Accionistas y Mánagers

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Accionistas y Mánagers
  Accionistas y mánagersprofesionales: ¿sigue siendocapitalista el capitalismo?* Miguel Beltrán Villalva Aunque conocidas, reguladas y utilizadas desde mucho antes, las Sociedades Anónimasse difunden y generalizan masivamente sobre todo desde principios del siglo XX ,constituyendo la forma que normalmente reviste toda empresa grande o mediana paralograr la concentración de capital que le permita abordar sus fines. Con ello se ha operadola práctica desaparición de la figura del propietario director de su propia empresa (yafuese el fundador de la misma o un heredero suyo), sustituido en su papel de propietariopor los numerosos accionistas de la compañía, y en el de director por expertosprofesionales o mánagers (término éste de uso tan generalizado que ha sido admitido porel  Diccionario de la Real Academia en su edición del año 2001).Este fenómeno ha sido interpretado en el sentido de que supone la separación de lapropiedad y el control de la empresa capitalista por antonomasia, la Sociedad Anónima:la propiedad de la empresa pertenece a los accionistas, en tanto que el control, esto es,la facultad de decidir, correspondería de hecho y en exclusiva a los directoresprofesionales que no son propietarios, a los mánagers . Las empresas medianas y grandesson prácticamente todas hoy en día Sociedades Anónimas, de suerte que al estar supropiedad dividida en acciones que en muchos casos se compran y se venden en la Bolsa,pertenecen a muchos propietarios (que podrán tener «paquetes» de acciones más o menosgrandes). La denominación de Sociedad  Anónima es, pues, muy expresiva: el propietariode la empresa es anónimo por ser múltiple, incluso masivo. Yes precisamente esamultiplicidad de propietarios la que permite que estas Compañías puedan reunir cifrasde capital que, en el caso de las mayores, no estarían al alcance ni siquiera de las familiasmás ricas. Pues bien, estos numerosos, dispersos y anónimos accionistas habrían sidoanulados o suplantados por los expertos contratados para desempeñar profesionalmentela dirección de la empresa, esto es, por los mánagers,que tendrían en sus manos todo * Una primera versión de estas páginas se publicó con el título de «La propiedad y el control de lasempresas» como capítulo del libro editado en 1987 por J.A. Garmendia, M. Navarro y F. Parra, Sociologíaindustrial y de la empresa (Aguilar, Madrid 1987). Como quiera que el tema sigue siendo de viva actualidad,lo he revisado y actualizado para su nueva publicación.  el poder de decisión (el control), pese a no ser los propietarios de la misma.Entre los temas que desde la década de 1930 aparecen una y otra vez en la literaturasociológica, económica y política, sin perder su condición polémica, se encuentra éste,el de la separación de la propiedad y el control en las empresas capitalistas, íntimamenteligado, a su vez, con otras varias cuestiones clásicas, como son la de las transformacionesdel capitalismo, la de la convergencia de éste y el socialismo en un modelo común desociedad industrial, la del llamado colectivismo burocrático, la de la progresivaburocratización del mundo, la de la tecnocracia, la de las relaciones entre poder políticoy poder económico, etcétera. El tema, pues, de la separación de la propiedad y el controlde las empresas ha producido directa o indirectamente una enorme bibliografía, que noes del caso intentar resumir aquí. Bastará, pues, con destacar algunas de las aportacionesmás significativas, tanto en el campo de quienes, aceptando la tesis de la separación dela propiedad y el control (y manteniendo con ello posiciones que pueden calificarse de«managerialistas»), concluyen que el capitalismo ha sufrido transformaciones radicales,e incluso que ha dejado de existir, como en el campo contrario de los que no aceptandicha separación o tales conclusiones. I.POSICIONES MANAGERIALISTAS Se intentan recoger aquí, bajo la denominación de «managerialistas», las teorías másnotorias de entre las que afirman que se ha producido la separación de