Adolfo Zorzano Corbella (Linares, )

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Adolfo Zorzano Corbella (Linares, ) La voz poética de Adolfo Zorzano fue una de las voces poéticas linarenses más sólidas de la segunda mitad del siglo XX. Su actividad creativa y su compromiso
Adolfo Zorzano Corbella (Linares, ) La voz poética de Adolfo Zorzano fue una de las voces poéticas linarenses más sólidas de la segunda mitad del siglo XX. Su actividad creativa y su compromiso personal con la cultura también las desarrolló en otras artes tales como la fotografía artística, el dibujo y la pintura, a cuya didáctica responden los libros Esquicios (1991) y Regocijos (1992), encauzados dentro de las líneas vanguardistas de la década de los años 80. Cofundador y principal artífice del grupo poético Himilce que existió en Linares entre , Zorzano fue a su vez director de la revista literaria del mismo nombre. Autor de numerosos libros de poemas, a su primera etapa creativa responde los poemarios Sentido con tu mano (1967), Como las llamas (1969), Arde el alma (1971), Oración e historia a tres voces (Ediciones Rondas, 1977), Casi íntimo (1979), Ella (1980) y Ella-II (la hembra infinita) (1985). En esta etapa también debemos incluir el libro en prosa poética Para una teoría del amor (1977), premio de ensayo del Círculo de poetas y escritores iberoamericanos de Nueva York. Entre editó una serie numerosa de cuadernos poéticos, de escasa difusión, entre ellos: Sonetos de la pequeñez, Desde detrás del tiempo, Este es el hombre, Posible el vuelo, Versos de invierno, Cultos inútiles, Palabras a bajo precio, Rituales, El hombre que está detrás de la ilusión, Doce poemas rigurosos, Elegías del viejo y nuevo amor De todos estos destaca Adolfo, de un desgarrador e íntimo dramatismo tras la muerte de uno de sus hijos. El 29 de noviembre del 2001 el IES Huarte de San Juan homenajeó a Adolfo Zorzano con la escenificación de un recital poético titulado Arde el alma y su nombramiento como profesor Honorario. El Centro de Estudios Linarenses, algunos años más tarde, consciente de la significación poética de Adolfo Zorzano en la historia literaria local y en el intento de dar a conocer su obra, y con ello rescatarlo del olvido en el que ha permanecido durante estos últimos años, le dedicó el 9 de marzo de 2011 (dentro de las I Jornadas Culturales Linares, ciudad y cultura ) un recital poético-visual-musical con una selección antológica de sus poemas y algunas de las ilustraciones de su autoría que acompañan a los poemas de sus libros. En este número de la revista de Artes y Letras En torno a Linares, volvemos a insistir sobre el reconocimiento de su valía literaria, dedicándole in memoriam la sección Homenaje con una selección poética e ilustrativa de sus obras y un estudio de aproximación escrito por el también poeta, coetáneo y compañero de viaje Domingo F. Faílde. Todo, en el objetivo de rescatar a Adolfo Zorzano de ese inmerecido olvido. Aproximación a la obra de un gran olvidado: Adolfo Zorzano Domingo F. Faílde 1. INTRODUCCIÓN Las razones de un olvido En el Evangelio de San Mateo (13, 53-58) hallaremos un texto que, al margen de cualquier interpretación religiosa, nos brinda una excelente apoyatura a la hora de buscar explicación al olvido de quien, sin duda alguna, animó el aburrido panorama poético de aquel pueblo mediocre y bien pensante que era el Linares de los 60. Conviene, pues, de entrada, refrescar la memoria: Cuando concluyó Jesús estas parábolas, partió de allí. Y vino a su patria y les enseñaba en sus sinagogas, maravillándolos hasta tal punto que decían: De dónde le viene a éste tal sabiduría, y tan grande poder de milagros? No es éste el hijo del carpintero? No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas no viven todas entre nosotros? De dónde, pues, le viene todo esto? Y se escandalizaban de él. Jesús les dijo: Sólo en su tierra y en su familia carece de prestigio un profeta. Y no pudo hacer entre ellos muchos milagros, a causa de su incredulidad. El gran yerro de Adolfo Zorzano, linarense