Acarin Tusell Nolasc El Cerebro Del Rey

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Nolasc Acarín Tusell EL CEREBRO DEL REY Vida, sexo, conducta, envejecimiento y muerte Con la colaboración de Laia Acarín Pérez-Simó Autores: Nolasc Acarín…
Nolasc Acarín Tusell EL CEREBRO DEL REY Vida, sexo, conducta, envejecimiento y muerte Con la colaboración de Laia Acarín Pérez-Simó Autores: Nolasc Acarín Tusell y Laia Acarín Pérez-Simó Ilustraciones: Joan Pucha 1 Composición: Víctor Igual, S.L. © del texto: Nolasc Acarín Tusell y Laia Acarín Pérez-Simó, 2001 © JOOI, RBA Libros S.A. Pérez Galdós, 36 - 08012 Barcelona Primera edición: octubre 2001 Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida por ningún medio sin permiso del editor. REF. NFI-18 ISBN: 84-7901-766-x DEPÓSITO LEGAL: B. 36.7O3-2OOI Impreso por Novagráfik (Barcelona) A Xavier y a Ausiás. A los estudiantes de la Universidad Pompeu Fabra. «Quien, como yo, crea que los órganos corpóreos y mentales (a excepción de aquellos que no constituyen ni ventaja ni desventaja para el poseedor) de todos los seres se han desarrollado por medio de la selección natural o supervivencia de los más aptos, así como con el uso o hábito, admitirá que estos órganos han sido concebidos con el fin de que sus poseedores puedan prevalecer en la competencia con otros seres, y de esta forma crecer en número. Ahora bien, un animal puede verse forzado a seguir esta línea de acción, que es la más beneficiosa para la especie, ya sea por medio de sufrimientos tales como el dolor, el hambre, la sed y el temor, o por medio del placer, como el comer y beber, la propagación de la especie, etcétera, o bien por la combinación de ambos medios, como en la búsqueda de alimento. Pero el dolor o el sufri- miento de cualquier clase, si se prolonga mucho tiempo, causa depresión y merma la capacidad de acción, aun cuando sea propicio para hacer que una criatura se proteja de cualquier peligro grande o repentino. Por otra parte, las sensaciones de placer pueden prolongarse mucho tiempo sin ningún efecto depresivo; por el contrario, estimulan todo el sistema para incrementar la ac- ción. Por eso ha sucedido que la mayoría de los seres sensibles se han desarrollado de esta manera, por selección natural, y que las sensaciones de placer les sirven de guía habitual. Podemos ver esto en el placer del ejercicio, incluso en ocasiones en que se trata de un gran esfuerzo corporal o intelectual, en el de nuestras comidas diarias, y especialmente en el derivado de la sociabilidad de nuestro amor familiar. Apenas me cabe duda de que la suma de tales placeres, que son habituales o que se repiten con frecuencia, proporciona a los seres más sensibles un predominio de felicidad sobre la desdicha, . aun cuando muchos de ellos sufran intensamente a veces. Tal sufrimiento es bastante compatible con la creencia en la selección natural, que no es perfecta en su acción, sino que tiende sólo a hacer a cada especie lo más apta posible para la lucha por la vida con otras especies, en circunstancias maravillosamente complejas y cambiantes.» CHARLES DARWIN Autobiografía, i876 ÍNDICE GENERAL INTRODUCCIÓN ..................................................................... II CAPÍTULO I. EL ORIGEN: DEL PLASMA A LOS ÁRBOLES Y A MOZART ............................................................ 15 Casualidades, 15. Del plasma a la vida y a la herencia, 20. De las algas a los simios, 27. ¿Cómo nos hicimos humanos?, 36. Un cerebro para la cultura y la técnica, 54. Caracteres humanos, 69. Bibliografía recomendada, 78. CAPÍTULO 2. SEXO Y SEXUALIDAD................................ 83 Sexo y género, 83. Femenino y masculino, 87. Diferenciación é identidad sexual, 97. Homosexualidad, 105. Deseo y emparejamiento, 112. Seducción, 121. Incesto y clonación, 125. Coito y orgasmo, 132. Despertar de la sexualidad y reproducción, 142. Madurez, sexualidad posgenésica, 153. Bi- . bliografía recomendada, 166. CAPÍTULO 3. EL ALMA, LA CONSCIENCIA Y LA MEMORIA 169 Preárribulo, 169. Emoción, caderas y crías desvalidas, 172. Tendencias básicas del humano, 181. El saber ocupa lugar, 183. Los sueños facilitan la memoria, 191. Memoria, 193. Los recuerdos no son objetivos, 203. Memoria protegida e inconsciente, 206. La consciencia, 207. Bibliografía recomendada, 218. CAPÍTULO 4. RAÍCES DE LA CONDUCTA ..................... 