la propiedad yel control en las grandes empresas que revisten la forma de Sociedades Anónimas. Loimportante de dichas teorías no radica en el reconocimiento de tal separación, y ni siquieraen el corolario de la aparición de un nuevo grupo social con gran capacidad de decisiónen la vida económica (los directores profesionales o mánagers ) , sino en las consecuenciasque atribuyen a todo ello para el modo de producción capitalista: en general todos los«managerialistas» creen que el capitalismo clásico, orientado por el ánimo de lucro, yano existe. Para Berle y Means, la rapacidad del beneficio ha sido sustituida por unaactitud benevolente, orientada al servicio de la comunidad. Para Burnham, por elcontrario, ha aparecido una nueva oligarquía de directores profesionales que haexpropiado a los propietarios del capital,poniendo así fin al capitalismo privado. ParaDahrendof, el capitalismo ha desaparecido al desaparecer de hecho la propiedad privadade los medios de producción, por lo que hay que buscar en otra parte (en la desigualdistribución del poder) la razón de ser de las clases sociales y de su conflicto, quesubsisten. Para Galbraith, por último, al liberarse los mánagersdel control de losaccionistas, y al conseguir las grandes Compañías eludir las restricciones del mercado,lo que surge es una superracional sociedad industrial, más allá de las nocionesconvencionales de capitalismo y socialismo. Todas las teorías aquí mencionadas vienen,pues, a concluir que el capitalismo ya no existe. 1.La salvación del capitalismo 8MIGUELBELTRÁN VILLALVA  Fueron dos autores norteamericanos, Adolf A. Berle y Gardiner C. Means, quienes enun famoso libro publicado en 1932, The Modern Corporation and Private Property ,señalaron por primera vez que, a causa de la extraordinaria difusión experimentada porlas Sociedades Anónimas y del correlativo retroceso de otras formas jurídicas de laempresa, el poder económico, en términos de control sobre la capacidad instalada, está respondiendoaparentemente a una fuerza centrípeta, tendiendo a concentrarse más y más en unos pocos gruposde dirección de las Sociedades Anónimas. Al mismo tiempo, la propiedad de dichas Sociedadeses centrífuga, tendiendo a dividirse y subdividirse en unidades cada vez más pequeñas que pasanlibremente de mano en mano. En otras palabras, la propiedad se dispersa continuamente, y el poderinicialmente vinculado a ella se concentra de manera creciente; y el sistema, a causa de ello,deviene más sólidamente establecido 1 . Apoyaron los autores esta afirmación examinando la proporción de accionespertenecientes a un individuo o grupo aglutinado de individuos en las doscientas mayoresSociedades Anónimas norteamericanas, excluidas las estrictamente financieras; en talexamen encontraron que en el 44 por 100 de dichas Sociedades, que suponían el 58 por100 de la riqueza total del conjunto de las mismas, no había nadie que llegara a serpropietario de ni siquiera un 5 por 100 de las acciones, por lo que calificaron a talesSociedades de «compañías controladas por sus mánagers».La conclusión de los autoresfue que «la concentración del poder económico separado de la propiedad ha creado dehecho verdaderos imperios económicos, y los ha entregado en manos de una nueva formade absolutismo, relegando a los propietarios de las acciones a la posición de suministra-dores de los medios que los nuevos príncipes necesitan para ejercer su poder» 2 . De dondededucen que la propiedad privada, tal como fundamenta el sistema capitalista, estáperdiendo rápidamente sus características srcinales, hasta el punto de que sería ya dudosoque los beneficios generados por las Sociedades Anónimas controladas por sus mánagerspuedan ser considerados como propiedad privada 3 . Consecuentemente estiman concebible«que el control de estas grandes Compañías se convierta en una tecnocracia puramenteneutral, que evalúe las demandas procedentes de los distintos grupos sociales y asignea cada uno una porción de la renta obtenida, utilizando para ello criterios de políticapública más que de interés privado» 4 .En resumidas cuentas, Berle y Means contemplan con esperanza un futuro en el queun poder desinteresado arbitrará los intereses sociales en conflicto. Berle llegó a sugeriren obras posteriores que los mánagersdesplazarían su lealtad de los accionistas a lacomunidad, lo que le llevó a utilizar expresiones tales como «capitalismo popular»,«colectivismo», «conciencia empresarial», «responsabilidad social» o «consenso ACCIONISTAS YMÁNAGERS PROFESIONALES...9 1 Vid. Adolf A. Berle y Gardiner C. Means, The Modern Corporation and Private Property , Harcourt,Brace & World, Nueva York 1968, págs. 9 y 10 (e.o. de 1932). 