de 1939, fue nacer en Linares, en el seno de una familia linarense, residir en Linares a lo largo de toda su vida, ganarse el pan nuestro de cada día codo a codo con sus paisanos, y cometer el crimen de intentar ser el mismo: llamarse Adolfo, escribir poemas, embriagarse de amor hasta los tuétanos y beber el dulcísimo vino de la amistad hasta las últimas consecuencias. Fue, ante todo, poeta, y en poeta vivió, contra viento y marea, mezclando los negocios con las demandas de su vocación. Fue un pésimo empresario porque, sencillamente, otra empresa no tuvo que la poesía, y a ella inmoló su tiempo, su fortuna, su esfuerzo, todas sus pertenencias, ejerciendo un insólito mecenazgo que sólo sinsabores habría de reportarle. Quién es este Adolfo Zorzano? O, mejor, quién se ha creído que es? Cómo va de poeta por la vida aquel muchacho frágil y delgaducho, que asistía a las clases del Instituto; ése hombre que va a su trabajo, cada mañana, y luego acude al bar y se toma unas cañas con los amigos? Como hemos leído en el Evangelio, nadie es profeta en su tierra. Ni poeta, por descontado. Para colmo, no terminan aquí sus pecados. Fue un hombre independiente, libérrimo, rebelde a su manera, y jamás inclinó la cabeza ante nadie. No rindió pleitesía a los políticos ni al grupo de pequeños santones pueblerinos que, en la hornacina de su vanidad, pontificaban como prelados. Y esto -sépanlo bien- no se perdona. Aproximación a la obra de un gran olvidado: Adolfo Zorzano Mas, por si fuera poco, llevó Adolfo Zorzano su malditismo hasta el extremo de lo sacrílego, rehusando hacer antesala en el despacho de editor ninguno o plegarse a las directrices de la moda, las consignas de los comisarios de la cultura o las imposiciones de unos concursos, cuyos naipes, con harta frecuencia, suelen estar marcados. Y, como dijo bien Alfonso Sastre, en un lúcido ensayo titulado Revolución y crítica de la cultura, pobre del escritor que contraviene las leyes del mercado. Adolfo Zorzano, editor de su propia obra, infringió casi todas las reglas del juego, y el mercado acabó por ignorado, porque los mercaderes, desde Lara al librero de la esquina, no saben nada de literatura Vida y personalidad de un poeta contracorriente La vida, pues, de Adolfo Zorzano no abunda en atractivos que merezca la pena reseñar. Su nacimiento, cuando los coletazos de la contienda civil no habían cesado aún, lo marca como niño de posguerra que, en un ambiente de penuria generalizada, no halla mejor refugio que su propia interioridad y los escasos libros que la censura todopoderosa dejaba circular, siempre bajo sospecha. Tal vez por ello y porque su complexión no se ajustaba a los cánones del superhombre ario, desarrolla un carácter tímido y cierta propensión a la inseguridad que, al correr de los años, se instalará en su mente, planteándole dilemas y moviéndolo a cuestionar el mundo que lo rodea. Tras su paso por el único Instituto de la ciudad, emprende y abandona estudios superiores y se gana el sustento trabajando en el negocio de su familia. Vitalista convicto y confeso, fue un hombre apasionado, más allá de los límites del sentido común de la época. Su hedonismo, alimentado por la contravención de la moralidad vigente, se tradujo en comportamientos incomprensibles e incluso intolerables para una sociedad reaccionaria e hipócrita, que no permitía a nadie salirse del redil sin pagar ominosas alcabalas. Él, desde luego, las pagó con creces, mientras la incomprensión del entorno y, sobre todo, la soledad, acrecentaron su inclinación a tentar a la vida, que apuraba con exhuberancia casi barroca. El éxodo -defección, muchas vecesde sus amigos acendró su aislamiento y melancolía. En estas circunstancias, el trágico fallecimiento del mayor de sus hijos, lo sumió en un estado depresivo del que nunca ha podido ni querido recuperarse, minado por la enfermedad y una incurable desolación. La personalidad de Adolfo Zorzano se puede resumir en pocas palabras: un hombre profuso, en la más pura y completa acepción del término, capaz de entregarse a si mismo