2.21 Móviles similares para todos, 221. Estructura cerebral y emoción, 227. Los impulsos de la motivación, 232. Algo sobre el placer, 241. Genes y experiencia, 247. Programa de vida, 252. Alteraciones del estado de ánimo, 255. Comunidad y moralidad, 260. Altruismo, moral y simpatía, 266. La selección de opciones y el afán de teorizar, 275. Bibliografía recomendada, 281. CAPÍTULO 5. ENVEJECIMIENTO ............................................ 283 Un carácter humano, 283. ¿Qué es envejecer?, 288. Edad y deterioro, 293. ¿Qué capacidades se pierden primero?, 298. Envejecimiento y memoria, 300. La demencia, 305. Demografía, 309. Causas de discapacitación, 313. El humor y el sueño en la ancianidad, 318. Factores de riesgo y consejos para la memoria, 322. Envejecimiento enfermizo, 326. Bibliografía recomendada, 331. CAPÍTULO 6. FRENTE A LA MUERTE .............................. 333 Los genes no mueren, 333. Cerebro grande y sentimiento de muerte, 335. Sin cerebro no hay vida humana, 340. Criterios para el diagnóstico de la muerte, 344. Coma y estado vegetativo, 345. El impacto emocional de la muerte cercana, 351. La información médica, 358. No sufrir, 363. El final, 370. Bibliografía recomendada, 374. CAPÍTULO 7. ESTRUCTURA Y ORGANIZACIÓN DEL SISTEMA NERVIOSO ...................................................................... 377 ¿Qué son las neuronas y cómo se comunican?, 377. Otros tipos de células del sistema nervioso, 382. ¿Cómo está organizado el sistema nervioso?, 383. El cerebro humano, 387. El córtex cerebral, 389. Córtex primario motor y sensorial, 391. ¿Qué es y dónde está situado el sistema límbico?, 395. Hipotálamo: el cerebro controla las hormonas, 396. El córtex prefrontal y las áreas de asociación: razonamiento, memoria e inteligencia humana, 397. El córtex visual nos permite ver formas tridimensionales y colores, 401. Bibliografía recomendada, 403. EPÍLOGO.................................................................................... 405 AGRADECIMIENTOS ..............................................................................4II INTRODUCCIÓN ¿Por qué el título? Hay acuerdo entre los expertos, tengan o no creencias religiosas, en considerar la Biblia el libro más vendido, quizá también el más leído, de la historia de la humanidad. Los cinco primeros libros de la Biblia, en la tradición judía, compo- nen la Tora y recogen pensamientos, creencias y leyendas que ya existían en la tradición oral antes de ser escritas; podría decirse que es el legado literario más amplio entre los antiguos. Surgió en Oriente Próximo a partir de una cultura agraria primitiva y con el tiempo se convirtió en uno de los pilares de la civilización occidental. En el primer libro de la Biblia, Génesis (1,26), se dice: «Ydijo Dios: hagamos el hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza. Él reinará sobre los peces del mar, las aves del cielo, y sobre los animales, y sobre toda la Tierra y sobre todos los repti- les que reptan sobre la Tierra».* Así el hombre, aunque yo prefiero decir el humano, que incluye a hombre y mujer, surgió para reinar, es el rey de la creación. En realidad, las cosas fueron menos mágicas y bastante más complejas. La historia de la formación de la humanidad es una historia azarosa, llena de casualidades. Somos fruto de la evolución genética, de muy variadas formas de adaptación al medio a lo largo de millones de años, y de la aparición de un cerebro grande que nos permite acumular experiencia, elaborarla y programar la conducta. En este libro se intenta dar respuesta a la pregunta: ¿por qué nos comportamos como lo hacemos?, explicando cómo los humanos hemos conseguido tener un cerebro con tantas posibilidades, tan versátil, cómo influye en nuestro comportamiento