A quien leyere

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Relato de Antonio Ros de Olano, un casi olvidado, pero muy original, escritor del romanticismo español.
  Á QU N L Y R Hace veintitres años que tengo la misma cas.i, y durante tan largo inquilinato apenashe habitado la parle principal.Al principio el ruido de los carruajeshizo que me retrajera al interior; y después, y ahora y para siempre, recuerdos movidos por objetos materia les que allí están colgados, y sobre todo, sombrasqueanimadas al calor de mi alma por aquellos ámbitos históricos y huecosdesocupadosasoman, me asaltan, me hablan y me hieren dolorosisimamente, me han ahuyentado, y vivo en un cuarto estrecho que da vista á un jardin y al melancólico tejado dela iglesia parroquial. El jardin estáinculto, apenas nadie le frecuenta, padecen sed sus plantas en eslío, y hácia el crepúsculo de la tarde,sólo alguna paloma per dida suele posarse en las mohosas tejas del templo, cuyos anchos lienzos y elevada cúpula limitan demasiado el horizonte; peroen cambio á mi breve estancia no alcanza el eco bullicioso de las calles y entra el sol desde que nace. Una hija mia, movida de su cariño, cuüto mi vivienda para que no pa rezca tan humilde, y cuando menos pienso, me encuentro que mandó bru* ñir los muebles y que colocó un grande espejo, en que no m miro, s¡bien me gozo en verle. De los veintitres años, los primeros diez ó doce, el tañido de las cam panas llegaba á mis oidos desde racional distancia. Llamaban éstas á la oracion desde la alta torre, y así se dirigíaná todos los fieles con igualdad cristiana. Sucedió más tarde, que un piadoso sacerdote de mi parroquia adoleciera de muerte y legó en testamento cierta suma, con el preciso encargo detomo xxx. 5  82 X QUIEN LEYERE. que con ella se construyera para su amada iglesia lina campana de marca- dasdimensiones. Murió el cura, se incautaron los testamentarios del dinero y sehizo la campana, que yoconozco ni más ni menos que si me la hubieran fundido en los sesos ymodelado en el cráneo. En verdad que es robusta, lisa, redonda, hermosa como la más esco gida barraganade las vedadas por el Concilio de Trenlo;perosobre todo es sonora á no poderseconfundir con otra. Cuentan, que e) párroco de la iglesia y su teniente, juntos ccn los cléri gos subalternos, con el impar sacristan y con todos los monaguillos, al verla recien fundida, y al contemplarla tan ancha y reposadasobre el suelo, exclamaron unánimes: — ¡Soberbia pieza » — añadió uno de ellos: — ¡Lástima queno pueda verla el cura muerto » Dicen que dijo otro: — Habremos de bautizarla con su nombre.» Aseguran, que se rieron muchos de la advertencia tardia, y que elsa cristan, numerando por lo recio una, dos, tres, se sacudia uno tras otro con la derecha nano los dedos de la zurda, como si fueran badajos, y que en todo lo demás callaba.   Afirman que contaba por los dedos, en efecto, ú dedo por campana, por serle conocido el caso canónicode estas neófitas, que no se bautizan hasta después que están colgadasen su supremo asiento lo de supre mo está apropiado, pero lo de asiento, en punto á campanas, vamal dicho. Las campanas no se sientan nunca. Nacen boca abajo, y asi conforme salen á la luzdel mundo, las cuelgan á sol y á sereno en lo más alto de la casa de Dios ycolgadas las bautizan y las dejan para siempre sin otra de fensa que la lengua, mas que se rajen á lamentos. Con esto sucede que, por ejemplo, la campana Tomasa se queja, y dicen los intérpretes que salu da al alba; que la campana Ruperta llora, y dicen que canta la or-acion del ángelus; que la campana Rufina rabia, y dicen que repica; y que todas á un tiempo, Marta, Ruperta, Rufina y sus compañeras mártires se quejan, lloran, rabian y se desgañifan ágrito pelado, miéntras siguen diciendo los intérpretes que tocan á gloria. El monaguillo se goza en desesperarlas; y sin embargo el sacristán las quiere bien, aunque no las socorra en sus tribulaciones. Relata refero. Seguía este sacristan de mi parroquia echando sus cuentas con los de dos; y al fin levantó el brazo desde el codo á la mano, apiñó los cinco y  k quien leyere. 