en prenda de amistad o de amor, sin pedir nada a cambio. Adoraba la ciencia y gustaba del cine y la literatura de anticipación, comprometiendo en aficiones tales sus portentosas dotes imaginativas, a bordo de las cuales sorteaba la ciénaga de un país y de un pueblo, a los que amaba, pero no les gustaban en absoluto. Por eso, su existencia estuvo presidida por ese afán de contravención, que trasladó a su poesía. Adolfo Zorzano, individualista en el fondo, supo ser solidario cuando le cupo. Mas siempre caminó contracorriente Tradición y vanguardia en la obra de un artista polifacético Su personalidad, demasiado compleja en un entorno presidido por la simplicidad, hallaría en la estética el cauce más idóneo para verter y resolver las contradicciones de su ánimo inquieto. El arte, para él, más allá de la pasión, constituía una forma obsesiva de estar en el mundo y de afrontar la vida con sus mas insondables problemas. Se le reprochó con frecuencia su dispersión, y en especial su escasa perseverancia. 8 Domingo F. Faílde Zorzano, sin embargo, más que un artista polifacético, según acostumbrara la prensa a calificarlo, fue un creador insaciable, que proyectaba en la materia, no importa cuál, su constante tormenta interior. Cultivó, en fin, el cine, la cerámica, la fotografía artística, la pintura, el relato y la poesía, mezclando los hallazgos vanguardistas con los mimbres más puros de la tradición. El resultado, en todas las facetas de su quehacer, fue siempre controvertido y aún peor entendido. Durante veinte años, fue la piedra de escándalo de la cultura linarense, cuya mezquina atmósfera envolvía una dura batalla generacional: en un bando, lo establecido, el epigonismo, con tintes levíticos, de una ciudad dormida en los laureles e incapaz de hacer frente a la realidad; en el otro, el ímpetu juvenil, a veces radical, de los que empezaban. En medio de los dos fuegos, hostiles uno y otro en más de una ocasión, Adolfo Zorzano, un autentico poeta-isla, era entonces un precursor Vocación de mecenazgo. Himilce Podría lo hasta aquí expuesto llevarnos al equívoco de atribuir a Adolfo Zorzano la imagen desvirtuada de un bohemio a la usanza modernista, modelo que no encaja en la realidad del poeta. Su actitud marginal, no obstante el ninguneo de sus coetáneos y el posterior olvido de su persona y obra, obedece ante todo a su rechazo de lo establecido, a pesar de lo cual nunca coqueteó con la política ni mostró inclinación a la algarada, pues era pacifista y se sentía más próximo al hippie que al guerrillero. La suya fue, sin duda, una bohemia elegante, y, sin connotaciones negativas, burguesa, según se avenía a su perfil ideológico, a mitad de camino entre el liberalismo romántico y una civilizada socialdemocracia. Su pasión por el arte, talante generoso y posición social acomodada, lo convierten en un mecenas vocacional. Linares, con su mala memoria acostumbrada, ha olvidado el esfuerzo de este hombre, promotor a su costa de empresas culturales, en un tiempo en que éstas carecían de soporte oficial, especialmente aquellas que chocaban con el sistema. El peculio de Adolfo Zorzano movió representaciones teatrales, exposiciones, conferencias, lecturas poéticas, y estuvo siempre allí donde hizo falta. Fue, adelantándose al momento, un verdadero animador cultural, que rompió la atonía dominante y quebranto la dinámica, elitista, antañona y cateta, de la oficialidad. Pero su contribución más importante a la cultura linarense, y la que obtuvo sin duda una mayor proyección, dentro y fuera de la ciudad, fue la revista Himilce. Comúnmente, se suele adjudicar a quien les habla esta iniciativa, que plasmó -y así 9 Aproximación a la obra de un gran olvidado: Adolfo Zorzano debe constar en adelante- un proyecto anhelado por ambos durante algunos años, fruto inspirado de una tarde de vino y rosas. Compartí con Adolfo la dirección de aquella publicación que, aspirante sin fortuna a una de las muchas subvenciones que iban siempre a parar a los mismos, apenas pudo remontar el vuelo. La prensa de la época dio cuenta