la herencia de múltiples formas de vida animal anterior a la nuestra y de qué forma reaccionamos frente al estímulo de la naturaleza o de otro humano. Todo ello con un cerebro de kilo y medio de peso que, como se verá, sirve para andar, pensar, amar, odiar, hacer la digestión, controlar el ritmo del corazón, ser fe- liz o estar triste. Es un libro de divulgación, no es un texto técnico. He intentado una exposición sin tecnicismos, al alcance de cualquier persona sin formación en biología o en psicología que esté interesada en conocer los orígenes y los móviles de la conducta humana, sea estudiante de bachillerato, empleado o universitario. El libro nació como consecuencia de estímulos diversos. Tras más de treinta y cinco años de ejercer como médico neurólogo he tenido la posibilidad de atender a personas sanas, personas enfermas y otras que creían estarlo. He observado la con- tribución del cerebro a la salud y a la conducta, cómo cambian nuestros intereses y la forma de relacionarnos con los demás al transcurrir la vida. Cómo el niño aprende a vivir mediante el aprendizaje que acumula conocimiento en su cerebro, y cómo al envejecer el cerebro se producen modificaciones de la conducta para adaptarnos a la nueva situación. En 1994 los doctores J. M. Martínez Lage y Gabriel Delgado de Pamplona me invitaron a participar en la Conferencia Cajal, sobre el cerebro y la conducta, lo que supuso un primer intento de razonar, sistematizar y documentar las ideas que habían ido surgiendo en años anteriores. En 1996, a sugerencia de la doctora Dolors Folch, me compliqué la vida de forma muy estimulante, impartiendo un curso sobre el cerebro y la conducta en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra, colaboración que prosigue, al parecer con cierto éxito para todos, experiencia que para mí ha sido muy fructífera. Éstos son los orígenes del presente libro. Se ha hecho una selección de capítulos que a mi parecer son los de interés más universal, redactados de forma que el libro pueda leerse de principio a fin, o saltando de un capítulo a otro, en el orden que el lector prefiera. El libro puede leerse sentado en casa, tumbado bajo un árbol o recostado en la playa. Al final de cada capítulo el lector encontrará una bibliografía recomendada, ordenada por orden alfabético de autores, con breves comentarios de cada libro a fin de ampliar el conocimiento en cada tema. Asimismo se hacen constar las referencias bibliográficas de las citas que se incluyen en el texto, por orden de aparición, cuando no se corresponden con los libros recomendados. Sólo me cabe desear que este libro sea útil para el lector, que le ayude a comprenderse un poco más a sí mismo y a los demás, y que adquiera mayor tolerancia. Si así es, me sentiré satisfecho. NOLASC ACARÍN TUSELL • La Tora, Ed. Martínez Roca, Barcelona, 1999 CAPÍTULO I EL ORIGEN: DEL PLASMA A LOS ÁRBOLES Y A MOZART A título provisional, considera con zoólogos y anatómicos que el hombre tiene más de mono que de ángel y que carece de títulos para envanecerse y engreírse. Se imponen, pues, la piedad y la tolerancia. SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL CASUALIDADES ¿Para qué sirve el cerebro?, la respuesta más exacta es decir que sirve para todo. Para amar, para odiar, para andar, para comer, para buscar pareja y procrear, cuidar a los hijos, aprender, memorizar, elaborar cultura, civilización, tener consciencia de lo que somos y del devenir, preguntarnos acerca del entorno y del universo. Para todo esto y mucho más sirve el cerebro. Sin cerebro no habría nada, sin cerebro no hay vida humana. Tenerlo es un privilegio que nos otorgó la evolución mediante la selección natural, aunque haya quien lo ignore o lo use poco. La complejidad del cerebro es lo que ha permitido a los humanos recorrer un largo camino (largo a escala de nuestra vida) en el que hemos podido sobrevivir, reproducirnos, aprender de la experiencia, elaborar pensamientos e ideas y generar cultura. Es una larga y bonita historia que empieza muy lejos, poco después de