Accesibilidad: los límites de la palabra escrita

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Ponencia presentada en el Encuentro de Carreras de Comunicación Social, 2009. Argentina
   1 ACCESIBILIDAD. LOS LÍMITES DE LA PALABRA ESCRITA RIGOTTI, SEBASTIÁN, SCHAUFLER, MARÍA LAURA seba_r9@yahoo.com.ar ; mlaura31@gmail.com  Facultad de Ciencias de la Educación, Paraná  –   Universidad Nacional de Entre Ríos Cátedra: Investigación en Comunicación  –   Licenciatura en Comunicación Social “¡En primer lugar, un impulso nervioso  extrapolado en una imagen! Primera metáfora. ¡La imagen transformada de nuevo en un sonido ! Segunda metáfora. Y, en cada caso, un salto total desde una esfera a otra completamente distinta. Se podría pensar en un hombre que fuese completamente sordo y jamás hubiera tenido ninguna sensación sonora  ni musical ; del mismo modo que un hombre de estas características se queda atónito ante las figuras acústicas  de Chladni en la arena , descubre su causa en las vibraciones de la cuerda y jurará entonces que, en adelante, no se puede ignorar lo que los hombres llaman “sonido”, así nos sucede a todos nosot ros con el lenguaje.”   Friedrich Nietzsche , Sobre Verdad y Mentira en Sentido Extramoral  . Pensar la construcción de conocimiento en la oralidad supone, en primer lugar, establecer un quiebre con la hegemonía de la palabra escrita como estructuradora de lo  pensante. Queremos hablar aquí de una forma del saber diferente de cualquier codificación escrita, que no se transmite por medio de libros sino a viva voz, con gestos, fundada en sutilezas que parecen no ser susceptibles de formalización y que muy a menudo ni siquiera pueden ser traducibles verbalmente. La restricción de las palabras al sonido determina no sólo los modos de expresión sino también los procesos de pensamiento. Se sabe que, a diferencia de la oralidad, la escritura promueve el distanciamiento, transforma las temporalidades de lectura y  permite la re-lectura. El sonido, en cambio, es evanescente. Sin la mediación de artefactos técnicos, no existe manera de detenerlo y contenerlo. Con la ausencia de escritura, al momento de conservar en el recuerdo una elaboración verbal, no existe ningún texto que facilite producir el mismo curso de pensamiento otra vez. La mayoría de las características del pensamiento y la expresión que funciona con pau-tas orales están íntimamente relacionadas con las virtudes del oído que unifica, centrali-za e interioriza los sonidos percibidos. Una organización verbal dominada por el sonido está en consonancia con tendencias acumulativas (armoniosas) antes que con inclina-   2 ciones analíticas y divisorias (las cuales llegarían con la palabra escrita, visualizada: la vista es un sentido que separa por partes). Para resolver eficazmente el problema de retener y recobrar el pensamiento cuidadosamente articulado, la oralidad se basa en pautas mnemotécnicas, ligadas a la repetición. L as fórmulas sirven de recurso mnemotécnico: “Cuanto más complicado sea el pensamiento modelado oralmente, más probable será que lo caractericen expresiones fijas empleadas hábilmente” (Ong, 1996: 41). Los dispositivos de acceso al conocimiento Desde el momento en que la cultura occidental decide transcribir los poemas homéricos, se empezó por considerar no pertinentes al texto todos los elementos vinculados con la oralidad y la gestualidad, relacionados a la espontaneidad del habla. 1  Las investigaciones que Walter Ong llevó a cabo sobre las condiciones de reproducción de los relatos homéricos, como la  Ilíada  y la Odisea , en circunstancias en las que la escritura no estaba presente, son pertinentes para volver a pensar el oír   en un espacio  público. Sostiene Ong que esos relatos monumentales se repetían oralmente, mediante el uso de mnemotécnicas, tales como la reiteración constante, la métrica, los epítetos, conformando así una estructura formularia del pensamiento . Existía una situación histórico-social que prescindía del soporte escrito para relatar y construir conocimiento, es decir, el sujeto de conocimiento estaba ligado a, y constituido por, la oralidad como  práctica del saber. En Grecia, la accesibilidad a la producción de conocimiento se relacionaba con una cuestión político-económica, es decir, por la posibilidad de ser un  polites , un ciudadano, un hombre libre. La construcción de conocimiento estaba situada en un diálogo , en un lógos  (argumento, razón) mediado por el habla. El oír   en la interacción es fácilmente rastreable, paradójicamente, a través de los textos escritos  por Platón. Los célebres  Diálogos  que Sócrates mantenía con diferentes ciudadanos en la Antigua Grecia, a partir de los cuales se construía conocimiento acerca de la ley (  Apología , Critón ), del alma (  Fedón ), de la belleza (  Fedro ), del buen gobierno (  Alcibíades ), del amor (  Banquete ), etc. En cada caso, los participantes del diálogo 1  Carlo Ginzburg, en  Mitos, emblemas, indicios , dice: “Hoy todo esto nos resulta obvio, pero de ninguna manera lo es. Piénsese solamente en la decisiva función que cumple la entonación en las literaturas orales o bien la caligrafía en la poesía china; ello nos permite percatarnos de que la noción de texto a que acabamos de aludir se vincula con una toma de posición cultural de incalculables consecuencias”. (Ginzburg, 1994, p. 148).   