de mis críticas al respecto, recogiendo mis denuncias del trato de favor dispensado a la revista jerezana Fin de Siglo, financiada por varias instituciones públicas que allegaban a su tesorería hasta doce millones de pesetas al año, a cambio de dos o tres números. A Himilce y otras muchas publicaciones todo se les negó. La provincia de Jaén vio caer, una tras otra, las que hicieron posible el sueño utópico de un despertar imposible. Una media docena de números pasearon el nombre de Linares por cenáculos literarios y demás mentideros de la especialidad, desempolvando el nombre de aquella distinguida dama castulonense que Aníbal empolvó. Conseguimos, al menos, ponerla de moda, a resultas de lo cual, he visto en mis regresos, al cabo de los años, alguna calle con su gracia, que otrosí ostenta el rótulo de un establecimiento comercial... Y la poesía, en sus páginas, aguardando la mano de nieve que quiera pasarlas, rescatándolas del olvido y tornándolas a la memoria colectiva de todo un pueblo. La política cultural de los años ochenta precisa con urgencia una profunda revisión histórica. 2.- LA SOLEDAD DE UN POETA Adolfo Zorzano en su entorno generacional No es fácil situar la poesía de Adolfo Zorzano en el contexto sociocultural de su tiempo. Su primera comparecencia ante los lectores tiene lugar en 1966, cuando cuenta el autor 27 años de edad. No es, me consta, un poeta tardío, pese a que ya por entonces la juventud extrema comenzaba a constituir un valor añadido en poesía; lo que ocurre, a él y a otros autores linarenses, es que, sencillamente, publicar en provincias resultaba ambición desmedida, descabellada, y prácticamente imposible. Sin embargo, este dato no es baladí, y explica desde otra óptica, la de la propia literatura, la soledad del autor. Piénsese que Zorzano pertenece cronológicamente a la que denominan generación del 60, un espacio poético que tiende a ser obviado en la actualidad, repartiendo a sus integrantes entre las inmediatamente anterior y posterior, según predomine en ellos el componente ético o el estético. En este caso, la balanza se inclina a favor del primero. Como en su día mostraron Fanny Rubio y José Luis Falcó, partiendo de las conocidas antologías de Ribes y Batlló (esta última precisamente de 1968), los poetas de aquella década nacen al amparo de los autores éticos. Félix Grande, Claudio Rodríguez, Carlos Sahagún, Francisco Brines, Ricardo Defarges, Antonio Martínez Sarrión, Rafael Guillen, Carlos Álvarez, entre otros, serían -con los márgenes admitidos al respecto- coetáneos suyos. Ellos, naturalmente, marcan la transición entre dos concepciones de la poesía. Zorzano va más lejos, pues se ve en la necesidad de romper con un pasado cuya nota de identidad era el inmovilismo Poética, obsesiones y estilo Los mencionados Fanny Rubio y Falcó, en el estudio preliminar de Poesía española contemporánea ( ), señalan bastantes rasgos que hacen acto de presencia en la poética de Zorzano. También él compagina la temática social, generalmente mode- 10 Domingo F. Faílde rada, aunque no falte algún testimonio virulento, con la preocupación por el hombre, bien en su insoslayable contorno histórico, como escribió José Olivio Jiménez, bien desde un ángulo existencial, que acaso sea el más fecundo en la trayectoria del linarense, cuyo estilo, por otra parte, denota la influencia de aquella poesía narrativa, que, según aseguraba José Luis Cano, seguía siendo la predominante hacia el final de la década, cuando se incorpora a la actividad literaria, pues no en vano es más joven que los poetas del grupo epónimo de esta nueva oleada. Quizá por ello, en Adolfo Zorzano podemos detectar otras características que lo apartan del marco descrito. Su ruptura con los modales clásicos es con harta frecuencia meramente tonal, aunque ello se traduzca en cierto tremendismo. Para él -y en más de una ocasión lo ha manifestado-, el lenguaje poético consiste tan sólo en un uso parcial del lenguaje ordinario, tendiendo, eso sí, a la eficacia expresiva de la singularidad del poeta. La estética -decía- abarca desde lo sublime hasta lo horroroso. Un espectro tan amplio le permite moverse con absoluta libertad dentro de una variada gama de temas y registros. Machado, Neruda, Hernández, Vallejo, Útero o Gil de Biedma, resuenan con frecuencia a lo largo de su obra, sobre todo en los primeros años, sin olvidar la impronta de Brecht y el influjo de la que ya se va perfilando como una nueva educación sentimental. Se siente, desde luego, fascinado por la incipiente cultura urbana que se va perfilando, poco a poco, aumentando el acervo de los tópicos literarios con nuevos mitos, nuevos objetos y, sobre todo, una nueva manera de ver la vida. Los poemas de Adolfo Zorzano incorporan a la herencia clásica la visión cotidiana de un país que comienza a asomarse a la modernidad. Hablan, entre otras cosas, de Prometeo -trasunto del propio poeta- y de Euridice, la amada imposible o inalcanzable, mas se refiere a ella como Woman in Love, evocando tal vez una película o una canción de moda. El verso se prolonga, casi prosificado, adquiriendo textura de salmo que nos hace evocar en ocasiones a aquel otro maldito que fuera León Felipe. A veces, una cita se cuela en el discurso, y con ella, en un simple paréntesis, se consigna la procedencia. No abunda, en cualquier caso, la intertextualidad, pero aparecen diversas formas de culturalismo, y, como en un relato (antes nos referimos a la poesía narrativa), el diálogo aparece, ya sea como exponente del desdoblamiento dialéctico del yo, como simple falacia retórica o a modo de recurso para integrar al tú en la escritura. Naturaleza y civilización conviven en total armonía. Se establece entre ambas una curiosa relación que hoy calificaríamos de interactiva. En la mente del poeta, el mundo se dibuja como un todo que no incluye fronteras entre sus elementos. Su interés por la ciencia-ficción comparece igualmente y aporta una curiosa imaginería. La presencia del cuerpo llena con su sensualidad muchas páginas. La carne se contempla, es verdad, pero ya nada tiene en común con el mármol: se toca, se acaricia, 11 Aproximación a la obra de un gran olvidado: Adolfo Zorzano se recorre, incluso con lascivia, sin desdeñar lo explícito. La poesía amorosa de Adolfo Zorzano posee un gran componente de provocación, una indudable voluntad de escándalo, cercana a movimientos de la época que oponían el sexo a la guerra. Nos hallamos entonces en los momentos de mayor plenitud. Lo onírico también ocupa un sitio, sin por ello emular al surrealismo. La vanguardia aparece en forma de materiales de acarreo, y contribuye a imprimir a sus obsesiones tensión, intensidad y, por supuesto, credibilidad. Qué obsesiona al poeta? Como Antonio Machado, extiende sus raíces hasta el fondo de aquellos viejos universales del sentimiento que constituyen el eje temático de la poesía de todos los tiempos: el amor, la muerte, el hombre, comparecen, omnipresentes, a lo largo de su dilatada trayectoria, y él se enfrenta a los mismos en angustiada lucha, sabiendo de antemano que tras la plenitud de la unión amorosa o desplegando sus élitros sobre la historia, siempre asoma su rostro la muerte. Es preciso apurar, en consecuencia, cuanto la vida ofrece: el aire, el mar, las flores, los hijos, el abrazo de la mujer, los halagos de los sentidos, el arte, la belleza, e incluso la experiencia del sufrimiento. Para Adolfo Zorzano, no admite el sentimiento medias tintas. Todo en él es pasión y en la lengua de ésta se expresa. En sus títulos más significativos, encontramos palabras como sentido, arde, alma, llamas, tiempo, oración, historia, ilusión, amor, que si bien es verdad pertenecen a campos semánticos distintos, comparten el calor, la percepción, lo efímero, lo indefinible, los sentimientos. Nos hallamos delante de una radiografía de su espíritu y descubrimos en su interior el templo de una extraña, personalísima religión, presidida por un cósmico panteísmo y oficiada por él, en calidad de pontífice máximo y devoto universal. Su aliado, el estilo, torrenc
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