la formación de la Tierra y la aparición de las primeras formas de vida. Aunque más certeramente nuestra historia arranca hace unos 6o millones de años, cuando se extinguieron bruscamente los dinosaurios a partir de un invierno nuclear, producido probablemente por la colisión de un gran meteorito contra lo que hoy es la península del Yucatán. La tierra quedó arrasada, pero sobrevivieron algunas especies animales, entre ellas una pequeña musaraña, un mamífero insectívoro, que posteriormente tuvo una línea evolutiva que condujo a los primates y, más tarde, hace unos pocos millones de años, de entre los primates surgieron diversas especies antropoides de las que procedemos los humanos. El hecho de que el mamífero originario fuera insectívoro es relevante en tanto que explica la existencia de un sistema nervioso con cierto desarrollo, pues requiere mayor inteligencia cazar insectos móviles que comer hierba que no se mueve, como hacen las cabras. Ha sido una evolución larga y prolífica en líneas, muchas de las cuales se truncaron con el tiempo. Fue así como aparecimos nosotros, individuos de andar erguido, con un grasiento cerebro de más de un kilogramo de peso, formado por intrincadas redes que saben transformar las percepciones en estímulos químicos y señales eléctricas, y éstos en recuerdos e ideas, gracias también a saber transmutar en energía el oxígeno y el azúcar. Así de sencillo, así de complejo y así de largo en el tiempo. Si el meteorito no se hubiese estrellado, si continuaran existiendo los dinosaurios y sus descendientes, si los mamíferos hubiesen quedado reducidos a su precaria vida de roedores o de comedores nocturnos de insectos, si... Pero ésta sería otra historia, más ficticia que real, y en este libro se intenta exponer lo que sabemos sobre el cerebro y la conducta de los humanos, frutos de una larga evolución, la historia natural de la vida. Historia que está por ver cómo acabará. El físico Hawkins, en una interesante serie televisiva confirmaba que el universo seguía en evolución, siendo previsible su fusión y extinción total para dentro de algunos miles de millones de años, si bien, añadía, mejor no divulgarlo pues podría provocar el pánico en la Bolsa. Lo cierto es que el meteorito que colisionó con la Tierra hace 6o millones de años pudiera haber sido más grande, en lugar de unos diez kilómetros de diámetro pudo ser una masa como los Pirineos. La destrucción hubiera sido absoluta y total. Ahora usted no estaría leyendo este libro, ni existiría nada más que planetas llenos de piedras. Jostein Gaarder, en su libro Maya, inicia su «manifiesto» con esta reflexión: «Existe un mundo. En términos de probabilidad, esto es algo que roza el lí- mite de lo imposible. Habría sido mucho más fidedigno si casualmente no hubiera habido nada. En este caso nadie se habría puesto a preguntar por qué no había nada». Pero las cosas fueron como fueron y hoy estamos aquí con un cerebro complejo, que nos permite sobrevivir, pensar y escribir libros. El cerebro humano ha sido un buen instrumento para producir cultura y conocimiento a partir de la transmisión de experiencias mediante el aprendizaje y un buen uso de la imaginación. Lo cual nos ha llevado a generar una civilización peculiar, con grandes conquistas pero también con defectos, entre ellos el de considerar que el universo, el planeta y la vida tienen razón de ser a partir de nuestra existencia. De ahí las concepciones antropocentristas que tanto daño han hecho en la búsqueda de las leyes de la naturaleza, en la investigación científica, en la convivencia entre los humanos y en la preservación de las otras especies y formas de vida que configuran nuestro entorno. Deberíamos controlar mejor nuestra tendencia a devastar el medio. Es interesante observar que las concepciones antropocéntricas aparecen ya en los mitos antiguos cuando interpretan el origen de la vida y del mundo. Así se desarrollaron las religiones surgidas a partir del neolítico y la cultura agraria, como en el Génesis de la Biblia, citado en la presentación, donde se