3 esgrimían sus pensamientos ante los otros, que los oían  atentamente, para luego re- pensar a partir de su respuesta. Con Platón, siguiendo los análisis de Ong, cuando se establece el dualismo entre los mundos de la  physis  y de la meta -  physis , podríamos decir que el ver   comienza a desplazar al oír  . En griego de la palabra ēidon , “yo ví”, se deriva la palabra idea , apariencia; y como sabemos, Platón sostiene que el mundo verdadero, epistémico, es el mundo de las ideas; y el meta-físico, el de la visión . El nudo gordiano del conocimiento y la vista se comienza a atar por aquél entonces. Walter Ong explica que el paso de una cultura oral primaria  -aquella que no tiene conocimiento alguno de la escritura- a una cultura de la escritura    –  que incluye a la imprenta y las tecnologías que en el siglo XX implican ya una “oralidad secundaria” - conlleva un cambio total de conciencia, es decir, se produce un acontecimiento que transforma totalmente los procesos comunicativos de constitución de los sujetos de conocimiento y, por ende, de las prácticas de saber, del conocimiento mismo, su validez y su reproducción. Es importante tener presente que Ong especifica que la humanidad solamente alcanza un potencial creador más elevado con la escritura; sin embargo, también sostiene que la escritura, al tiempo de su emergencia y consolidación, “intensificó la oralidad”, ya que,  por ejemplo, permitió reflexionar acerca del ars retorica , y construir un cuerpo explicativo del arte de la expresión oral  . Lo que ha sucedido es una operación ideológica, es decir  política , inconsciente, que obturó las preguntas por las culturas orales primarias, a menudo sin siquiera nombrarlas, otras veces, reinterpretándolas desde la escritura, sin comprender su significado específico. En la Antigüedad era natural leer en voz alta. Sólo en las fases tardías de nuestra cultura europea ha sido, en general, posible leer sin hablar. Con la invención de la imprenta, entendida como tecnología de la palabra, se consolidó aún más la relación de la palabra con la escritura. Es importante que la invención de la imprenta sea puesta en su situación histórica, es decir, en íntima relación con la Reforma Protestante, debido a su importancia en la relación saber-poder. Cuando Lutero tradujo La Biblia al alemán, además de unificar los dialectos e instituir el idioma, produjo un mecanismo revolucionario: la palabra escrita de Dios se tornó accesible para todos. El conocimiento y sus efectos se transforman. Ahora la palabra escrita llegaba a mayor cantidad de  personas.   4 Sin embargo, como la mayoría no sabía leer y escribir, el escuchar mantenía una determinada importancia: a través de la palabra del pastor en el templo también el hombre se relacionaba con Dios. Roland Barthes, en  Lo obvio y lo obtuso , explica que la Reforma luterana se llevó a cabo, en gran parte, en nombre de la escucha: “El templo  protestante es exclusivamente un lugar para escuchar, y la misma Contrarreforma, para no ser menos, situó el púlpito del orador en el centro de la iglesia (en los edificios  jesuitas) y convirtió a los fieles en `escuchadores´ (de un discurso que, por su parte, resucita a la antigua retórica en cuanto arte de `forzar´ la escucha)” (Barthes, 1986: 247). La Universidad, institución que apareció en Europa a fines del siglo XI, en Bolonia (1088) y en Oxford (1096), es la que, de todas las instituciones educativas, tiene mayor  prestigio y responsabilidad en la producción de conocimiento. La Universidad reúne no sólo el conocimiento humano sino también a sujetos que lo producen. Algunos siglos después, el proyecto de la Modernidad se sustentó en una re-lectura de la Antigüedad Griega, en el siglo de oro de Pericles, más precisamente, en la democracia ateniense. Hegel veía que, luego de la Revolución Francesa y con la Ilustración, aquella igualdad de algunos, habría de llegar a ser una igualdad de todos. La educación del  pueblo, a través de la enseñanza laica, era la posibilidad de “transformar” a todos los hombres en ciudadanos, es decir, ilustrados, que podían participar del espacio público y así conformar una opinión pública (o voluntad general) que dicte las leyes para que el Estado las cumpla. Destinada en la Baja Edad Media solamente para los oratores, la Reforma y la Imprenta,  primero, y la Revolución burguesa y luego su radicalización, la Revolución proletaria, democratizaron el acceso a la palabra escrita. Al mismo tiempo, la Universidad se constituyó como la República de las Letras. Así entendida, la Universidad es el lugar  público en el que se ilustra a los hombres, el lugar en el que se produce conocimiento, entre todos sus asociados, es decir, entre cualquiera que escriba y lea. Se vuelve universal…  La escritura se vinculó a la capacidad de distanciamiento y reflexión: dio una nueva estructura al pensamiento. Por otra parte, las prácticas sociales del mundo letrado implicaron la creación de un espacio autónomo para el debate de ideas y la legitimidad  para actuar en la esfera pública. Pero entonces, estas mismas prácticas definieron la exclusión de los no letrados. Semejante división supuso una exclusión política. Quienes
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