dimensión distinta a la económica; cuando en cierto modo el consumo se disocia de la satisfacción de necesida-des propiamente tal y se asocia al deseo (Campbell, 1998). 2. EL VALOR SIGNO Y LA LÓGICA DE LA DIFERENCIACIÓN Esta idea fue retomada por el sociólogo francés Jean Baudrillard, quien desde una perspectiva que combinaba el estructuralismo con una radicaliza-ción de la crítica marxista a la economía política, sostuvo que así como en las sociedades arcaicas existían objetos que, bajo la forma de dones, circulaban en el seno de las sociedades desprovistos de su utilidad económica o técnica; también en las sociedades contemporáneas existen prácticas sociales relativas a objetos que son desprovistos de su condición de objetos útiles o de objetos económicos y que determinan un tipo de relación del sujeto con ellos, que identificó con el consumo (Baudrillard, 2004). En otros términos, para el sociólogo francés la crítica a la economía política mostró bien cómo los ob- jetos poseían una dimensión cualitativa y cuantitativa que se expresaba, en términos de valor, en el valor de uso y el valor de cambio. Esto es, objetos que satisfacen necesidades, y de ahí su utilidad; y objetos que pueden ser intercambiados por otros en términos de mercancías, en tanto encierran un valor económico. Inspirado en los principios del análisis estructural, creía ver en ambas formas del valor la relación entre significado y significante carac-
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