sitúa al hombre como eje y rey de la creación. En cambio, en las leyendas de las culturas paleolíticas, de recolectores-cazadores, se expresa una actitud mucho más respetuosa hacia la naturaleza. En el siglo xix, el jefe indio Seattle explicaba: «La Tierra no la hemos heredado de nuestros padres, tan sólo nos la han prestado nuestros hijos y debemos devolvérsela mejor. ¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales desaparecieran el hombre también moriría por la gran soledad de su espíritu. Aquello que sucede a los animales, luego sucede a los hombres. Aquello que sucede a la Tierra, también sucede a los hijos de la Tierra». Las concepciones mágicas acerca de la naturaleza están influidas por el tipo de vida, de economía, de los pueblos que las desarrollan. Las relaciones de dependencia entre los humanos y la naturaleza determinan las actitudes filosóficas de los individuos respecto al universo. Si un cazador-recolector agota las reservas naturales se queda sin alimentos, mientras que para un campesino la deforestación y roturación de nuevos campos puede proporcionarle mayores recursos, que además debe defender de los animales silvestres, por lo que lucha contra los que no puede domesticar en su provecho. Las tribus nómadas debían ser cuidadosas para no agotar los recursos de su entorno, mientras que los primeros campesinos de Oriente Próximo entendían que la naturaleza estaba a su servicio, era su razón de existir, podían transformarla y explotarla a su antojo. Esta comprensión antropocéntrica conduce también a la creencia de que toda la historia natural, desde la formación del universo hasta la hormiga más insignificante, tiene como razón de ser al humano. Todo ha sucedido con el objetivo de llegar a nuestra existencia. Cabe añadir que son concepciones que encajaron bien con la mentalidad humana, antes del desarrollo científico, pues se adaptan al convencimiento de que lo que nos sucede a cada uno de nosotros es lo más importante que puede acontecer en el universo, y que todo tiene un sentido, una finalidad, en relación con nosotros. Debo pues dejar claro desde el inicio de este libro que los humanos somos tan sólo un accidente, surgido al azar, en la historia natural. Quizá un par de citas, muy distantes en el tiempo, ayuden a fijar nuestra pequeñez en el universo. El científico británico R. Dawkins afirmaba hace poco: «La vida no obedece a ningún diseño previo u organización, ni por supuesto a propósito alguno». Dos mil años antes se atribuye al emperador Julio César lo siguiente: «La vida no tiene ningún significado, a excepción del que nosotros podamos otorgarle». La evolución de la vida es una historia basada en el azar, la casualidad, los cambios del entorno y el tiempo. Historia que empezamos a conocer con certeza científica desde hace menos de doscientos años, pero que ya en la antigüedad fue intuida genialmente por algún pensador sabio y humilde, como demuestra el texto sobre el origen de la vida, escrito por Demócrito de Abdera en el siglo v antes de Cristo: «La tierra al principio, gracias al ardor procedente del sol que la iluminaba, adquirió consistencia. Luego, cuando su superficie comenzó a fermentar a consecuencia del calor, en muchos lugares algunas de las partes líquidas comenzaron a inflarse y en su derredor se formaron putrefacciones circundadas por finas membranas; aun hoy podemos ver que ocurre este mismo fenómeno en los pantanos y en las regiones cenagosas: cuando la zona se ha enfriado, el aire se vuelve tórrido de golpe, en lugar de cambiar poco a poco de temperatura. Las partes húmedas generaban seres vivos, tal como se dijo, a causa del calor; durante la noche, ellos recibían alimento directamente de la bruma proveniente de la atmósfera circundante, mientras que de día se iban solidificando por la acción del calor. Finalmente, cuando los gérmenes hubieron alcanzado su pleno desarrollo y las membranas resecadas comenzaron a resquebrajarse, dieron lugar al nacimiento de variadas especies de se
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