2 Cf. op. cit., pág. 116. 3 Op. cit., pág. 219.  público», afirmando en su libro  La revolución capitalista del siglo  XX  5 que el control delas Sociedades Anónimas y la orientación de su actividad no corresponde a los accionistas,sino a los mánagers,quienes no tienen por qué seguir las instrucciones de los primeros.Berle terminaba así admitiendo la posición prescriptiva de Merrick Dodd, su adversarioen un extenso debate llevado a cabo en la  Harvard Law Review y en la University of Chicago Law Review , quien se había adelantado a extraer muchas de las consecuenciasde que era susceptible la tesis de la separación dé la propiedad y el control, tal comohabía sido presentada por Berle y Means. Como se ve claramente, la conclusión acercade la aparición de un capitalismo benevolente en interés de la comunidad y no del ánimode lucro de los propietarios implica nada menos que la afirmación de que el capitalis-mo se ha salvado de los viejos pecados de su condición rapaz y explotadora graciasprecisamente a los mánagers,convertidos en los «nuevos príncipes» del sistema por laeliminación de los accionistas derivada de la separación de la propiedad y el control enlas grandes empresas, que revisten todas la forma de Sociedad Anónima.No es cosa de reproducir aquí las criticas de que han sido objeto los trabajos deBerle y Means: bastará con indicar, objeciones metodológicas aparte, que la propia figurade los mánagersaparece identificada en sus escritos más bien con los miembros delConsejo de Administración que con los directores profesionales propiamente dichos,creando así una ambigüedad que se prolonga hasta hoy, pues si bien muchos análisis delpoder económico se llevan a cabo examinando los componentes de los Consejos deAdministración (como es el caso, para España, de los trabajos de Fermín de la Sierra,Ramón Tamames y Juan Muñoz), en otros estudios se subraya precisamente laeliminación de los Consejeros junto con los accionistas a manos de los mánagerspropiamente dichos, los altos empleados con tareas de dirección (esta es, por ejemplo,la posición de Galbraith al respecto).De otro lado, se critica el fuerte componente normativo de las posiciones mantenidaspor ambos autores, particularmente en los últimos escritos de Berle, en el sentido deconstituir una ideología legitimadora del sistema económico capitalista y del papel en élde las grandes empresas y de quienes las dirigen, hasta el punto de aplaudir el poder deuna élite que se presume neutral y desinteresada, entendiendo por tal, naturalmente, alos mánagers.Todo ello recuerda inevitablemente a Comte, a un Comte saintsimoniano,tecnocrático, indiferente al hecho de que la propiedad fuese pública o privada, perosensible a su necesaria concentración y convencido de su orientación al bien público.Para Berle, el sistema económico capitalista habría terminado por llegar a una fasede desarrollo y concentración que implicaría una profunda modificación de su naturaleza,perdiendo los rasgos negativos inherentes al ánimo de lucro de la empresa privada, yadquiriendo en cambio los salvíficos del gobierno de los sabios. Conclusión, se diría,tanto más sólidamente fundada cuanto que, repitiendo Robert Larner en 1963 el análisishecho por Berle y Means treinta años antes sobre las doscientas mayores empresasamericanas no financieras, todas ellas Sociedades Anónimas, encontró que el porcentaje 10MIGUELBELTRÁN VILLALVA 4 Op. cit., págs. 312-313. 5 Vergara, Barcelona 1958.
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