83 dijo: «sepores, estees el campanario, estos son los espácios: dos campanas no se avienen junlas; y así, vean ustedes dondeponen la que sobra. De aquí provino la medida de colocar la campana, tocaya del testadorf fuera de torre;á unos cuarenta rretros de mis orejas. Si estoy en pié, se me ofrece á los ojos en línea levemente oblicua; y la veo al desnudo en sus menores detalles, montada al aire con gracia pla teresca. Nada le estorba, nada le rodea; no la ciñe nada bastante á sofocar la lolal trascendencia de sus sonoros ecos, que rompen libérrimos por la acústica bóveda del cielo ysiguen vibrantes agitando el éter, hasta estre llarse en la pared de enfrente, que es la mia. He dicho (y va de tres) mis orejas, mis ojos y mi pared, ni más ni me nos que si yo fuese un vecino sin vecinos, ó como si fuera yo el único ve cino de la campana de en frente, siendo que somos á lo ménos treinta,gente toda honradisima, cómoda, acomodada y sedentaria. Alguna vez me ha acudido voluntad de preguntar á mis vecinos si les pasa lo que á mí con nuestra comun campana; y ya que no lo he hecho por pereza, aquí lo voy á consignar. Sucédeme, que al principio me irritaba, que luego más tarde y un dia tras otro, me fué dejando sordo; y que ahora. le profeso un especial cariño. Por dos veces la autoridad ha borrado el nombre conque la ruda mano del pueblo habia confirmado mi calle; ese nombre era el mio ala bada sea la autoridad que no me ha quitado la campana. Ellaes la religiosa solitaria que me llama, la mística compañera que penetra mi espíritu y le guia; la amiga en la caridad que halaga mis dos únicas esperanzas que se cumplen dormir, y despertar Así, cuando al apagarse el resplandor de cada un dia abato la frente; y mi ser moral vá á perderse en el espacio sin términospor donde huyó la luz, allá hácia la vaga inmensidad que no presenta objetos; ella, mi religio sa solitaria, me llama á la vida mortal con su lento tañido; y yo traduzco esos ecos de misericordia que me dicen: «Te aguarda el sueño.» Ciérranse por grados los horizontes y la solitaria enmudece brindándome la quietud en el silencio. Descanso tarde y me despierto pronto; quedormir y despertar entiem po breve, son dos esperanzas cumplidas y condensadas por la fuerzas con trarias del cansancioy del pesar. Mas ella en tanto suspensa entre las som bras, espia los asomos de la aurora; y á la manera que la alondra de loa  84 Á QUIEN LEYERE. campos cerniéndose en el crepúsculo, despierta á los rústicos sencillos coil su salve de inmensa poesía ¡ella mi amiga en la caridad, acude á mi des velo y me advierte que ha comenzado el tímidoesplendor que anuncia el santo nacimiento del nuevo sol ¡Abrese el dia y se dilata el mundo.... Los términosson el objetivo del alma. Ante la vista, el espíritu sumer gidoresurge del caos de la concentracion y se difunde como si fuera des leido en la riente claridad queconduce la vida á lo exterior. ¡Santa luz ma tinal Dios es el Dios de todos y la manda en raudales á la tierra. No son todos los que se tienen por afortunados Jos primeros que la gozan en su cuna de amor universal; yacaso no la aman porque siempre durmieron olvidados. No amar lo más bello,seria desgracia de los muchos que se creen afor tunadosen sus deseos; pero el no amar lo desconocido es solamente la in sipidez quecon frecuencia losatedia. En las ciudades no vale fiar el término del sueño al canto de la alondra. Hay queencomendarse á la campana ó álos gorriones. Los gorriones urbanos despiertan después que yo; pero á punta de al borada y al son de mi campana, nos levantamos juntos. Estos animalejos, en quienes ha ido poniendo Dios algo tras algo de mona, un tanto más de rata y un mucho de pájaro, en cuanto asoman de su escondrijo, vuelany vienen á pararse á mi balcon. Puestos allí, es cudriñan con sus ojillos listos y recorren con carrerillas busconas; lo pri mero, curiosos y atentos al por si acaso, luego, ya confiados, pónense en busca del con qué, y así, entre mona y rata, entre miedoy hambre, cantan como casi pájaros chao-chao grí-gri, con notasdestacadas sin pizca de armonía. Sabido es que las especies se modifican por la higiene; y de aquí el que nadie sepa lo que seria el gorrion que, siendo anterior á las bohar dillas, era compañero de los trogloditas, más yo que me he encontrado á los gorriones tal y como son ahora , les doy de almorzar migas de pan con chocolate, y ellos ¡los inocentes paréctmeque me lo vanagradeciendo miéntras lo mascan de mollete y lo chupan de Caracas á las mil maravi llas..... Aunque luego advierto, que encuanto comen me abandonan á fuer de seres civilizados; y cátenme ustedes á solas conmigo mismo. Para no estarsólo no haymejor medioque cerrar los ojos y ponerse á pensar. En esta situacion los ojos miran hácia adentro, el hombre se regis tra yconoce que tiene todo un mundo en su interior. Yo de mi cuenta creo que el hombre es un titirimundi que se asoma á »
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